viernes, 29 de diciembre de 2017

Como diría Frankie... "it was a very good year": Mejores discos 2017.


Tarde, muy tarde, pero aquí estamos... en el inevitable resumen de este año que se acaba. Ha sido un año amable, no lo dudo. A pesar de algunas cosas que han pesado, no puedo quejarme. La actividad del blog ha sido absorbida casi por completo por el libro, que obviamente ha monopolizado durante bastantes meses mi cabeza y mi tiempo, con el momento cumbre de la presentación, uno de esos momentos grandes que te llevarás a la tumba, sin duda.

Más allá el momentazo sin duda fue el concierto que hace pocas semanas presenciamos en Madrid con los hermanos McDonalds, sencillamente inolvidable. Pocos conciertos este año, me temo. La Big Rabia me dejaron KO sin duda en el Monkey Weekend de este verano.

Por otra parte, en el tema audiovisual, el nivel de las series de Tv ha sido absolutamente demencial, no sé de dónde diablos sacamos el tiempo (y ojo con lo que se nos avecina este 2018): Feud, El cuento de la criada, Dark, Juego de tronos, Mindhunter, The Keepers,Trollhunters (maravillosa, sin duda), Black Mirror, Big Little Lies... no sé, como todo en este artículo, es un poco embarulado, seguramente se me olvidarán mil cosas, pero sin duda ha sido un año más que entretenido.

Y entretenido ha sido sin duda meterme en lo que ha sido la sorpresa del año, el inicio de ese caótico proyecto llamado Rock Bottom Magazine que sin saber qué será de él... por lo pronto ha hecho de mi vida un poco más caótica y divertida, que no es poco. 

En cualquier caso, gracias a todos por el cariño y el apoyo... feliz año a todos...


Mejores discos 2017.


1. "Inerte",  Atavismo.

2. "Half mile harvest", The Teskey Brothers. 

3. "Seven seasons", The Brass Buttoms. 

4. "In spades", The Afghan Whigs.

5. Sidelong”, Sarah Shook & The Disamers.

6. Acta Est Fabula”, Txtetxu Brainloster.

7. "Manic Revelations", Pokey LaFarge.

8. "Gargoyle", Mark Lanegan.

9. "Modern pressure", Daniel Romano.

10."El alma dormida", Jose Ignacio Lapido.


martes, 26 de diciembre de 2017

"Dark", el abismo del tiempo.




Una historia fascinante y absorbente sin duda. En una época en la que la televisión ha entrado en una vorágine imposible de seguir, las series americanas han copado las parrillas de las plataformas como HBO, Netflix… Y sin embargo en Europa nos hemos encontrado algunas auténticas joyas que se merecen algo más que una simple mención. Sucedió con la francesa “Les Revenants”, ahora con la española “La zona”… pero sobre todo con la alemana “Dark”. 

A esta producción alemana la han comparado torpemente con la célebre “Stranger Things”, con la que apenas tiene en común puntos superficiales. Al contrario de la serie estadounidense, un viaje entrañable a los 80’s, “Dark” es un recorrido perturbador y asfixiante por los sucesos acaecidos en un pequeño pueblo, Wisdem, en el que se ha producido la desaparición de unos niños. Con una ambientación muy gris (apenas con el contrapunto del impermeable amarillo de Jonas Kahnwald), con una lluvia casi continua, “Dark” se adentra en una espiral espacio-tiempo en el que los pliegues del tiempo se solapan uno sobre el otro llevándote de la mano en un viaje claustrofóbico del que no parece haber salida. Esto no es “Regreso al futuro”, no te espera Chuck Berry a la vuelta de la esquina con el Delorian y su condensador de fluzo a tope, aquí se juntan la maldad humana, su naturaleza mezquina, la angustia existencial, la soledad y la mentira innata en el ser humano que sobrevuelan sobre la fría y húmeda ciudad, convirtiendo de alguna forma a Wisdem como auténtico protagonista de la serie. Sin duda bebe de la excepcional fotografía de la antes mencionada “Les Revenants” y recuerda incluso a “Dentro del laberinto”, aquella intrigante serie británica de finales de los 80’s en las que unos jóvenes viajaban a través del tiempo por las cuevas en busca un nidus que nunca conseguían devolver a su dueño.

Una serie coral en la que todo encaja a la perfección: Enormes e intensas actuaciones, en las que la “expresividad” contenida de los actores alemanes te sobrecoge, en especial la de un intenso hasta la extenuación Oliver Masucci como Ulrich Nielsen, tan fuerte como excesivo, imposible no sentirte intimidado por su mirada y su presencia en pantalla. Sin olvidar sin duda al componente sonoro a través de los sonidos fantasmagóricos que te envuelven en cada escena, como los temas que incluyen la mayoría de los episodios en una especie de preludio del último tercio de los mismos, planos y secuencias hábilmente facturadas que añaden más intensidad si cabe a la historia. Una historia que no está hecha para cualquiera. Reconozco que adoro los guiones retorcidos y que en apariencia no tienen ningún sentido, que no por no esperarlos no caen en el efectismo barato, aquí hay de todo y como decía al comienzo, es una historia que se retuerce sobre sí misma en tantos pliegos que uno, como les sucede a sus protagonistas, nunca sabe no ya dónde está, sino cuándo. Realmente me trae sin cuidado si habrá más temporadas ni cómo “solventarán” las tramas… esto no es “Perdidos”, la historia por sí misma ya es fascinante y para mí, no tiene fin, ni principio, es absorbente por sí misma. Y como de la propia ciudad Wisdem se tratase, yo mismo he terminado la reseña tal y como la comencé… o quizá no, porque el tiempo no se acaba ni se inicia…simplemente existe.

martes, 19 de diciembre de 2017

Episodio VIII. Los últimos Jedi: Reseña.


OJO... SPOILERS A TUTIPLÉN!

Mis primeros recuerdos relacionados a Star Wars (que entonces se llamaba “La guerra de las Galaxias”) se remontan a casi cuarenta años atrás, desde que fui a ver el Episodio IV con mis padres al cine y luego disfruté los numerosos cómics de las películas que me compraba compulsivamente entre los Don Mickey y los Mortadelo (en una época sin soportes digitales, tener un cómic en el que se “reproducían” todas aquellas maravillosas escenas era lo máximo por aquel entonces). Curiosamente no tengo recuerdo alguno de ver “El Imperio Contraataca”, aunque sí de “El retorno del Jedi”. Desde entonces mi fascinación por el universo Star Wars no disminuyó ni un ápice. Ahora todo dios parece ser un fan acérrimo, pero hasta que se estrenó el (terrorífico) Episodio I en el 2000, los fans enfermizos de la saga éramos catalogados como bichos raros, como freaks, para que nos entendamos. 

Estamos  en 2017, Disney se ha hecho con Lucas Film y la compañía del ratón ha echado el resto en el desarrollo de una nueva trilogía, asumiendo el enorme riesgo de darle continuidad a algo que se hizo hace décadas. El Episodio VII se acogió con mucho interés y la expectación por saber qué eran capaces de hacer con la historia (tras el lamentable fiasco de la segunda trilogía perpetrada por Lucas) fue enorme. Yo la disfruté, fui a verla al cine dos veces, tuve el enorme placer de llevar por primera vez a mi hija Lucía a ver una película de Star Wars (complicado explicar qué significó para mí algo aparentemente tan nimio). Sin embargo, el transcurrir del tiempo me dejó un poso extraño, como si las burbujas producidas por la excitación inicial hubieran ido deshaciéndose y por fin pudiera ver el cuadro como realmente es. Y la sensación es que el Episodio VII fue en cierta medida decepcionante, y por desgracia el recuerdo de un Harrison Ford acartonado corriendo por el Halcón Milenario es la primera imagen que me viene a la cabeza. La segunda es la inclusión de una enésima estrella de la muerte. Buenos momentos los hay sin duda (Rey es una gran personaje, el ser supremo mola, me gusta Keylo Ren, las batallas son cojonudas…), pero el regusto final es de ocasión perdida.

De esta forma, rebajada la expectación de encontrarnos con una nueva trilogía potente, y a pesar de un fantástico “Rogue one”, la forma de encarar este nuevo episodio era, sin duda, la menos excitante desde que salí sin entenderle una sola palabra a Jar Jar Binks. La idea de que volvieran a repetir los mismos patrones ya conocidos o la inclusión de un ridículo personaje en forma de ratón-cute como el Gru bebé de “Guardianes de la galaxia 2”… hacían que me temise lo peor: La magia se ha terminado por diluir, Disney ha terminado por convertir “Star Wars” en un proyecto de mercadotecnia… en definitiva, poco o nada podía (o quería) esperar. Así, que fui al cine con una falta de excitación inusual en mí. Y sin embargo…

Sin embargo “Episodio VIII. Los últimos Jedi” me ha parecido una continuación dignísima de la saga. Sin ser ni mucho menos perfecta, ha conjugado muchos de los elementos que hacen de Star Wars algo tan especial. De entrada, y aunque sigan apareciendo elementos de episodios anteriores, la sensación general es que trata de dar un paso adelante dejándolos atrás y adquiriendo personalidad propia (Keylo y Rey parecen darlo a entender tras la lucha, “dejemos atrás lo viejo”, repite Keylo continuamente). Los paralelismos con historias ya contadas son inevitables, y sin embargo los giros del guión consiguen que durante su extenso metraje uno no deje de estar enganchado a la historia que nos cuenta (salvo la evitable historia de Finn y su nueva amiga para buscar al decodificador, que en mi opinión es la trama menos interesante). Incluso cuando crees que todo ha terminado, hay un tramo final que eleva aún más el nivel. 

De entrada, un punto importante de la historia viene de la mano de unos de los temas mejor trabajados, que es el de Luke Skywalker. En el episodio anterior se intuía a un Jedi poderoso, el gran héroe… Parecía que el personaje interpretado por Mark Hamil había evolucionado en un súper caballero… y no. Luke siempre fue un tipo inseguro, noble pero inseguro. Y sí, Luke es un caballero poderoso, pero nunca consiguió tener la confianza que se le presupone a un integrante de su orden. En “Los últimos Jedi” nos muestra cómo a pesar de sus logros con la fuerza, derrotando al imperio (bueno, ya tú sabes…), ha sido incapaz de enseñar a su sobrino de la forma en que Keylo necesitaba, dejando que fuera arrastrado por el lado tenebroso e incluso teniendo un instante de debilidad en el que se plantea incluso matarlo, momento por el que se avergüenza llegando incluso a decidir abandonar la disciplina Jedi y exiliarse en una roca perdida entre océanos en el último planeta de la galaxia. Realmente bien conseguido, transmite sin ningún lugar a dudas que Luke sigue siendo Luke, con sus fuerzas y sus debilidades. Y no se ve acartonado como el Solo del VII, Hammil está brillante, sin duda. Y su relación con Rey lo demuestra, sobre todo cuando le muestra el sentido de la fuerza (sin mencionar, a dios gracias, a los jodidos midiclorianos) y luego le dice “¿lo has sentido? ¡Pues ya ves que la fuerza no es algo exclusivo de los Jedi!”), cargándose en unos segundos toda la aparatosa mística de la pretenciosa orden Jedi. Y reconozco que cuando aparece Yoda, el Yoda auténtico, el de la trilogía clásica (y no a esa pulga saltimbanqui digital tan irritante de ver), se me saltaron las lágrimas, fue como encontrarse con un familiar al que creías que ya no verías nunca, un acierto descomunal. 

En general las tramas encajan bien entre ellas. La batalla inicial me parece apabullante, de las mejores que se han visto, dramática, épica, trepidante… realmente espectacular, menuda forma de comenzar. Y a pesar de que por un momento tienes la sensación de que se van a repetir los patrones de “El imperio contraataca”, enseguida compruebas que no, que aquí el centro de la historia va a transcurrir en el espacio, en una batalla por acoso en el que los rebeldes sufren las de Caín para mantenerse a flote. Algunos han criticado con fiereza el tema de la falta de combustible… ¿de verdad? Es increíble comprobar la falta de cintura de algunos fans. La acción transcurre a partes iguales entre el viaje desesperado de Rey por convencer a Luke para que vuelva, el combate entre la Nueva orden y los rebeldes y la operación de búsqueda por parte de Finn de la persona que pueda acceder a los códigos del crucero que les está atacando, trama, como decía antes, que me parece de lejos la peor, la menos trabajada y por tanto menos creíble de todas. Comentar que el papel de Benicio del Toro es ridículo, que un actor de su talla haya sido tan desaprovechado (y de su estúpido tartamudeo mejor ni hablar) me parece uno de los peores puntos del film.

En todo caso el ritmo de la película no decae, al contrario, desemboca en varios momentos álgidos, como el momento en que Keylo lleva a Rey en presencia del Snoke, ¿quién puede quejarse de algo así? En todo caso de haberse quedado sin un personaje que prometía tanto… pero ¿de verdad puedes ponerles pega a toda esa escena? A mí me parece cojonuda. Y sí, Keylo no es el jodido Darth Vader, pero… ¿quién diablos en la historia de cine podría ponerse a la altura de Lord Vader? Keylo me parece un digno sucesor de los Skywalker, y si os fijáis, tiene el mismo comportamiento que aquel joven Anakin, presuntuoso, arrogante y tremendamente inseguro. Otro gran momento es en el que el personaje interpretado por Laura Dern arrasa con el carguero enemiga lanzándose contra ella activando el salto al hiperespacio, esos segundos de silencio (que sí, que ya sabemos que la falta de oxígeno en el espacio evita que las ondas se propaguen y por extensión impide que haya sonido, es decir, que se escuchen las explosiones, cansinos, que sois unos cansinos) me parecen espectaculares. Y por último la parte final en el planeta en el que se refugian desesperadamente los rebeldes es sublime. La aparición de Luke es de las que no se olvidan… ese encuentro fugaz entre los hermanos… ese guiño a C3P2… esa forma de salir a combate abierto contra toda la artillería de la Nueva Orden como lo que se espera de él, el último caballero Jedi, poderoso hasta límites desconocidos… es imposible no emocionarse con el combate de sables final y con la forma en que Luke se despide, a lo Obi Wan o el mismo Yoda. No me importaría ver a Luke en el episodio 9 como espíritu dándole las últimas lecciones como portadora de la fuerza.

No puedo evitar comentar que las repelentes criaturas que se cuelan en el metraje y en el propio Halcón Milenario son una mera molestia efímera sin ningún tipo de influencia en la historia y que el propio Chuwe se encarga de hacerlos desaparecer de escena de la mejor forma, es decir, de un guantazo.

Debería comentar sin duda las cosas que no me han gustado: de nuevo Finn me parece de lo peor de la nueva trilogía (en contraposición de Rey y Pou, que a cada momento van creciendo en la historia); la figura de Pharma, que no dice nada en ambas películas; el viaje de Leia por el espacio que no hay por dónde cogerlo; Chewbacca, que sin Han Solo no tiene ningún sentido que aparezca; la relación tan poco seria entre los dos subalternos de Snoke y que sorprendentemente se convierten en los responsables de toda la Nueva orden; de toda la parte del planeta de los mercenarios… pero, sin embargo, me parecen detalles sin importancia en un todo que me parece glorioso.

Queda por saber cómo concluirá Disney la trilogía, y por extensión, la saga de los Skywalker, pero en lo que a mí respecta, me han vuelto a subir al carro. Y como dice cierta serie de Netflix… HATERS, BACK OF!!

martes, 12 de diciembre de 2017

Redd Kross en Madrid: Looking for a visionary just exactly like you...


Lo del pasado jueves en Madrid fue realmente grande. Hubo cosas mejores que otras, desde luego, pero no tengo ninguna duda de que ha sido una de esas noches de las que me acordaré siempre. Como ya comenté hace unos días, la cita con los hermanos McDonald era la excusa perfecta para subir con toda la familia a la (siempre añorada) capital. Tras un día de bullicio y compras varias, cansado pero excitado, me fui dirección a Tirso de Molina para comenzar la noche de reencuentros con grandes amigos y una de las bandas de mi vida. Allí, y a efectos de anfitrión de la zona, me vi con mi querido Juanjo (Búnker Sónico) que nos llevó a un fantástico sitio de la Latina donde comenzaron a caer tanto las jarras de cerveza como los amigos que iban apareciendo. Tras el calentamiento oportuno nos dirigimos hacia la sala, una discoteca llamada "Medias Puri" que se estrenaba en la programación de conciertos, y realmente se notó que en este tipo de eventos están muy verdes. Un sitio que no deja de ser una discoteca, esto es, un sitio frío, que además de los habituales problemas con el guardarropa (vamos, que no había, imaginaos la gente con esos pesados abrigos en la mano todo el tiempo...), precios... un escenario cuyo techo se les quedaba bajísimo a los músicos y sobre todo, una ecualización que dejaba mucho que desear, ya que, en función de donde estuvieras, podías percibir una cosa u otra (en los laterales directamente no se escuchaban las voces).


Steven McDonald. Ídolo.
Pero, y a pesar de la sala, la velada fue absolutamente mágica. Los Bullet Proof Lovers salieron a escena como un vendaval. Ya me los habían recomendado y sonaron realmente bien. Durante su actuación el número de amigos a los que iba encontrándome iba en aumento, algunos a los que hacía muchos años que no veía (y con los que siempre coincidía en las primeras filas de mil conciertos), aquello era como una reunión familiar en toda regla, JF León o Héctor García Barnés pueden atestiguarlo. ¿Y los Redd Kross? Sonaron de maravilla, por supuesto. Es realmente increíble comprobar cómo unos tipos que ya pasaron los 50's transmiten esa sensación de locura juvenil, esa energía tan contagiosa... El set list es el único "pero" que le podríamos poner, pero ya íbamos sobre aviso, a nadie le cogió por sorpresa. 

Jeff y Steven están en muy buena forma, sin olvidar a un tremendo Jason Shapiro a la guitarra (realmente espectacular) y al "Melvins" Dale Crover a la batería. Y, como digo, incluir versiones y algún tema más oscuro de lo habitual, no evita que, con cada clásico que interpretasen, uno no tocase el cielo. Adoro sus discos desde "Third eye" y me han acompañado toda la vida. Además, "Researching thr blues" mantuvo el nivel superlativo de sus canciones y han conseguido formar una discografía imbatible. Encontrarte con aquellas viejas joyas de tu imaginario musical, de toda la vida era, como seguir encontrándote amigos en la sala... Verlos salir e iniciar el show con "Lady in the front row", ufff... Eso amigos, es la felicidad, el rock & roll como motor de tu vida, las canciones así son el auténtico combustible que te activa y te da energía cada día. "One chord progression", "Mess Around", "Pretty Please me" o su clásico "Annie's Gone"... "Uglier" o "Stay away from downton" de su último trabajo "Researching the blues"... forman parte indisoluble de mi vida, y sonaron como tenían que sonar, potentes, alegres, mágicas... Si los rostros de los McDonald reflejaba que se lo estaban pasando en grande, la mía cuando tocaron "Bubblegum factory" no lo debía parecer menos. No importa que al "Deuce" de KISS o al "Ann" de The Stooges... no les pillase el rollo, la velada fue absolutamente inmejorable. Y a pesar de que duró más de lo esperado a mí se me hizo cortísimo.

¿He dicho ya que fue una gran noche?




PD: Gracias a Juanjo Mellado por sus espectaculares fotos!



martes, 28 de noviembre de 2017

The Punisher: “Memento mori”, recuerda que morirás. Marvel en Netflix.


Para cualquier fan del comic, que haya tanta cantidad de material en la pantalla basado en ese maravillos e inabarcable universo debería ser una bendición. Nada más lejos de la realidad. Algo que hace poco más de una década prometía, y mucho, ha terminado convirtiéndose en una salida recurrente para los blockbusters más aparatosos y vacíos con los que la industria estadounidense inunda las salas de medio planeta, aquellos proyectos que responden más a intereses mercadotécnicos (es decir, básicamente a hacer dinero) que a hacer CINE, aunque parezca una contradicción. Mala cosa cuando los proyectos se desarrollan más en los despachos de los ejecutivos que en los de los directores y guionistas. Quitando el Batman de Nolan, las producciones de superhéroes de un mínimo de calidad pueden contarse con los dedos de media mano. Las primeras de Iron Man ó Thor parecían entrever un camino digno, grandes historias llevadas con cautela sin que fueran absorbidas por los fastos de la grandilocuencia digital ni el vacío argumental. Pero poca cosa si comparamos la ingente cantidad de material que se estrena anualmente desde hace más de una década. La interminable serie de los X-Men (qué forma de acabar con el misticismo de esos personajes), la bochornosa recreación de los 4 Fantásticos, los interminables re-boots de Spiderman o Superman… o el vacío más absoluto de los Vengadores… hace que uno ya haya perdido en gran parte la esperanza en estos productos. De hecho, la esperada “La liga de la Justicia”, está siendo vapuleada por la crítica por ser justamente un barbiturrillo de idas, directores, guiones e intereses mercadotécnicos en el que se difuminan historia y personajes.

Es entonces cuando aparece Netflix y nos da un par de alegrías. Y es que el canal de televisión hace años apostó por lo que esas historias, esos personajes y sobre todo, ese público (un público más maduro y cultivado en el cómic) estaban pidiendo. No nos engañaremos, el resultado hasta la fecha ha sido desigual, pero el nivel es alto y sobre todo la premisa es a priori la misma, construir un universo consistente, de calidad y sobre todo respetando al público, respeto que se traduce en presentar algo más que un producto de usar y tirar.

Su colección de series del universo Marvel comenzó con una brillante recreación de Daredevil, su primera temporada fue una maravilla, más cercana al cine negro que al de superhéroes, marcando un antes y un después para muchos de nosotros y comprobando, por fin, que era posible disfrutar de un universo de comics en pantalla a la altura del impreso. Gran historia, grandes interpretaciones (Charlie Cox como Matt Murdock/Daredevil y especialmente un fantástico Vincent D'Onofrio como Wilson Fisk) y una ambientación trabajada dan como resultado una primera temporada apabullante. Quizá el empecinamiento de la cadena en crear un universo estrechamente relacionado entre todas sus creaciones haya pecado de excesivo, pero no seré yo quien se queje. A continuación vino “Jessica Jones”, que mantuvo sin duda el nivel de su predecesora, menos oscura pero con grandes momentos, sin duda (cómo olvidar ese Killgrave maravillosamente interpretado por David Tennant). La segunda temporada de “Daredevil” consiguió incluso subir el nivel, igualmente oscura e intensa pero a la vez con más acción. Además, a medida que se emitía cada nueva temporada se iban introduciendo personajes y tramas que evidenciaban que tarde o temprano confluirían en un mismo punto (“The Defenders”) o tangencialmente (The Punisher en la segunda temporada del diablo rojo de Hell’s Kitchen). Más tarde llegaría Luke Cage, que bajaría considerablemente el nivel pese a una espectacular facturación (esos bares, esas actuaciones de colosos del soul, esa ambientación tan de cine negro…), y el nivel tocó fondo con un innecesario Iron Fist, posiblemente el superhéroe más inútil y con menos carisma de la historia. Con la serie conjunta “The Defenders” mejoraron algo el nivel pero también tocaron hueso, daba la sensación de que la fórmula se agotaba, demasiado metraje en tan poco tiempo.


La diosa Jones aparecía actuando en Luke Cage.
Y sin embargo con The Punisher, la productora consigue de alguna forma reinventarse un poco al salir de esas tramas (Pelear siempre contra esa “La mano” ya cansaba), de una acción basada en saltos, katanas y artes marciales (ver pelear a Iron Fist daba vergüenza ajena, la verdad). The Punisher es otra cosa. Como digo, a Frank Castle lo sitúan en otro ámbito, en una guerra del personaje contra una trama gubernamental y sobre todo contra sí mismo, esa tortura por haber provocado la muerte de sus seres queridos y por ser sabedor de aquello en lo que se ha convertido, una máquina de matar que disfruta de lo que hace pese a que a la vez lo consume por dentro. Aquí no hay enemigos atávicos ni templos budistas en universos paralelos, aquí el enemigo es la avaricia que corrompe todo lo que toca, es la corrupción de los altos cargos. Es de hecho, una temporada con más violencia que en las anteriores. Si Daredevil discutía con The Punisher en su segunda temporada sobre la violencia, aquí Castle demuestra que no cabe la compasión con el que no la merece. Pero no os equivoquéis, no es una serie de mamporros, la serie sabe perfectamente orquestar una historia bien hilada, que va de menos a más y que muestra cómo el gran patriota que se cree Frank Castle comienza a entender (o a entender que no entiende nada) la absurda maquinaria de su propio país. Enorme momento en el que un Castle en mitad de una misión en Afganistán suena “I wish it was true” de The White Buffalo:

Country, I was a solider for you, 
I did what you asked me to, 
It was wrong and you knew
Country, now I’m just a stranger to you
A number, a name it’s true
Throw me away when you’re through
Home of the brave and the free, the red white and blue
But I wish it was true

En general el nivel es alto, como decía, la serie va de menos a más, y aunque no llega al nivel de Daredevil, tanto la trama como los personajes encajan. Y sí, a Castle le falta un poco del humor negro del comic y su dicción a veces parece la del “mejorStallone, pero a Jon Bernthal se le reconoce que encaja a la perfección, además del resto del cast ralla a gran altura, sin olvidar a Kelli Barrett, interpretando a la mujer de Castle… ¿la criatura más terriblemente hermosa que haya salido en la televisión? Posiblemente.

Es imposible no enamorarse de ella en The Punisher...
Para el próximo 2018, se esperan la tercera de Daredevil y las segundas de Jessica Jones y de Luke Cage. También se ha anunciado una ¿segunda temporada? para Iron Fist pero aún no tiene fecha de estreno. En cualquier caso, el nivel ha sido más que notable en general y yo siempre estaré encantado de todo el material que Netflix tenga a bien seguir produciendo y darnos horas de entretenimiento. 

Piensa que la vida son dos días. “Memento mori”, recuerda que morirás. Disfruta todo lo que puedas.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Redd Kross: Toda una vida de color, melodías y diversión pop.


Corría allá el año 1993 o así y me encontré, en mi cita mensual con el Popular 1, una entrevista a unos tipos desaliñados a los que se les había estado fotografiando por las calles de Barcelona. Recuerdo una de las fotos en las que uno de ellos, en primer plano, se subía la camiseta hasta el cuello enseñando el pecho, dando una imagen de gente desinhibida y desenfadada. Uno de los titulares decía que Barcelona les encantaba a los integrantes de la banda (¿a quién no?) y que estaban pensando realmente en mudarse allí. Lo cierto es que me interesaron cero. De esos años, de la vorágine tan brutal que supuso aquella época en cuanto a bandas y a discos de nivel estratosférico, Redd Kross no me interesaron lo más mínimo en un principio. No tenían nada que ver, según comentaban los redactores, con los sonidos que estaban de moda entonces y que copaban nuestra atención. Además, ellos hablaban de bandas y estilos que me eran muy ajenos y, como no había forma de escucharlos, simplemente no les hice ningún caso. 

Pasó mucho, mucho tiempo hasta que, ya viviendo en Madrid en el 98 ó 99, que decidí echarles una oreja. Para los que no vivieron la época pre-internet esto debe sonar arcaico, pero así era. Si no tenías quién te grabase una cinta de algún grupo o artista, tocaba pasar por caja, algo que, para según qué bolsillos era complicado. Además… si los discos del grupo al que quieres escuchar tenían sus discos descatalogados, ya todo se complicaba. Por aquel entonces ya había leído más sobre ellos y mi interés sobre cómo sonaban esos Redd Kross había crecido. Era ya mucha gente alabando las maravillosas canciones y melodías que la banda de los hermanos McDonald llevaban años facturando. Se reseñaban igualmente sus conciertos, maravillosos, auténticas orgías de energía y desenfreno juvenil. Me encontré por fin con una edición japonesa del “Third Eye” en la añorada tienda Rock N’ Roll Circus que había detrás de Callao. Me costó unas 6.000 pesetas, una locura para mi exiguo presupuesto, pero… bendita locura. Me lo llevé como lo que era, un tesoro largamente buscado. Era una edición muy freak, claro… todo en japonés, lo que hacía ese diseño tan vistoso aún más excéntrico (ya sabréis la historia, la chica que sale desnuda solo con un antifaz en la portada era Sofia Coppola). Me faltó tiempo para llegar a mi casa y tirarme a la cama y escucharlo a todo trapo… Si comienza “The Faith Healer” y no caes rendido… tienes un problema gordo de atención y/o de gusto… Si con “Annie’s Gone” no te hierve la sangre y te entran ganas de llenarte de purpurina y comenzar a bailar… “I don’t know how to be your friend” es maravillosa, “Bubblegum Factory” es MAGIA, ¿quién puede resistirse a esas melodías, a esos coros? “Take me on a tour of the bubblegum factory, I want to see where love is made, Take me on a tour of the bubblegum factory, I wanna hear those records play “… una canción que podría estar escuchando una y otra vez sin parar de flotar. No me podía creer lo que estaba escuchando, estaba en una nube… Melodías gloriosas, sonido contagioso, energía a raudales… todo lo que había leído de ellos se había quedado corto. Hay muchas bandas de las que lees y luego no te dicen nada (podría hacer una lista muy extensa), pero Red Kross entraron a formar parte enseguida de ese grupo de formaciones que te acompañarán el resto de tus días, canciones que seguirán sonando con la misma frescura que el primer día. Recuerdo ponérselo a mi hermano mayor y que me contestara con un arrogante e innecesario: “son horribles, son una broma pesada que el Popu os ha gastado”, como si fuéramos una panda de tipos sin criterio que siguiéramos al líder que  nos indicase qué y qué no debía gustarnos… y sobre todo, dando a entender que Redd Kross son una basura. Increíble pero cierto. Creo que fue la última vez que le puse música a mi hermano. Desde entonces mis colegas y yo hablamos de Redd Kross con la coletilla “la broma pesada del popu” como homenaje a aquel descacharrante comentario. Por cierto, esa copia se la dejé a una ex-amiga junto a uno de los Killer Barbies más el “A nod…” de The Faces y la muy inútil se los olvidó entre las cosas que dejó en su despacho cuando cambió de trabajo. Sin comentarios. 

Al poco tiempo en una cubeta de esas en las que hay discos medio rotos me encontré con “Phaseshifter”, la caja destrozada y el libreto dañado, pero el cd intacto. Qué gran disco, por dios!!! Como había perdido “Third eye”, “Phaseshifter” se convirtió en uno de mis discos de cabecera durante años. Mucho más enérgico que el anterior, sin la teclista el sonido se endurece, las guitarras suenan más fuertes, pero todo sigue girando alrededor de las melodías. Igualmente, ¿quién diablos puede resistirse a cosas como “Monolith”? ¿”Crazy world” no es un trallazo incontestable? “Visionary”, “Only a girl”… imposible quedarme sólo con alguna… son parte de mi vida. “I'm looking for a visionary, because I guess I want somebody, we all need somebody, looking for a visionary, and that saviour is you", he cantado ese estribillo hasta la saciedad…

Show World” ya me lo pude comprar como dios manda (y una reedición normal de “Third eye”) y esos tres discos han sido parte fundamental de la banda sonora de mi vida. Y aunque 2012 ya parezca alejado en el tiempo, más tiempo nos pareció el que se tomaron para grabar “Researching the blues”, otro disco ENORME de los hermanos McDonald… con el regalo además de que al poco tiempo puede cumplir uno de mis sueños que fue verlos en directo, en el Freek Fest, apenas una hora en un entorno idílico. Qué maravilla, ese recuerdo y esa hora me la llevaré a la tumba como uno de esos momentos en los que agradeces haber nacido.

Pero lo mejor está por llegar, la noticia de la gira Redd Kross por nuestro país en diciembre es una de las grandes noticias musicales de este curso (y vive dios que hay muchas), así que la familia Stone al completo se ha organizado ya el viaje a la capital del reino para disfrutar de una de las bandas de mi vida y, si nada se tuerce, conocerlos y entrevistarlos, pero sobre todo, poder decirles que gracias, gracias por haber hecho mucho mejor mi vida. 





PLAY LIST REDD KROSS DE JAVISTONE

martes, 14 de noviembre de 2017

...y esto se acabó, amigos.


Ahora que este viaje va terminando creo que es el momento indicado para sentarnos a hablar de él. Hasta ahora, todo mi discurso ha versado sobre el proceso en sí, el cómo se intentaba llegar a ese punto. Ahora, ese punto ya queda atrás, y son la experiencia y la distancia quienes hablan.

Ha sido un viaje intenso, extraño, liberador. Nadie me pidió que lo hiciera, y nadie me dijo lo contrario, muchos me escuchaban como el loco que quiere atravesar el mar con una barca a remos, simplemente decidí hacerlo y montar toda una película a su alrededor. Película que terminó con su presentación rodeado de amigos, de los de verdad, de los que siempre están ahí pase lo que pase. De esos que están cuando sufres pero también cuando quieres contar algo. De esos en los que veías en sus ojos el brillo del orgullo y satisfacción de que su amigo o su hijo o su primo… estuviera allí delante, en un precioso patio andaluz rodeado de historia y enredaderas, reuniéndolos a todos para dar su pequeño aporte al mundo, un mundo que rara vez se para a escuchar, pero que ese día, sin duda, lo hizo.

"Javistone, Diez años de Blog & Rock", el proyecto, se inició como homenaje al blog y a todo lo que ha representado para el que suscribe. Diversión, intensidad y sobre todo una ventana al mundo donde antes no había nada. Algo que terminó convirtiéndose en algo más, una especie de ser independiente que cobró vida propia y a través suya empujó a su propio creador, enfrentándole a decenas de momentos en los que estuvo a punto de tirar la toalla. Y a momentos en los que apenas se reconocía a sí mismo consiguiendo ir mucho más lejos de lo que habría llegado a imaginar.

A finales de año y con una segunda edición en marcha en forma de pequeña tirada extra, puedo afirmar que ha sido un viaje maravilloso, en el que hay tantos momentos grabados a fuego que no sabría por dónde comenzar. Desde maquetar y maquetar con mi hija de dos años sentada en mi regazo como si desde su fuero interno hubiese querido observar ese lento y mágico proceso; el momento en que abrí las cajas con lágrimas en los ojos de emoción; las palabras con las que mi buen amigo Miguel me presentó aquella tarde; el tacto de cada página al pasarla y verme a mí mismo en ellas; la sensación de haber sido capaz de llevar adelante esta bendita locura sin más ánimo que el amor al arte; ver a Julio y Búho en escena simplemente por amistad; la cara de admiración de Lucía al sentarse a mi lado en la firma de ejemplares… y sobre todo, el orgullo de haber hecho lo que quería, tener un libro, mi libro.


Gracias a todos.


martes, 31 de octubre de 2017

Nace Rock Bottom Magazine, revista digital bimestral gratuita.


Pues sí, desde hoy y en adelante si las circunstancias así lo permiten, tendremos cada dos meses una edición de una nueva publicación, Rock Bottom Magazine es el nombre de artefacto, una revista hecha por y para fans, unos cuantos amigos de distintas partes del mundo que se han juntado para confeccionarla. Tan sencillo como descargar y leer. En un formato pensado sobre todo para tablets, en RBM trataremos de dejarnos ir sin ningún tipo de premisa inicial más allá de pasarlo bien escribiendo y publicando. Y claro está, esperando que los lectores disfruten como lo hacemos nosotros. 

Las publicaciones se descargarán desde Rock Bottom Magazine cada dos meses aunque también lo publicaré por aquí, para que no se me despiste nadie. 

De entrada, tenemos a todo un Eric Oblander entrevistado por un servidor reinando por todo lo alto en portada, hablando sobre su nuevo disco, la terrible gira con Erocktika y la dura pérdida de Elyse de Raging Slab.


Para descargar pinchar en la imagen.

Pasen y vean... pasen y vean. Pero sobre todo...lean!

martes, 17 de octubre de 2017

Sarah Shook & The Disamers: “Sidelong”.


Una de las sorpresas de la temporada, accidentalmente (como suele pasar con las mejores cosas de la vida) ha llegado a mis oídos el primer trabajo de esta mujer de Carolina del Norte. Música country pero actitud punk, lo hemos escuchado muchas veces, pero es así. Una chica proveniente de un hogar de la América profunda, familia ultraconservadora y un alma libre de las que se llevan por delante cualquier muro que le pongan. En “Sidelong” nos regala una espectacular colección de canciones que valen su peso en oro no solo por su actitud, que la tiene, a borbotones. Las canciones de Sarah son adictivas, canciones de carretera y barra de bar, los tipos de  Bloodshot Records (Lydia Loveless, Nikki Lane…) en Chicago lo debieron ver más que claro cuando “Sidelong” cayó en sus manos y decidieron apostar por él y darle una segunda oportunidad, desde cuyo momento Sarah ha estado girando sin parar por todo el mundo. 

No os dejéis engañar por el aspecto liviano de Sarah, esta mujer va sobrada de carisma y carácter, y su música te atrapa, os puedo asegurar que de la ingente cantidad de temas y grupos nuevos que llevo escuchando estas últimas semanas su voz y sus canciones han sobresalido de forma natural sobre todo lo demás. Ni los sonidos más fuertes o más densos han sido capaces de hacerle sombra a esta chica y a su música. No lo dudéis, Sarah tiene muchas cosas que contar y sabe cómo hacerlo. 




miércoles, 11 de octubre de 2017

La Big Rabia: Tangos de ultratumba desde Chile.


Desde Chile viene este intenso dúo, bolero denso y lúgubre, con un disco producido por Pedro de Dios (Guadalupe Plata/Pelo Mono), una colección de canciones de bar oscuro, vodevil y tango de ultratumba. Los conocí en el pasado Monkey Weekend celebrado en El Puerto de Santa María y me atraparon al instante. Tipos serios, sombríos, casi inexpresivos, pero músicos mayúsculos, la intensidad con la que dotan sus interpretaciones es de las que te hielan la sangre. Mención especial a la descomunal paleta de sonidos y ritmos que Iván Molina (Vaniv) es capaz de dotar a su batería, pocas veces había visto algo tan intenso a las baquetas y a la vez tan parco. Sebastián Orellana (Puñete) por su parte envuelve al oyente con su guitarra, a veces suave y a veces doliente, encajándola con una voz aterciopelada pero con mucha fuerza. “Dime” es un claro ejemplo, comienzas con una suavidad y una cadencia exquisita, los pies se te van solos cuando te das cuenta estás bailando un bolero denso e hiriente. Con una canción tan soberbia ya te han ganado. Con el corazón roto, pero ganado. En “Quiero paz” el ritmo sube aunque en realidad parece que has descendido a los infiernos con una cadencia que quiere jugar contigo, una especie de Screaming Jay Hawkins convertido en crooner latino de ultratumba cortejándote en la pista de baile… “alabado sea el señor!”, grita Puñete como si se tratara de un ritual invocando a los dioses del averno. En “No hay demonios” si no te han atrapado lo terminan de hacer, caes en sus redes por completo. Unas melodías matadoras, cadenciosas y tenebrosas, una especie de canto de amor, afilado y sinuoso, esa guitarra suena a gloria aquí. No hay duda que la elección de Pedro de Dios ha sido acertada, los parecidos estilísticos entre ellos es evidente. 

Un trabajo, en definitiva, excitante e intenso, una pequeña gran obra maestra esperando a que la descubras.

lunes, 25 de septiembre de 2017

The Teskey Brothers, soul añejo desde Melbourne.


Sin duda "Half mile harvest" de los australianos The Teskey Brothers es uno de los discos que coparán mi, habitualmente torpe, lista de mejores discos del año cuando a mediados de diciembre hagamos resumen de los trabajos que más nos hayan hecho disfrutar. Porque, amigos... lo único que se me ocurre al escuchar, una y otra vez, este trabajo es eso, disfrutar. Dos hermanos empapados del soul clásico, de los discos de Etta James o Sam Cooke y de aquellos colosos. 

Mucha clase, a borbotones, dadles una oportunidad, yo llevo semanas enganchado a ellos. 


  

viernes, 22 de septiembre de 2017

25 años del debut de Blind Melon.


Supongo que es inevitable esto de las efemérides a medida que te haces mayor, cumples años y lo vivido se queda perenne en el recuerdo, en un pasado al que a veces te permites volver de vez en cuando (o muy a menudo) o del que, con frecuencia, intentas huir inútilmente. Blind Melon publicaban tal día como hoy hace la friolera de 25 años su maravilloso disco de debut de título homónimo. Yo caí prendido al instante por el sonido de su hit-single "No rain", pero lo mejor estaba por venir, el conjunto de su obra era mucho más que ese pequeño gran himno hippy (pese a que no era precisamente una letra alegre), una mezcla entre los Jane's Adicction y Edie Brickell & New Bohemians, que representaba uno de los discos no ya de una época, sino de la vida de muchos de nosotros. Ese disco representa qué es la música y el rock para mí, espontaneidad, energía, sentimiento, honestidad, intensidad... "Soup", su continuación, fue otra obra maestra, y sin duda su futuro habría sido maravilloso, pero su debut siempre ha sido mi disco favorito de la banda de Shannon. 25 años y Blind Melon, banda y disco, siguen con nosotros, a nuestro lado, un viejo amigo que nunca te abandona. 

Los años pasan, pero "Blind Melon" sigue con nosotros. Como el primer día. La magia es lo que tiene, si le permites que exista, existe para siempre.

martes, 19 de septiembre de 2017

Presentación "JAVISTONE, DIEZ AÑOS DE BLOG & ROCK".


Finalmente llegó el momento de hacer la presentación oficial. El mal llamado "libro", ese artefacto llamado "Javistone, Diez años de blog & rock" será presentando oficialmente el próximo viernes 29 de Septiembre en el Tabanco Las Cuadras, precioso local situado en la jerezana plaza de la Asunción. Será algo tan aparatoso como todo lo que se hace por esta casa, a saber, habrá quien presente la velada (es lo único que aún está pendiente), luego yo soltaré un pequeño ladrillo, luego quien quiera podrá comprar el libro (no quedan demasiados, la verdad, la tirada de 50 al final va a quedarse corta) y si hay algún fetichista en la sala, pues haré la consabida firma de ejemplares, cosa que realmente me parece algo extrañísimo, no me imagino ahí sentado poniendo dedicatorias y firmas a los incautos que adquieran el artefacto, pero como comprenderéis, estaré más que encantado de hacerlo. 

Además, para que no todo sea malo, escucharme hablar y tal, tendremos la actuación ni más ni menos que de El Lobo en tu Puerta (dos de los tres, en realidad), en show acústico exclusivo. Luego nos tomaremos unas bebidas y echaremos el rato, como debe ser. 

Lo cierto es que me siento como un niño antes del día de Reyes, de eso se supone que va esto, ¿no? De pasárselo bien y disfrutar.

Respecto a si alguien estuviera interesado en conseguir el libro, comentar que hay dos formas, una es pidiéndolo a través de la Web de la Librería Agrícola Jerezana, en este enlace, y otra es directamente enviándome un email a mi correo javistone@javistone.com. El precio es de 15 €, más gastos de envío.


lunes, 28 de agosto de 2017

"Inerte", de Atavismo: Una invitación a elevar tu alma.



El término “Atavismo” hace referencia a la influencia de los antepasados, como si la existencia personal de cada uno fuera el resultado de de la unión de mimbres místicos provenientes de seres que habitaron mucho antes que nosotros y hubiesen dejado su sello en el subconsciente colectivo. Y si de algo está impregnada la música de Atavismo es de misticismo. Estamos en 2017, no hay industrial musical, no hay negocio, no hay canales, y sin embargo aparecen formaciones que elevan la música, el rock, al nivel de arte, profundo, onírico, casi trascendental. La música de Atavismo no te deja indiferente, porque te atrapa y te lleva, te arrastra tan lejos como tu propia imaginación sea capaz de dejarse llevar. Si con “Desintegración” llamaron la atención de muchos de nosotros, con “Inerte” consiguen ir más allá y desarrollar una paleta sónica que desprende personalidad y talento a borbotones.

Hace dos años en Sanlúcar pude asistir a un pequeño festival con bandas de la zona como The Shooters o Bourbon. Y entre medio se hacían un hueco los Atavismo, banda de la que había oído hablar hasta la saciedad, sobre todo de boca de mi amigo Manolo, de San Roque, toda una referencia en esto del rock & roll. Sus referencias eran altas, pero se quedó corto, presenciar aquel viaje cósmico en el que consisten los directos de Atavismo me dejó noqueado. Y desde entonces imposible olvidarse de ellos. Desintegración” ha sonado repetidamente en mis oídos, tanto desde el reproductor como en la memoria, la música de Atavismo se hace fuerte en tu cerebro y su eco suena y suena, como si fuera un mantra, liberador, místico, iniciático… Si en su primer trabajo había cierta cadencia hacia los tiempos medios y a sonidos envolventes, casi fantasmales (¿hay algo más profundamente bello que “Oceánica”? ¿No sientes la brisa y el olor a salitre?), en “Inerte” el pulso aumenta, la intensidad se eleva y se mezcla con nuevos sonidos, introduciendo sonidos claramente influenciados por su tierra, una Andalucía tan dejada de la mano de Dios (y del hombre) como desbordante de arte, arte que viene de la sangre, caliente siempre. En “Pan y dolor” parecen unos Triana revolucionados, un tema que casi duele, excesivo e intenso. En “El sueño” los Atavismo más progresivos te dejan exhaustos. En la “La Maldición del Zisco” suenan hipnóticos en uno de los (muchos) momentos intensos del disco. Difícil no dejarse atrapar por instantes como este. “Belleza cuatro” hace honor a su título, como si de una canción de cuna psicodélica se tratase, tanta belleza y tantos colores en una sola canción, de esas que quieres que no termine nunca, no quieres bajar de ella. Y sin embargo mi momento favorito del disco aún no ha llegado. Qué decir de “Volarás”… Majestuosa, densa… Épica e intensa, e igualmente excesiva, diez minutos de, más que una canción, una experiencia sónica. Atavismo no escatima en detalles para dotar a sus composiciones de infinitos vericuetos emocionales, si el trabajo hasta aquí ya es sobresaliente, en “Volarás” parecen dar un último salto más allá, más alto. Es imposible no caer rendido ante algo así, tanta belleza es imposible que te deje indiferente, esos coros, esa segunda voz de Sandra, esas letras que casi duelen, esa  guitarra hipnótica… Pasan los días y esos coros se han instalado en mi cabeza, no puedo (ni quiero) hacer que se vayan, vuelvo a ellos una y otra vez. Y no veo el momento de disfrutarla en directo, porque como dicen ellos mismo, volarás.

Atavismo no es sólo un grupo de rock, es una experiencia mística. E “Inerte” es su nueva invitación a elevar tu alma. No lo dejes pasar.




Nuevo disco de Jose Ignacio Lapido, "El alma dormida".


Gran noticia, Jose Ignacio Lapido, el maestro Lapido, nos ha sorprendido esta mañana con el anuncio de la publicación de su nuevo disco, "El alma dormida", para el próximo octubre. Muchas ganas de disfrutarlo. Gran interés en comprobar si su año con 091 ha podido influir de alguna forma en su sonido o en sus composiciones, pese a que Lapido contaba que las canciones ya las tenía compuestas antes de la gira con los cero. 

Contando los días.

viernes, 14 de julio de 2017

Wild Mojarras: Aire fresco en el Unusual Sherry Music, 2017.


El pasado viernes regresaba a las calles de Jerez el concurso que la bodega Sánchez Romate Hnos. tuvo la genial idea de comenzar a organizar el pasado año con mucho acierto y tino, auspiciado por su gama de productos Unusual Sherry. Uno que es músico (muy, muy aficionado) y consumidor obsesivo de música (muy, muy obsesivo), agradezco enormemente este tipo de actividades, desde ambas vertientes, desde la del músico (aficionado, lo he dicho ya, ¿verdad?) y como consumidor. Por desgracia la música en directo es algo que hace tiempo desapareció como elemento natural de la vida de la calle, tanto de noche como de día. En otras ciudades la música en la calle es algo cotidiano, desde ese artista callejero que se planta en mitad de una plaza a tocar, practicar, actuar en una palabra... como los que amenizan los negocios de restauración. Pero en España y especialmente el sur es algo que no se está acostumbrado a disfrutar, vete tú a saber por qué. Y sin embargo lo cierto es que la música forma parte de nuestra vida y el año pasado con la primera edición pudimos comprobar que en la sombra, más allá de las manifestaciones musicales a las que cada individuo puede acceder (poned las que queráis, antes eran los 40, luego Operación Triunfo… siempre habrá una corriente músico-cultural vectorizada para satisfacer el consumo comercial de la mayoría), hay una cantidad ingente de artistas que hacen música, que tocan instrumentos de todo tipo, que componen, que cantan y que tienen esa necesidad kármika de interpretar música. Curiosamente, y para regocijo de muchos de nosotros, el flamenco apenas ha hecho acto de presencia en estas actuaciones. Y no porque tenga nada en contra del flamenco, sino porque demuestra que en nuestra tierra hay mucho más que ese estilo, que hay mucha gente queriendo hacer cosas y simplemente no existen los canales necesarios para poder desarrollarlas.

En cualquier caso el pasado viernes comenzó la edición de 2017 de forma accidentada: La primera y tercera formación no aparecieron y apenas tuvimos que “conformarnos” con el dúo Wild Mojarras, y entrecomillo porque fue una auténtica maravilla. Uno no sabe qué se va a encontrar en cada actuación, así que esperas con ansia ver de qué palo va cada nueva actuación. Esta me encantó: Una chica con su voz y un oboe junto a un chico armado con su bajo eléctrico, sin más. Y si de entrada no parece que pudiera parecer atractivo, lo fue, sin duda. Ella tiene una voz fantástica, potente y negroide, toca el oboe con soltura (el nivel de ambos es muy alto) y sabe moverse con mucha gracia, y sabe llevar el peso de la actuación con mucha naturalidad. La sorpresa es que, pareciendo que harían interpretaciones clásicas e iniciando efectivamente con piezas barrocas, luego se lanzan con versiones fantásticas del “Psycho Killer” de Talking Heads (de dónde salen niños que escuchen a Talking Heads en 2017??? Bravo por ellos, joder!!), el “Ain't No Mountain High Enough” que popularizaron Marvin Gaye y Tammi Terrell… con el reciente éxito de Meghan TrainorAll About That Bass” y como sorpresa final una versión jazzy BRUTAL del “Sweet Dreams” de Eurythmics. ¿Qué más se puede pedir? Cuando pasaron por mi mesa les di la enhorabuena y les dije lo que pensaba, que ya de por sí que gente tan joven toquen tan bien tiene mucho mérito, pero que demuestren tener ese background musical es maravilloso. Hoy en día, pese a tener todo disponible a un solo click, el nivel musical de las generaciones más jóvenes suelen perderse y quedarse en la superficie del youtube puntual, de las listas de spotify o de los carteles continuistas de los festivales que abundan hoy en día, con listas de artistas que parecen clónicas. Así que disfrutar de gente joven que no solo interpreta sino que rebusca e indaga no puede ser más que maravilloso.

Y sí, me fui con ganas de más, de volver a verlos a ellos y de que llegase el siguiente viernes para disfrutar de nuevo de una velada de música callejera, sin duda, la más honesta y sincera.



martes, 11 de julio de 2017

The Brass Buttons, “Seven seasons” (2017): Irradiando luz.


En tiempos de tristeza y de oscuridad siempre hay luz. Hay sonrisas que iluminan habitaciones en penumbra. Hay abrazos que despiertan del letargo e incluso un “te quiero” puede hacerte volver de la noche de los sueños en un segundo. Del mismo modo hay músicas que irradian luz como si fueran el mismísimo astro rey. The Brass Buttons pertenecen a ese exclusivo y reducido número de formaciones que una vez comienzan a sonar consiguen brillar dentro de ti, todo se hace luz a tu alrededor, luz cálida, reconfortante… en una palabra, viva.

Hace seis años andaba yo por la plaza del castillo del Puerto de Santa María, inicio del Monkey Week 2011 y mis distraídos oídos alcanzan a reconocer el “From Hank to Hendrix” de Neil Young a lo lejos. Regreso sobre mis pasos para comprobar que en un soleado y despejado día de octubre hay una banda con chica al frente que suenan de maravilla. El tema de Young lo han bordado, intuyo que interpreten lo que quieran interpretar a continuación ya me han ganado. En efecto: La colección de temas que tocan hasta el final del show es maravillosa. Un sonido limpio, cálido que bebe del folk, del americana, de Gram Parsons o los Jayhawks, un nivel superlativo de estos The Brass Buttons. Poco tiempo más tarde me hago con su indescriptible “S.O.S. Songs from outer space” y ya quedé completamente enganchado a su música. De aquel trabajo poco puedo decir a estas alturas, una joya, una deliciosa obra maestra que sin duda habría merecido una repercusión infinitamente mayor.

Tras un más que largo periodo de silencio, María Palacios y compañía nos han dado una de las alegrías de la temporada regresando con un nuevo trabajo de esos que se cocinan a fuego lento, con la paciencia y el cariño del artesano, del viejo orfebre que le da a cada detalle el valor que se merece, ofreciendo un trabajo que consigue mantener el nivel de “S.O.S. Songs from outer space”. Luz, mucha luz es lo que irradia este "Seven Seasons". Y es que iniciar un trabajo con “Lady lighthouse” (la casa de la luz…) y no caer rendido ante ellos es absolutamente imposible, esas melodías… esas texturas te abrazan y te llenan el alma de esa luz que emanan las canciones de The Brass Buttons. No digo nada nuevo si cito a qué suenan, es evidente, pero da igual, ellos suenan a todos esos grupos que tenéis en mente y a mucho más, porque sobre todo suenan a ellos mismos, esa forma de construir esas melodías y arreglos tan “americana” que solo podrían hacer unos portuenses bebiendo de la brisa del mar y del sol los días de poniente mientras se empapan de los Byrds más Parsons. “Bye, bye, bye” suena pausada pero te maravilla igualmente… “Moby Dick”, otra de mis canciones favoritas (preciosa portada dedicada al mítico cetáceo, por cierto), ese estribillo suena a clásico… ponte tus gafas de sol y vete a bailar con tus amigos toda la tarde en la playa más cercana… “Christmas Clouds”, otra delicia de canción, con ese juguetón sonido de clavicordio… 

Cantaba Jeff Buckleyeven in this world of lies there’s purity”, y es lo que uno piensa tras escuchar cada nuevo trabajo de The Brass Buttons. Seguidlos porque vuestras vidas serán un poco mejores con cada canción que escuchéis de ellos.

 

Podéis escuchar "Seven seasons" aquí.