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lunes, 3 de noviembre de 2008

Pixie & Dixie... and Jinks: México meet Andalucia

Llevo unos días con los nervios no muy allá y este fin de semana con tantas cosas que ver, leer o hacer, me lo pasé prácticamente sin ganas de nada, es lo que tiene la depre del diablo, supongo que este frio no ayuda nada. Y entre tanta paja mental de fin de semana lluvioso y frio, me acordé de una de mis series favoritas de siempre, Pixie & Dixie (y Jinks), ¿quién no se acuerda de ese gato y los dos roedores? Es curioso que sin ser una serie puntera en cuanto al dibujo, en el mercado hispanohablante estos dibujos fueron un éxito absoluto. Y es que, ¿cómo no iba a tenerlo cuando un ratón habla cubano, otro mexicano... y el gato como un gitano sevillano? Joder, qué grande Jinks. La historia es curiosa, por que realmente quien lo dobló (y a otros personajes de la factoría Disney, como por ejemplo, a uno de los buitres de El libro de la Selva -que vi ayer y reconocí su voz despues de años!-) no fué un actor mexicano imitando el acento andaluz, si no que fué un actor sevillano emigrado a México después de la Guerra Civil, Florencio Castelló, que llegó a trabajar incluso con el gran Mario Moreno, aka Cantinflas.

La serie fué producida por la mítica Hanna-Barbera, y se emitieron hasta 57 episodios entre los años entre 1958 hasta 1962 en el programa The Huckleberry Hound Show.

miércoles, 16 de julio de 2008

ANMAL: The muppet,.. the legend

Qué puedo decir sobre Animal. Nunca alguien, hablando tan poco, se convirtió en una estrella tan carismática como él. Su sola presencia en la pantalla ha sido capaz de ensombrecer a grandes figuras del show business (qué gran nombre para una banda de rock!) como Elton John, Michelle Pheiffer o al mismísimo Prince.

No lo puedo negar. Soy un fan absoluto de los Muppets o Teleñecos: los días en los que comenzaron a emitir Barrio Sésamo fueron, sin duda, días felices; cuando El Show de los Teleñecos apareció, también me hice un fan absoluto; los Fraguels no se quedaron atrás (al tio Matt le doblaba el mismo que a Homer, no digo más); cuando Canal plus en los 90’s echó numerosos Muppet Shows fui el tío mas feliz del planeta,... y con emule y youtube he visto algunos de los momentos más cachondos y surrealistas de la historia de la televisión. Pero si hay un muppet que se merece comenzar mi lista de grandes ídolos confesos... ese es sin duda... Animal (léase agitando los brazos “A-ni-mal!!!!”).

Animal: Eat the drums!Animal es uno de los primeros personajes del universo Muppet, apareció en 1975 en el segundo episodio piloto de la serie. En “Sex and Violence” aparecía a la batería formando parte de la banda Electric Mayhem, en un sótano y encadenado a la pared, casi nada. The Electric Mayhem son la banda oficial del programa, y aunque en esencia son una rock band 70’s style (Jim Henson se inspiró en el musical Hair para su indumentaria), no tienen problema alguno con el jazz, el blues o el country (que se lo pregunten a Johhny Cash).

Animal necesitó apenas un par de capítulos, varios gruñidos y algún que otro solo de batería para conquistar al público, y es que su estilo a las baquetas, primitivo y salvaje, era puro rock and roll (Los paralelismos con Keith Moon son más que evidentes para el avispado lector de este blog). Nuestro querido y peludo ídolo es un completo baterista que tiene tres formas de tocar: fuerte, más fuerte y ensordecedor! Apenas habla, y siempre con frases cortas y simples ("BEAT DRUMS! BEAT DRUMS!!!", “WO-MAN! ó “Mi…cheeeeeeelle” cuando perseguía encedidísimo a la Pfeiffer) con una voz gutural y de estrella de rock recién levantada, aunque en momentos de completa relajación es incluso capaz de mantener pequeñas conversaciones mínimamente comprensibles.

Su principal mentor, Frank Oz, que es quien le pone “voz” (al igual que al maestro Yoda), se refiere a él con cinco palabras: sexo, dormir, comida, batería… y dolor, aunque ocasionalmente algunas se pueden combinar, como batería y comida, ya que el pobre se confunde con ambas (en inglés le dicen “Beat the drums” y él entiende “Eat the drums”, enorme!). Cuando una vez le preguntan sobre qué prefiere, la comida o la batería obviamente responde que la batería es comida, e inmediatamente comienza a comerse el kit de batería.

Entre sus momentos estelares está el duelo con las baquetas con el afamado baterista Buddy Rich en homenaje al ídolo de Animal, Gene Krupa (nunca uses el nombre de Krupa en vano en presencia suya!), y sobre todo cuando aparece destrozándole los nervios a la que sería la primera gran invitada del Muppet Show, la puertorriqueña Rita Moreno, que ganaría un Tony por su aparición en el programa (ese año ganó Oscar, Grammy y Tony, casi nada!), intervención que cambiaría el rumbo del mismo, ya que debido al gran éxito y a la calidad del resultado, los invitados a partir de ese momento dejarían de ser segundones, para poder elegir a quienes quisieran, pues las más grandes estrellas del star system se pegaban por participar (la lista es literalmente interminable: Vencen Price, Peter Sellers, Johnny Cash, Charles Aznavour, Steve Martin, Alice Cooper, Peter Ustinov, Rudolf Nureyev, Dizzy Gillespie,Liza Minnelli, Diana Ross, James Coburn,... por poner los más clásicos).
Y aunque su vida está definitivamente a unas baquetas, su avidez por las mujeres tampoco se queda atrás. Como ya he comentado antes, su acoso a Michelle Pfeiffer es histórico (tengo una sobrina que se llama Michelle y no puedo evitar llamarla igual que Animal a la actriz, “Mi…cheeeeeeelle!!)”.

Sobre Animal podría poner decenas de momentos memorables, y podría tratar de explicar la razón por la cual a ese engendro salido de la mente de Jim Henson es tan querido (en la película The Commitment, cuando al nuevo batería se le pregunta por sus influencias, él responde “Animal, de los teleñecos!”). Lo mejor que puedo hacer es desempolvar mis viejas cintas VHS y echarme una tarde de sesión Teleñecos.
Tío, no se te ocurra molestar a Animal,... come cristales!”.
Frank Oz.

miércoles, 23 de enero de 2008

Exile on main street - The Rolling Stones

¿Posiblemente el mejor disco de rock n’ roll de la historia? No, posiblemente no: es, definitivamente, el mejor. ¿No soy objetivo? ¡Por supuesto que no! El rock & roll es un asunto de emociones, de sentimientos, de evocaciones personales, y para mí el Exile de los Stones es sencillamente insuperable.

Cada uno tiene sus discos favoritos indiscutibles: Led Zepellin II, Revolver, Live & Dangerous, A night at the opera,... y la mayoría se pueden demostrar de alguna forma digamos, razonada. Hay otros con los que no dispones de demasiados argumentos para defender pero que de alguna forma te fascinan.

Y luego están los que catalogas de obras maestras, creaciones que van más allá de lo puramente musical, obras de arte atemporal, discos que cuando acaba la última estrofa de la última canción quieres, necesitas! volver a poner desde el principio, discos que, joder, dignifican al ser humano!

¿Y todo esto a que viene? Pues viene a que desde que hace años descubrí este glorioso artefacto, siento verdadero fanatismo por él. Lo escucho regularmente en el coche o en mi casa o donde sea, tengo la casa con imágenes de la grabación en Niza, ... y se debe a que por fin hace unos días conseguí el preciado doble vinilo de la edición original europea del 72, casi nada.

Recuerdo hace unos años le pasé el disco a un colega, bastante puesto en menesteres rockeros (e incluso en algunos clásicos de los Stones) y ante su petición de nuevas grabaciones mi pregunta fue propia de un exaltado, clara y directa: “Pero criatura, ¿No tienes el Exile???” Ni que decir tiene que al día siguiente ya tenía su correspondiente copia, y que el hombre nunca ha dejado de agradecérmelo. Y hace años ya de aquello.

¿Qué tiene este disco que lo hace tan enorme? Eso daría para llenar un libro, pero en pocas palabras podría decir que Exile on main street es pasión, emoción, talento desbocado, sucio, fuerte, sincero, es rock, blues, gospel, country,... Aquí todo es perfecto, incluso en su imperfección. Hay cierta sensación de improvisación, de temas inacabados, de producción incluso poco trabajada,... (el antaño rock star convertido hoy a businessman Mick Jagger no entiende el status actual del disco con todos los “fallos” que tiene. Ay Mick,... hace cuanto te perdimos!) Pero es que ahí es donde reside gran parte del encanto de este disco, da la sensación de que la idea original era la de captar la esencia del rock and roll, algo visceral, sucio, sexual,...

La grabación del disco como no puso ser de otra forma resulto muy complicada. A mediados de 1971, el fisco británico tenía contra las cuerdas a los Stones, de manera que estos decidieron emigrar. Keith había comprado una villa (Nellcote) en la ciudad de Villefranche-sur-Mer, próxima a Niza y allí se trasladó toda la groupe stoniana a grabar el disco que continuase el exitoso Sticky Fingers. La que se montó allí obviamente no fue pequeña: Keith pasadísimo de todo, especialmente de heroína, Gram Parsons haciendo de inseparable compañero de juergas de Keith, las mujeres de los stones aportando poca cordura, montones de drug dealers deambulando por la mansión como si fuera su casa, Bill Wyman ausentándose de las grabaciones (no intervino en varias de las grabaciones finales), invitados ilustres apareciendo cada día (William Burroughs o John Lennon entre otros), robo de guitarras en la propia mansión, un incendio, visitas de la policía francesa ante el inquietante ir y venir de conocidos traficantes de droga locales, ...


Todo esto le tuvo que dar un punto de locura considerable a la grabación de las canciones, temas que en la mayoría de los casos provenían de descartes de grabaciones anteriores, y que pretendían aunar blues, gospel, rythm & blues, rock, country, boggie,... para lo cual el trabajo de gente como MIck Taylor (un riff suyo aparece aquí como su único crédito en las composiciones de los Stones!), Billie Preston y Dr. John a los teclados o el productor Jimmy Millar tuvo que ser crucial. Con todo, el proceso de grabación no pudo ser terminado en la villa Nellcote y debió ser concluido en los Estados Unidos, añadiendo arreglos, coros de artistas locales,...

Es curioso ver que a pesar de conseguir notables ventas, el disco (doble) fue un relativo fracaso de ventas, y obtuvo duras críticas de la prensa especializada, incapaz de asimilar la obra de arte tan brutal que les estaban entregando los Stones. Tanto es así, que a medida que han pasado los años y las décadas, la fascinación sobre el disco ha ido creciendo cada vez más (convirtiéndose en el favorito de la gran mayoría de die-hard fans stonianos), quizá gracias también a que han proliferado leyendas acerca del proceso de grabación en Francia (cuenta una leyenda que Jim Morrison se pasó por allí y que no le dejaron pasar de la verja!), la creciente importancia de la figura de Gram Parsons en el espíritu del disco y su influencia country en Keith, no tener hit singles machacados...


Exile on main street: Hoy lo pondré de nuevo cuando salga a la calle. Da igual que haga frío, esté nublado o el cabronazo de tu jefe te espere en la oficina. Al momento de que comience Rock Off,... todo parece encajar.

jueves, 3 de enero de 2008

U2: Reyes por un día, perdidos para siempre.

Hubo una época en que cada paso de U2 era seguido con pasión por hordas de fans enloquecidos, en la que eran portada de todas las revistas de rock del planeta y en la que sus canciones sonaban a todas horas en las emisoras de radio. Días en los que cualquier leyenda consagrada los citaba constantemente como si fueran los nuevos Beatles, una época en la que U2 eran, simplemente, la mejor banda de rock sobre el planeta. Hubo una época que, hoy, parece perdida para siempre.
Ahora estamos en 2007 y el 10 de diciembre se cumplían 20 años desde que The Joshua Tree saliera a la venta, con todo lo que ello significó para la banda, para el rock y para muchos de nosotros. Recuerdo todavía que mi primer contacto con ellos fue al comprarle a mi hermano por su cumpleaños la susodicha cinta cassette en un hipermercado cerca de la playa. Eso fue en verano y yo tenía apenas 13 años. La sobreexplotación a las canciones del Johua Tree era inevitable en aquellos días, aquellos tres himnos sonaban a todas horas.

Pero realmente no fue hasta el año siguiente cuando entré de forma definitiva en la música de los irlandeses, exactamente un día de diciembre gracias al dinero fresco obtenido en mi cumpleaños, gastado religiosamente en un doble recopilatorio de los Housemartins (!¡) y el recién salido al mercado “Rattle & Hum” (dichosos tiempos de dobles discos de vinilo). Obviamente me faltó tiempo para quemarlo bajo la aguja de mi tocadiscos Investrónica. Y es que aquello me noqueó por completo. Los U2 de entonces eran una banda joven, sobrada de talento, fuerza y ganas de cambiar el mundo y que arrasaba allá por donde pasaba.

Hoy el panorama ha cambiado, el tiempo es implacable, y los músicos raramente son capaces de mantener durante décadas el mismo nivel de calidad, éxito y... cordura, y mucho menos todo a la vez. Desde luego, el mercado musical ya no permite que los grupos mantengan una carrera a largo plazo. Las discográficas exigen éxitos inmediatos, no invierten en las bandas, y cuando lo hacen las usan y tiran a su antojo, sin ningún interés puramente artístico. En el caso de U2 se puede decir que son unos supervivientes: Comenzaron a finales del 79 y aún hoy siguen girando y grabando discos, independientemente del nivel que hayan mantenido en cada uno de sus distintos trabajos hasta la fecha.

Y no es que Bono se haya imbuido en su propio personaje mesiánico de salvador del mundo, o que viaje hablando de pobreza en su jet privado codeándose con las grandes figuras internacionales de las Naciones Unidas. No es que hoy en día no sean más que parodias de sí mismos: Es que su música ha dejado de tener ni por asomo aquello que los hizo más grandes que la vida. Ni sus extravagantes puestas en escena, ni su grandilocuencia vacía importarían nada si su carisma y su música se mantuvieran, de alguna forma, dignamente.
Estamos en 2007, un nuevo milenio, un nuevo mundo cada vez más desquiciado, con nuevas tendencias, nuevas promesas rockeras de usar y tirar, sistemas de distribución de canciones en donde lo que menos importa es el artista,… Un panorama que nada tiene que ver con el se encontraron los cuatro irlandeses en el Dublín de finales de los 70. Un país pobre (“los irlandeses somos los negros de Europa” The Committments, Alan Parker), con fuertes conflictos sociopolítico-militares enraizados en insalvables (y sangrientas) diferencias religiosas entre católicos y protestantes que alcanzan a marcar la cultura irlandesa tanto como una Guiness recién servida. En la escena rockera británica las estrellas del momento pertenecen a la New Wave, el post punk con grupos como Blondie, Televisión o Talking Heads. En Irlanda hay dos figuras básicas: Thin Lizzy y Rory Gallaguer.

En ese escenario, Bono y compañía trataron de salvar sus vidas de futuro incierto montando una banda de rock sin saber ni una sola nota. Desde un principio tenían muy claro que si querían llegar a algún sitio, debían hacer algo distinto. Y en ese camino se pusieron: un Bono dramático, derrochando carisma y ambición por los cuatro costados; un Edge desarrollando un personalísimo e inconfundible estilo propio a la guitarra, y unas canciones cargadas de fuerza y pasión descontrolada fueron más que suficiente para colocarlos en la primera fila de la escena musical irlandesa en los estertores de los 70 y conseguir grabar su primer LP en 1980 (“Boy”) con el sello Island, la discográfica de Bob Marley y Free.

Con “Boy” da comienzo una espectacular discografía en la que las palabras evolución, coherencia, pasión y ambición fueron una constante hasta mediados de los años 90. En este su primer disco la juventud y la inexperiencia se compensan con una tremenda fuerza y un carisma escénico fuera de lo común. Canciones como “I will follow” o “11 o’clock tic toc”, así como extensas giras por el Reino Unido fueron más que suficientes para que la banda alcance importantes puestos en las listas y fuesen conocidos por todas las islas. U2 eran por méritos propios “the next big thing”. Si bien es un disco muy considerado por los fans de la banda, Boy no ha aguantado bien el paso del tiempo: ni sus canciones, ni su estilo post punk, ni su producción New Wave han mantenido el tipo, aunque curiosamente, de sus tres primeros discos posiblemente sea el mejor.
Más adelante tendríamos en las tiendas “October” y “War”, ejercicios de continuismo estilístico que pese a traer canciones notables (Gloria, Sunday Bloody Sunday, Two Hearts Beat as One, New Years Day) adolecen de mantener unos parámetros demasiado parecidos a los de su disco de debut pero sin su misma frescura: el estancamiento se asoma a lo lejos y en esta banda no hay cabida para eso. En directo son imparables y su ascensión es fulgurante, no sólo en UK: América ya les ha abierto sus puertas y no dejan de girar por la tierra del tío Sam, atrayendo adeptos a su “religión”. Su disco en directo “Under a red blood sky” y su correspondiente video dan buena muestra de ello. La parafernalia pacifista-moralista, el Bono predicador-actor, un puñado de buenas canciones interpretadas en un directo demoledor hacen que U2 estén en su primer punto de inflexión. El camino recorrido ya no da más de sí, renovarse o morir.

Nos encontramos a finales de 1983, y el grupo anda buscando nuevo productor, la persona indicada que les haga dar un paso más allá, guiarles hacia un sonido propio que les aleje de ese rock granolítico donde sienten que ya no pueden hacer más que repetirse. De esta forma, la noticia le llega a Brian Eno, guitarrista de Roxy Music y afamado productor por sus fantásticos e innovadores trabajos (David Bowie (“Heroes”, 1974), que ve en los irlandeses “una banda joven que no ha hecho nada interesante desde Boy”. Brian Eno era su hombre, definitivamente. De la mano del inglés, los irlandeses no sólo darían un gran paso adelante con su siguiente disco “The Unforgettable fire” de 1984, si no que serían varias las veces en las que Eno acudiría en su ayuda para sacarlos de atolladeros creativos.

Y bien, como decíamos, en este nuevo disco lo que encontramos se podría resumir en dos palabras: Experimentación y búsqueda. Eno mueve los hilos adecuados para que los irlandeses experimenten y busquen, no sólo en su música, si no dentro de ellos mismos, como músicos y como seres humanos. La adolescencia ha quedado atrás por completo, el peso de la fama y la consciencia creativa comienzan a pesar sobre sus cabezas con lo que tienen que parar, mirar hacia dentro para mirar luego hacia fuera. Gritar más fuerte no significa que te oigan mejor, parece que susurra Bono (“You got to cry without weeping,talk without speaking, scream without raising your voice” cantaría más tarde Bono). Unos parámetros más calmados son la nota predominante en los surcos del disco, que contrastan con la energía desbocada de sus discos anteriores. Las notas se alargan, los tonos se agudizan, los instrumentos se embarcan en travesías de melancolía, el espíritu de la banda consigue librarse de un corsé que se le había quedado más que pequeño. Y si bien, el disco adolece de parecer, a veces, inconcluso, formado de retazos de ideas, Eno consigue que facturen dos de las primeras canciones sobresalientes de su carrera. La primera es Bad, un llanto desesperado que Bono le canta a un amigo dublinés perdido en el infierno de la droga. La segunda es, como no, Pride (In the name of love), que se convierte al momento en su primer gran clásico. Un riff inconfundible (sacado de una de esas largas sesiones de improvisación a las que el productor inflingía a los músicos), una letra apabullante y un Bono dándolo todo hacen de ella una auténtica obra maestra.
Pese a que, como comentaba, al conjunto del disco le faltaba solidez, Pride hace que U2 triunfen en las listas de medio mundo, y que se hable de ellos como una banda destinada a grandes cosas en el futuro. Como banda nos encontramos a cuatro personas atrapados en cierto aire de misticismo, como si estuvieran concentrados antes del partido crucial del campeonato. Sus conciertos siguen siendo demostraciones de fuerza y rabia descontrolada con un dramatismo que va ganando terreno. Bono, se comienza a mostrar a sí mismo más como artista que como músico (las cosas de los grandes egos) y su interés por salvar el mundo ya se comienza a vislumbrar en sus declaraciones.

En 1985, el simpático Bob Geldof, músico irlandés de segunda con un único éxito (bastante casposo) en 1980 con su banda The Mollrats, tiene la brillante idea de montar el Live Aid, un gran festival con repercusión mediática mundial para concienciar al mundo entero del grave problema del hambre en África. El sistema es sencillo: traer a las más grandes estrellas del planeta para que toquen durante 15-20 minutos, retransmitirlo a todos los países y conseguir una repercusión absoluta de la desesperada situación de millones de personas en el continente africano. La lista de artistas fue aplastante: Tom Petty, John Mellencamp, Bob Dylan, Queen, Madonna... Y claro, semejante tinglado U2 no se lo podían perder. Pues bien, U2 arrasaron. Las cuatro canciones programadas se quedaron finalmente en tres por que durante la interpretación de Bad entraron en una especie de trance que les tuvo más de diez minutos improvisando y dejándose llevar. Simplemente apoteósico. Millones de personas de todo el planeta estaban asistiendo asombrados a la actuación de esos cuatro semidesconocidos en un ejercicio de furia contenida, pasión, carisma… Bono se erigió como ganador por KO del evento (y eso con actuaciones colosales de Petty o Queen!), y pese a que días después tuvo que perderse por la América profunda para recuperarse de la experiencia (una vez recuperado del trance, Bono sintió que había hecho el mayor de los ridículos), algo grande se estaba gestando. Tal es así que en cuando un aún desconocido Bono, llegó a un perdidísimo pueblo del sur estadounidense planteándose abandonar la música, conoció por casualidad a un artista local, un escultor que le enseñó una larga serie de obras que había creado después de actuación de los irlandeses en el Live Aid, que le había conmovido de tal manera que su show le había supuesto una experiencia casi reveladora, una inspiración para su arte, lo cual convenció por completo al dublinés.

El último peldaño para el salo definitivo estaba dado. U2 estaba en boca de todo el mundo y se intuía un futuro prometedor. Las expectativas se quedaron cortas, muy cortas. Lo que vino después no entraba en los planes de nadie. En diciembre de 1987 aparece The Joshua Tree, producido de nuevo por el inquieto Brian Eno. De todos es conocido el alcance que tuvo este disco en aquella época, U2 se convirtieron en mucho más que un grupo de rock, traspasaron la barrera de los estrictamente musical, fue una conmoción cultural total. Sus tres singles, por todos conocidos, coparon los números uno de todo el planeta durante meses, vendían millones y millones, arrasaron a todas las estrellas del momento, sus rostros aparecían en todas partes,… Y claro, para alguien tan desprendido como el amigo Bono, tanta repercusión le venía como anillo al dedo. Se sintió el dueño del mundo y comenzó a comportarse como tal. Él no era Ketih Moon, no era su estilo llamar la atención arrojando muebles por las ventanas de los hoteles, ni se lanzaba a la calle vestido de general nazi. Su rollo era más “místico”. Tan pronto hablaba del fatal daño de las drogas, como del hambre en Etiopía o de los conflictos en Sudamérica. Lo “curioso” es que detrás de esa imagen casi ascética, su pasión por el alcohol (como buen irlandés) y las mujeres (como buen irlandés!!) iba en aumento y le obligaban a llevar una doble imagen que a veces no sabía controlar. Mientras, Adam Clayton, el bajista, buceaba cada vez más profundo en aguas turbulentas; The Edge a punto estuvo de casarse con la sosa de Julia Roberts (Edge nunca tuvo demasiado carisma), y Larry Muller Jr.… bueno, Larry siempre ha tratado de quedarse en segundo plano, como todo buen batería.
Poco tiempo tardaron entonces en volver al estudio. Quizá tratando de aprovechar el tirón comercial, lo cierto es que en diciembre de 1988 lanzan al mercado Rattle & Hum, una colección realmente particular. Aquí se entrelazan nuevas canciones de estudio con grabaciones en directo, versiones de temas propios (Pride, Silver and Gold), covers de clásicos (Helter Skelter, All along the watchover), colaboraciones de figuras indispensables (Bob Dylan, BB King), o una escalofriante recreación de Still haven’t found como himno gospel,... El matiz diferenciador con sus predecesores se encuentra en esta ocasión en que la banda por primera vez se va a dejar influenciar (por decirlo de alguna forma digna, en algunos casos fusilan a gente como Bob Didley en Desire o Elvis en Angel of Harlem) por la música negra americana. El espíritu de los Sun Studio (donde grabaron varios temas utilizando los equipos que décadas atrás usaran Elvis, Cash,o Carl Perkins), de Billie Holliday, Miles Davis,... El resultado fue interesante cuanto menos. A nivel comercial siguió la estela del Joshua Tree, U2 seguía siendo LA banda de rock del planeta, no tenían rivales. Solo hay que ver la película-documental del mismo nombre para comprobar de qué eran capaces los cuatro irlandeses sobre un escenario con sus instrumentos: las interpretaciones de Helter Skelter en San Francisco, o All along the watchover mientras pintaba “rock n roll can stop de traffic” son propias de una banda sobrada de confianza. El Sunday Bloody Sunday hacia el final es sencillamente escalofriante. Otra cosa es que comercialmente el documental, estrenado en Madrid e ideado para las salas comerciales, fuera un estrepitoso fracaso del que Columbia salió bastante escaldada. En la opinión de muchos, pese a las fantásticas interpretaciones, el guión documental deja muchísimo que desear, con unas entrevistas inconexas e interés mínimo y una línea argumental completamente inexistente.



A pesar del enorme éxito de la banda en todo el mundo algo no funcionaba. U2 sentían que de alguna forma se habían traicionado a sí mismos dejándose llevar por un estilo digamos no propio: habían perdido en definitiva su identidad. Comienzan un nuevo punto de inflexión, el segundo en su trayectoria. Estamos en 1988, la moda imperante viene desde Manchester, donde las bandas locales sitúan la ciudad en el mapa musical al hacer emerger una corriente artística que mezcla la cultura pop-rock con sonidos bailables, y en las que sobresalen gente como los Stone Roses, Happy Mondays, Inspiral Carpets, Charlantans,... Y en ese estancamiento artístico, los irlandeses se dejan influenciar por esta corriente de modernidad. De hecho, en el propio Rattle & Hum ya habían dejado un pequeño guiño hacia ese sonido con God Part II, joya olvidada en el repertorio udosero, en la que un ritmo trepidante y una agresiva letra parece romper el hilo conductor de la música negra por la que se diluye el disco.

No es de extrañar entonces, que frente a semejante proyecto, la de dar el salto hacia sonidos mucho más modernos que apenas estaban comenzando a esbozar algunas formaciones inglesas, Brian Eno volviera a apoyar a la banda irlandesa. Y lo hizo ni mas ni menos que llevándoselos (dudo que casualmente) a los Hansa Studio de Berlín, donde Eno grabó con Bowie “Heroes”.

Y bien, no continuaremos más allá por que haría falta otro post igual de extenso o más que este para explicar la afrenta musical que supuso Acthung Baby a finales del 91, justo cuando apenas comenzaba la última gran explosión cultural de nuestro tiempo, donde Nirvana reventaría el status quo musical del planeta con lo que se llamaría el movimiento “grunge” o alternativo, los Red Hot Chili Peppers sorprenderían con su rock-funky-fusión y los REM darían el salto definitivo hacia el star system rockero. Lo que vino, desde luego es historia: el ZooTV Tour reinventó conceptos, y U2,a partir de Pop (1997) dejó de ser una banda de cuatro músicos sobre un escenario para convertirse en una máquina (fría) de rock circense (¿alguien quiere ver a bono disfrazado de músculos salir de un jodido limón gigante? ¿El mismo tío que cantaba sobre la guerra en el Ulster?), y con los años apenas una banda de pop carente de ideas arrastrando un pasado glorioso al que no pueden regresar.

Y eso, como digo, es ya otra historia.

Aquí el Joshua Tree remasterizado.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Free, rock n' blues y la banda más grande de la historia.

Si hay una banda que reinó a lo grande a finales de los 60’s y comienzos de los 70’s, esa fue sin duda Free. La “Blues invasion” provocó en la década de los 60 que las bandas británicas descubrieran los sonidos de la música negra proveniente de los Estados Unidos. Miles de jóvenes que quedaban fascinados por el rock & roll más enérgico, el soul más lascivo o el blues más sucio, como es el caso de Free, cuatro ingleses empapados de Robert Johnson, Muddy Waters o Charley patton.

A la espera de que un día de estos me ponga con el artículo que Free se merece, ahí van un par de videos de la mejor banda de rock & blues de la historia. Led Zepellin y cia pueden esperar sentados, ellos llegaron primero y Paul Rodgers, independientemente de lo que pueda haber hecho después es indiscutiblemente LA VOZ del rock.

I'll be creeping


Fire and water

jueves, 9 de agosto de 2007

Lost Bands - Cómo ser grande y que nadie se entere

Hay bandas que no es que debieran estar reinando en los charts de medio mundo, ni necesariamente vendiendo millones de discos. No es necesario tampoco que salgan a todas horas en la MTV,... pero sí que deberían tener un reconocimiento mucho mayor del que tienen. Bandas que se pelan el culo girando sin parar, dia si dia también, conciertos todos como si fueran el último, y unos discos que tiran de espalda. ¿Y bien? Apenas los conocen tres gatos y cuando se los citas a alguien se creen que es más un ejercicio de snobismo que de sincera adulación.

Todos conocemos decenas de ellas al final siempre se pierden en el olvido y en la indiferencia de la mayoría, de los que no ven mas allá de la MTV o los 40 de turno.

Una de mis bandas favoritas, los holandeses Baby Woodrose, enormes, enormes!



Y en segundo lugar The Blue Van, daneses ellos. Su segundo disco ha flojeado un poco, pero su primer disco "The art of rolling" es sencillamente I-M-P-R-E-S-C-I-N-D-I-B-L-E. Y si te gustan los grupos 60's tipo Zombies, Small Faces ya ni te cuento.
Avisados quedáis.

jueves, 2 de agosto de 2007

Leonard Cohen - Tributo


Ayer pude ver finalmente el documental-concierto homenaje a Leonard Cohen. Me perdí los primeros 20 minutos en los que Rufus Wainwright tuvo que interpretar el Everybody knows (mas marchosa de lo normal), que ya me jode con lo que me gusta esa canción.

Tocaron gente mas o menos desconocida, todos con un nivel muy alto, sintiendo cada nota y dejándose el alma. Pero fueron precisamente algunos de los que debían ser las estrellas de la velada quieres no estuvieron a la altura: Nick Cave y el apestoso cantante de Pulp (qué cojones le ven a este desgraciado) dieron un espectáculo bochornoso. Adoro a Cave, y esperaba ansioso su aparición, pero verle entrar tarde, leer la letra continuamente, equivocarse con los tonos,... Horrible, horrible. Lo del cutre cantante de Pulp me lo podía esperar, no pegaba nada con una canción muy sosa y encima poniendo poses y gesticulando como si estuviera en uno de sus conciertos para gafapastas. Nunca debía haber aparecido por ahí.

Rufus Wainwright lo hizo bien con Hallelujah (imposible compararse a la de Jeff Buckley) y su hermana debería mirarse al espejo cuando canturrea, que tia mas rara. Eso sí, el mejor con diferencia fué sin duda Anthony (el de los Johnsons). Joder, espeluznante, qué forma de cantar. Ahora, qué menuda impresión cuando le vi (solo habia visto las dos fotillos que pusieron en el popu), es un tipo gordete, con un pelo lacio muy feo y se mueve,... pues muy raro, joder, menuda impresión. Eso sí, la interpretación increíble, por aquí os paso el video de If it be your will.


La última canción fue del propio Cohen con U2 como banda (testimonial) de acompañamiento. Mi pregunta es: independientemente del valor como compositor y letrista-poeta de este hombre (fuera de toda duda posible), ¿no os parece que sus canciones se engrandecen cuando las re-interpretan otros artistas? Lo digo por que escucharle esa forma de cantar mono-tono es insufrible. Pero luego te llega otro cantante y la flipas.


martes, 17 de julio de 2007

Carnivale

Esta es un antiguo artículo que escribí para otro blog, compartido (http://locomundojovenes.blogspot.com/) de una de las mejores series televisivas jamás emitida. Por desgracia en España a pesar de "disfrutar" de cosas como Anatomía de gray o Los hombres de Paco, por poner un triste ejemplo patrio, aún no ha llegado a emitirse.


Es evidente que asistimos a un imparable retroceso del cine americano: un nivel que baja hasta niveles ridículos, con revisiones de clásicos y de no tan clásicos, copias absurdas fotograma a fotograma, precuelas y secuelas imposibles,… Un proceso que no hace sino mostrar con descarnada crudeza que en las laderas de Hollywood las ideas son un bien escaso, y que la industria cinematográfica, autocomplaciente como pocas, se ve a sí misma sin posibilidad de reacción, sin capacidad de iniciar la búsqueda de nuevas propuestas y de asumir riesgos.

Y mientras el cine pierde fuerza, comprobamos como la televisión ha venido ocupando en cierto sentido ese lugar que el séptimo arte ha dejado vacío. La necesidad de desarrollar propuestas distintas a los patrones establecidos en Hollywood por parte de creativos, directores o guionistas les ha llevado a buscar un hueco en los canales televisivos, donde disponen de más libertad, y en cuyo formato parecen encontrarse más cómodos, sin las cortapisas propias de las grandes distribuidoras cinematográficas. El resultado, sin duda, no puede ser más brillante.

Históricamente las series han sido divertimentos más o menos afortunados, que, atrapados por la dictadura de los niveles de audiencia aparecían y desaparecían sin aviso; producciones de escaso presupuesto con guiones y efectos más propios de la serie B (el Superhéroe americano); actores de tercera e historias infumables que los acercaban mas de lo deseable a las terroríficas telenovelas latinoamericanas (Falcon Crest, Dallas, Norte y Sur…), producciones con un insuperable encanto kitch (el Coche fantástico, el Equipo A, Starky y Hutch, Orzowei, Galáctica),… Ciertamente pocas series que no fuesen comedias habían conseguido un nivel comparable a las grandes producciones cinematográficas. Quizá Twin Peaks, The Twilight zone, Doctor en Alaska… Mención aparte se merecen los Simpsons, sin duda el mejor programa de la historia y que lleva quince años en antena, aunque supongo que no es comparable al tratarse de una serie de animación (si bien está claro que Homer está más presente en la vida de muchos de nosotros que gente de carne y hueso de nuestro alrededor).

Todo esto ha cambiado. Las cadenas de televisión decidieron dar un considerable salto cualitativo en sus propuestas. HBO, WB, NBC,… han apostado fuerte y definitivamente han ganado.¿Cuántos de nosotros no nos hemos enganchado con alguna de estas series estos últimos años? ¿Cuántos no nos hemos quedado prendado de Lorelai y Rory Gilmore? ¿Quién no se ha quedado perplejo con cada nuevo giro de guión de Perdidos? ¿A qué hora nos hemos acostado viendo capítulos y capítulos de los mafiosos de New Jersey? ¿Quién no ha visto varias veces los episodios de Seis metros bajo tierra? ¿Se puede mejorar el reparto de actrices de Mujeres desesperadas? ¿Quién no querría tener a Kirk como vecino en Stars Hollow o estrangular a Taylor?

Si tratamos de analizar qué es lo que tienen en común series tan diferentes entre sí, llegaríamos a la conclusión de que muchas se basan en historias desarrolladas desde enfoques distintos a los habituales (Seis metros bajo tierra, Chicas Gilmore, House …), que cuentan con guiones sólidos (Perdidos, Mujeres desesperadas, Invasión,..), que se sostienen sobre extraordinarias interpretaciones de fantásticos actores (James Gandolfini, Clancy Brown, Lauren Graham, Edward Herrmann, James Caan…) y sobre ambientaciones sobrecogedoras (la isla de Perdidos, los desiertos de Carnivale, el Montecito de las Vegas, la cárcel de Prison Break, …),…

¿Por donde comenzar? En el primer lugar de la lista estarían por méritos propios Los Soprano, una majestuosa recreación actual del mundo de la mafia ítaloamericana, alejada de los fastos de mafiosos de New York, las Vegas, o Chicago. Aquí estamos hablando DEL capo de New Jersey, el enorme Anthony Soprano, más conocido como Tony (“To” o directamente “T”), unos 200 kilos de clase, mala leche y problemas psicológicos directamente provocados por su peculiar trabajo, su madre y su tío Junior. Supongo que la mayoría ya se habrá empapado de todas sus temporadas (la sexta, a punto de ser estrenada en España, es la definitiva, para nuestra desgracia), así que sabréis de lo que hablo cuando puedo asegurar que Los Soprano es lo más grande que nos ha proporcionado la televisión desde que Orzowei colgó el arco.
Así, con los Soprano, o quizá gracias a ella, apareció esta nueva generación de series que nos ha “obligado” literalmente a pasar horas y horas delante de la pantalla. “Seis metros bajo tierra”, “Las chicas Gilmore”, “Prison Break”, “Perdidos”, “Invasion”, “Alias”, ”Mujeres desesperadas”, ”House” “Roma”, “Las Vegas”… dejan en muy mal lugar otras series anteriores como “Sexo en Nueva York", “Urgencias” (por dios, el doctor House es mucho más interesante que el sosísimo de Clooney) o “Ally McBeal” (¿qué puede hacer la escuálida Calista Flockhart al lado de Eva Longoria ó Lauren Graham? ¡Absolutamente nada!), que presuntamente representaban la vanguardia en las propuestas televisivas en su momento.

Sin embargo, en esta ocasión no hablaremos de ninguna de ellas, todas estrenadas en España y con suficiente difusión a través de canales públicos o del canal Fox (we’re not worth it, we’re not worth it…), si no de una obra maestra de la pequeña pantalla, una serie que ha roto los esquemas en los Estados Unidos y cuya emisión en nuestro país es cuestión de tiempo: Carnivale.

Bien, para lo que nunca hayan oído hablar de Carnivale, comentar que era una serie de la exitosa cadena HBO, responsable de Los Soprano o Seis metros bajo tierra. Y digo era por que HBO anunció recién finalizada la segunda temporada que la serie se daba por concluida debido a motivos de rentabilidad. Parece ser que los niveles de audiencia alcanzados no podían sostener unos costes tan altos, debido a que, entre otras cosas, la acción se desarrolla casi enteramente en exteriores, y desde luego, viendo la calidad de facturación de la serie se hace evidente que no debía ser barata. Claro que, lo que los ávidos directivos de HBO no podían sospechar, era que habían creado un monstruo con vida propia. Sucedió que al momento de anunciar su cancelación, cientos de miles de enfermizos fans de Carnivale, furiosos y desquiciados bloquearon los buzones de correo electrónico y saturaron las líneas de teléfono de las oficinas de HBO reclamando un final para la serie, ya que la segunda temporada aún dejaba cabos sueltos, algo así como seguir sin saber quién demonios mató a Laura Palmer.
Para comenzar, Carnivale se desarrolla en el sur de los Estados Unidos en el año de nuestro señor de 1934, justo después del gran desplome de la bolsa norteamericana en el 29, crack bursátil que condenó a la más extrema pobreza a millones de ciudadanos, abocándolos directamente a la muerte por inanición, enfermedad o simplemente a la locura y la esquizofrenia que produce haber perdido todo en cuestión de minutos. Las habituales imágenes que vemos de aquella época se recrean con descarnada crudeza: familias enteras tiradas en el camino, harapientos padres de familia enterrando sus recién nacidos, fábricas funcionando a duras penas en condiciones infrahumanas y sustentadas por el trabajo de escuálidos niños,… El gran sueño americano a principios del siglo pasado.

Antes del principio, después de la Gran Guerra entre el Cielo y el Infierno...
...Dios creó la Tierra...
...y dio dominio sobre ella al habilidoso mono al que llamó Hombre.

Y en cada generación nació una criatura de luz...
...y una criatura de oscuridad.

Y grandes ejércitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra...
...entre el Bien y el Mal.

La magia existía entonces, la nobleza...
...y una crueldad inimaginable.

Y así fue hasta el día en que un falso sol explotó sobre Trinidad...
...y el Hombre cambió para siempre la maravilla...


Evangelio según San Mateo.

En este ambiente de incertidumbre y desesperación que hemos descrito, un circo ambulante se mueve de pueblo en pueblo a través de los desérticos parajes del sur americano, tratando de limpiarles unos pocos dólares a los habitantes de los poblados que se encuentran en su camino. Y en ese errático caminar que los dirige, se tropiezan con un extraño y confuso joven, Ben Hawkins (Nick Stahl), que en cuya granja en mitad de ninguna parte trata de enterrar a su madre, una mujer cuyo fanatismo religioso y salud mental la hizo rechazarle afectiva y físicamente hasta el final de sus días. Y si bien algunos de los componentes de la caravana pretenden abandonar al joven a su suerte, inconsciente, famélico, sucio y encadenado, el jefe de la caravana, un particular hombrecito de medio metro, Samson (Michael J. Anderson), decide acogerlo bajo la misteriosa premisa de la dirección del circo, “management”, del que sólo se intuye una ronca voz detrás de una cortina roja en el interior de un tenebroso carro. A partir de ese momento, Hawkins entra a formar parte de Carnivale, lo cual responde a un cuidado plan trazado por el misterioso “management”.

Al mismo tiempo, se nos aparece la figura de un sacerdote metodista, el hermano Justin, un tipo de aspecto intimidatorio que pese a su alzacuello y su sonrisa beatífica, desde el primer instante te infunde poco menos que un respeto inquietante que linda con el miedo. Justin, junto a su inseparable hermana, la no menos turbadora Iris, andan tratando de difundir la palabra del señor entre las clases más desfavorecidas. Sin embargo, los métodos del bueno del hermano Justin no son digamos, convencionales. En el primer episodio consigue hacer que una pobre mujer sucia y desquiciada reconozca en su propia parroquia los robos que ha venido realizando del cepillo de la iglesia. En realidad no le convence a ella, si no a su estómago, dando como resultado una secuencia que te descoloca por completo, en un ambiente austero, gris y asfixiante. Cosas del entrañable hermano Justin. Y si el joven Hawkins entra a formar parte de la gran familia circense ambulante con un extraño halo de secretismo en su mirada, paralelamente el hermano Justin desarrolla una extraña e íntima fijación en la creación de una iglesia para disfrute propio y de sus peculiares feligreses.

¿Y qué tienen en común estos dos personajes? Aparentemente nada en absoluto. Tan sólo la pequeña circunstancia de que sus sueños coinciden, y en estos aparecen las mismas inquietantes imágenes: secuencias sin sentido de guerras europeas, lobos atacando en trincheras nazis, espectros con árboles tatuados en el torso, miembros cercenados,… Y a la vez, en que ambos se saben poseedores de extrañas capacidades y piezas fundamentales de un juego que les supera irremediablemente, un juego más antiguo que el propio mundo.

Y si el hermano Justin y Ben Hawkins acaparan un justificado protagonismo en las dos temporadas, no podemos desmerecer al resto de personajes que pululan por los polvorientos paisajes de Carnivale, y que esconden turbulentas personalidades e impecables interpretaciones, desde el pequeño Samson, que vigila y escruta todo lo que sucede a su alrededor y que sirve como portavoz de las directrices del invisible “management”; Sofie, la joven echadora de cartas que se comunica con su madre, Apollonia, postrada desde hace años sin siquiera pestañear pero cuya presencia inquieta a todo quien se la acerca; Iris, una hermana fanática de dios y de su hermano, capaz de asesinar por la obra divina de Justin; la calentorra Rita Sue y su peculiar familia, el entrañable Stumpy y la inquieta (y no menos calentorra que su madre!) Libby; el cabronazo de Lodz, ciego que ve el más allá, y su compañera Lila, la mujer barbuda,… Desde luego, una galería de personajes desconcertante.

Para terminar, no podemos dejar de hablar de Carnivale sin citar sus dos influencias más evidentes: David Lynch y “Freaks”, de Todd Browning. Está claro que la serie bebe directamente de la iconografía de Lynch, sus ambientaciones retorcidas y asfixiantes, inquietantes recreaciones de épocas y de personajes retorcidos,... Pero si es deudora de la obra del director norteamericano, no lo es menos de la película “Freaks”, de Todd Browning, esa maravillosa paradoja sobre la belleza y la fealdad del ser humano que tan bien supo reflejar Browning en su película, ambientada “casualmente” en la misma época y el mismo ambiente que nuestra serie de freaks favorita.Carnivale, en definitiva… una obra maestra.

jueves, 12 de julio de 2007

SIMPSONS FREAKS!!!!!!!! (y II)

LO DIFÍCIL ES MANTENERSE.
Es evidente que mantener el mismo nivel de una serie temporada tras temporada durante años no es fácil. Los Soprano, Frasier, South park o cualquiera de las que tengáis en mente siempre, de una forma u otra, terminan por sufrir ese inevitable bajón. Y efectivamente, el caso de los Simpsons, por desgracia, no ha sido diferente.
Fue ya en la 9ª temporada cuando una serie de circunstancias hicieron que comenzara a bajar el nivel de los episodios. Matt Groening, saturado, se dedicó a otros proyectos (Futurama, comics,...), y además, los guionistas que habían trabajado en las primeras temporadas fueron dando paso a otros mucho menos afortunados, como el caso de Al Jean. O Mike Scully, responsable de que Homer comenzara a parecer más estúpido de lo normal (las comparaciones con Peter Griffith de Padre de familia no son gratuitas), y las situaciones cada vez sean más forzadas con gags sin la misma frescura que antes. Además, el nivel técnico del dibujo aumentó considerablemente, lo cual no hizo sino hacerlos más fríos. Además, en España, la situación se hizo más dramática: En 2000 moría Carlos Revilla, director de doblaje de la serie y responsable de darle voz (y alma) a Homer, y a pesar del buen trabajo de Carlos Ysbert sustituyéndolo, los Simpsons no volvieron a ser lo mismo.

Ahora Matt Groenning vuelve a involucrarse en los nuevos episodios (aunque su prioridad es recuperar Futurama), y se han recuperado a algunos guionistas clásicos. ¿Volveremos a los viejos tiempos?

MEJORES EPISODIOS.

Homer contra la 18ª enmienda: Homer es el Barón de la birra. Insuperable.
Homer tamaño king-size: Engorda 135 kilos para escaquearse del trabajo. Genial!
Hermano del mismo planeta: No se puede mejorar algo así.
El cuarteto vocal de Homer: Obra maestra.
Homie, el payaso: Con Krusty y contra la mafia.


¿ERES UN VERDADERO SIMPSONS FREAK?

¿Tu perro se llama Homer o Barny? ¿Te ríes de las desgracias ajenas con un “HA-HA” al Nelson style? ¿Tu vajilla está llena de rostros amarillos? ¿Te sabes de memoria diálogos enteros? ¿Babeas con la lengua fuera cuando algo te gusta?... Entonces,... enhorabuena!! Eres un verdadero Simpsons Freak!


CARLOS REVILLA

Si hay alguien culpable del éxito de los Simpsons en España ese fue sin duda Carlos Revilla, voz de Homer y director de doblaje de la serie hasta que en 2000 un infarto nos dejó sin el alma de nuestro héroe, un duro golpe para la serie del que nunca se repondrá por completo. Eternamente agradecidos.


LOS SIMPSONS: LA PELÍCULA

El 27 de julio se estrena por fin la primera película de los Simpsons, tras meses de filtraciones de secuencias inacabadas, cambios argumentales, rumores dirigidos,... Una expectación nunca antes vista en un film de características parecidas. Sin duda el acontecimiento cinematográfico del año!

martes, 10 de julio de 2007

I'M A SIMPSONS FREAK... AND I'M PROUD!!!

Casi 20 años hace ya que aparecieron por nuestras pantallas. A finales de los ya lejanos años 80 unos personajes mal hablados, extrañamente amarillos y de horrible trazo se colaron en nuestros indefensos televisores. Hoy en día, tras 400 capítulos emitidos, una película a estrenar y cientos de productos invadiéndonos, los Simpsons, más que una serie de dibujos animados, son casi una filosofía de vida (Oups!).

Matt Groenning, creador de la serie, suele comentar con asombro cómo ha llegado a evolucionar esta y que, realmente, no tenían ni idea de lo que estaban creando en aquel momento. Groenning se basó en las tiras cómicas que dibujaba en un periódico por aquel entonces, aunque reconoce que los personajes principales los desarrolló en unos minutos, justo antes de una reunión en unos estudios de televisión.

En cualquier caso, y ni él mismo sabe cómo, consiguió convencer a la Fox para contratar una temporada de esos extraños dibujos en una época en la que los cartoons eran inofensivos y estaban dirigidos a un público infantil. Es entonces cuando a finales de 1989 sale en antena en los USA el primer episodio, aquel en el que Homer casi se carga las navidades de la familia. Ese capítulo no era más que un boceto de una idea aun por desarrollar donde las voces eran raras, los personajes poco definidos, los rasgos mal acabados,… Barney era rubio y le hablaba de Ud. a Homer, Moe tenía el pelo negro y su Moe’s era un sitio casi respetable, Smithers era negro y… heterosexual! Pero aún así, la serie tuvo éxito.

Durante los siguientes episodios la serie se asienta y se convierte en todo un fenómeno social. La línea argumental de estos primeros capítulos gira en torno a la figura de Bart, un gamberro de 10 años imposible de controlar. Su frase más utilizada era “multiplícate por 0”, y disfrutaba molestando en especial al irritable Homer, que en estas primeras historias no pasa de ser un mero espectador de las trastadas de su hijo.

Sin embargo, a pesar de que la serie se va consolidando cada vez más y que aparecen nuevos e interesantes personajes, el transcurrir de los episodios hace que emerja una figura sobre todas las demás, provocando que Bart pierda peso en la serie. Y es que nadie puede competir con uno de los personajes definitivos de la televisión, el inigualable, genial, padre de todos nosotros… (Por favor, todos de pie)... Homer J. Simpson!


¡CALLAOS HIPOGLÚCIDOS!


Definitivamente hablar de los Simpsons es hablar de Homer. Para algunos es idiota, para otros un genio incomprendido, un retroceso evolutivo o EL héroe de nuestro tiempo, pero en realidad es todo eso y mucho más.

Homer es un norteamericano medio de unos treinta y tantos que trabaja no se sabe muy por qué como inspector de seguridad de la central nuclear (“nuuucelar, se dice nuuuceelaaar,…” asegura Homer). Está casado con Marge Bouvier y tienen tres hijos: Bart, la inquieta Lisa y Maggie, la pequeña, de la que se sabe bastante poco, a parte de su afición a los chupetes, su odio al bebé vecino de una sola ceja y su puntería con armas de fuego.

Las aficiones de Homer son básicas: comer, beber,y ver la TV (si es de cable y gratis, mejor). Todo su mundo gira alrededor de una Duff bien fría, su sofá con la marca de su trasero y una caja de Donuts (¿acaso hay algo más?). Y si en casa no puede se relajar, el mejor sitio al que ir a buscarle es sin duda el bar de Moe, con su inseparable Barny siempre apalancado en la barra con una jarra de cerveza.

La vida de Homer parece de lo más sencilla, pero lo cierto es que es impredecible: parando cañonazos con su barriga ha formado parte del festival itinerante Hoollapalooza compartiendo escenario con Sonic Youth o Peter Frampton; participó en un programa de reclutamiento de ciudadanos de a pie para la NASA que ganó gracias a que Barny se emborrachó con una copa de champagne (sin alcohol!!) y consiguió así viajar por el espacio como un astronauta más; arruina a su hermano, empeñado en que Homer diseñara el coche definitivo (“lo más importante para un verdadero americano es dónde poner la cerveza en el coche!”); ha sido guardaespaldas del alcalde Quimby y se ha convertido en el rey de la birra durante la ley seca de Springfield; ha suplantado al payaso Krusty y se ha enfrentado a la mafia o incluso a Dios, con quien llega a un ventajoso acuerdo; se ha fugado a Las Vegas con su Némesis, Ned Flanders, donde se casan con dos busconas en plena vorágine etílica,…

La lista de momentos delirantes es sencillamente interminable. Cada uno tendría cien distintos y todos seguirían siendo geniales. Algunos citarían cuando Homer quiere demandar a un restaurante por publicitar "Coma todo lo que quiera" y el abogado comenta "es el caso de publicidad fraudulenta más claro que he conocido desde que se editó La historia interminable", o el de Spinal Tap, pero también aquel donde Homer salta accidentalmente en monopatín la garganta del diablo, cae, le suben en helicóptero, le meten en la ambulancia, se estrella contra un árbol a dos metros (!!), se abren las puertas y vuelve a caer...

Desternillantes también son las salidas de tono de Homer, e igualmente podríamos llenar páginas enteras: "Marge, estoy de acuerdo contigo en teoría, y en teoría, funciona hasta el comunismo!".

¡SPRINGFIELDIANOS!

A pesar de ser Homer uno de los personajes definitivos de la historia de la televisión, no es menos cierto que está rodeado de otros tan importantes como fascinantes: desde Flanders, capaz competir en carisma con Homer; el infame Moe Szyslak, que ofrecería a su madre por vender otra Duff; Barny Gumble, un encantador desecho humano; Krusty el payaso, el héroe de los niños (Bart lo adora) que fuma, apuesta, bebe y se va con mujeres de dudosa reputación; Charles Montgomery Burns, el retorcido dueño de la central nuclear y su enamoradizo Waylon Smithers; Troy McClure, Selma y Pati, Nelson, los Wiggum (Clancy y Ralph), Milhouse, Skinner, Apu Nahasapeemapetilon, Lionel Hutz… demasiados como para un solo artículo pero fundamentales en la serie.
MMM, ¡UN SEXTETO CERVECIL!

Si de algo se pueden sentir orgullosos los guionistas de los Simpsons es de haber desarrollado un estilo propio que bebe de diversas fuentes. La lista de películas a las que han rendido homenaje es larga: La ventana indiscreta, Goldfinger, The planet of the apes,… Desde pequeños guiños escondidos para cinéfilos enfermizos (Bart sirviendo champagne como lo hacía Jake La Motta en Toro Salvaje) hasta auténticos homenajes a clásicos: la secuencia a lo Pulp Fiction en la que el capitán Wiggum persigue a Snake hasta la tienda de Herman donde son maniatados con una bola de billar en la boca; el majestuoso episodio en el que Homer se convierte en el Barón de la birra en una recreación de Los intocables de Eliott Ness; las escenas calcadas de Goodfellas de Scorsese,… Incontables los detalles del mundo de Star Wars, como en el episodio donde Homer, por salvar a Mark Hammil (Luke Skywalker) de la convención Star Wars, se convierte en guardaespaldas (a lo Kevin Costner) del alcalde Quimby (Al pobre Hamil incluso le echan en cara que no terminó su instrucción como Jedi! Delirante)...

Casi igual de recurrente que el mundo del celuloide es la música en general, y el rock en particular. Marge está perdidamente enamorada de Ringo Star (que después de 20 años aún sigue contestando la correspondencia atrasada de sus fans), Lisa es una fanática del jazz (domina el saxo con cierto virtuosismo, pero se le ha visto tocar la guitarra, la flauta o… la tuba!), Bart fue a un concierto de Spinal Tap (100% Spinal Tap!!) y durante dos minutos quiso ser un guitar hero (Homer: “Bart…, si ves que algo es difícil… significa que no merece la pena!”) y Homer,…

Homer es un rockero de los pies a la cabeza, como debe ser. Pese a que a veces confunde a los Led Zepellin con otras bandas, sus gustos son absolutamente contagiosos, desde las bandas más grasientas de los 70 (Grand Funk Railroad, Buchman Turner Overdrive), a Barry White o los mismísimos Who (memorable aparición de la banda con Keith Moon en segundo plano!), y las apariciones de rock stars son legendarias (Jagger, Bono, Aerosmith,…).

En definitiva, han sido 20 años en los que Homer y compañía nos han hecho pasar ratos inolvidables, y ahora, al cumplir esos 400 episodios emitidos, qué mejor forma de celebrarlo que en el sofá, una cerveza bien fría y la mejor serie de todos los tiempos.

¡Y que sigan muchos más!