martes, 17 de octubre de 2017

Sarah Shook & The Disamers: “Sidelong”.


Una de las sorpresas de la temporada, accidentalmente (como suele pasar con las mejores cosas de la vida) ha llegado a mis oídos el primer trabajo de esta mujer de Carolina del Norte. Música country pero actitud punk, lo hemos escuchado muchas veces, pero es así. Una chica proveniente de un hogar de la América profunda, familia ultraconservadora y un alma libre de las que se llevan por delante cualquier muro que le pongan. En “Sidelong” nos regala una espectacular colección de canciones que valen su peso en oro no solo por su actitud, que la tiene, a borbotones. Las canciones de Sarah son adictivas, canciones de carretera y barra de bar, los tipos de  Bloodshot Records (Lydia Loveless, Nikki Lane…) en Chicago lo debieron ver más que claro cuando “Sidelong” cayó en sus manos y decidieron apostar por él y darle una segunda oportunidad, desde cuyo momento Sarah ha estado girando sin parar por todo el mundo. 

No os dejéis engañar por el aspecto liviano de Sarah, esta mujer va sobrada de carisma y carácter, y su música te atrapa, os puedo asegurar que de la ingente cantidad de temas y grupos nuevos que llevo escuchando estas últimas semanas su voz y sus canciones han sobresalido de forma natural sobre todo lo demás. Ni los sonidos más fuertes o más densos han sido capaces de hacerle sombra a esta chica y a su música. No lo dudéis, Sarah tiene muchas cosas que contar y sabe cómo hacerlo. 




miércoles, 11 de octubre de 2017

La Big Rabia: Tangos de ultratumba desde Chile.


Desde Chile viene este intenso dúo, bolero denso y lúgubre, con un disco producido por Pedro de Dios (Guadalupe Plata/Pelo Mono), una colección de canciones de bar oscuro, vodevil y tango de ultratumba. Los conocí en el pasado Monkey Weekend celebrado en El Puerto de Santa María y me atraparon al instante. Tipos serios, sombríos, casi inexpresivos, pero músicos mayúsculos, la intensidad con la que dotan sus interpretaciones es de las que te hielan la sangre. Mención especial a la descomunal paleta de sonidos y ritmos que Iván Molina (Vaniv) es capaz de dotar a su batería, pocas veces había visto algo tan intenso a las baquetas y a la vez tan parco. Sebastián Orellana (Puñete) por su parte envuelve al oyente con su guitarra, a veces suave y a veces doliente, encajándola con una voz aterciopelada pero con mucha fuerza. “Dime” es un claro ejemplo, comienzas con una suavidad y una cadencia exquisita, los pies se te van solos cuando te das cuenta estás bailando un bolero denso e hiriente. Con una canción tan soberbia ya te han ganado. Con el corazón roto, pero ganado. En “Quiero paz” el ritmo sube aunque en realidad parece que has descendido a los infiernos con una cadencia que quiere jugar contigo, una especie de Screaming Jay Hawkins convertido en crooner latino de ultratumba cortejándote en la pista de baile… “alabado sea el señor!”, grita Puñete como si se tratara de un ritual invocando a los dioses del averno. En “No hay demonios” si no te han atrapado lo terminan de hacer, caes en sus redes por completo. Unas melodías matadoras, cadenciosas y tenebrosas, una especie de canto de amor, afilado y sinuoso, esa guitarra suena a gloria aquí. No hay duda que la elección de Pedro de Dios ha sido acertada, los parecidos estilísticos entre ellos es evidente. 

Un trabajo, en definitiva, excitante e intenso, una pequeña gran obra maestra esperando a que la descubras.