miércoles, 13 de junio de 2018

Monkey Weekend 2018, entrevistamos a Tali Carreto: "El Monkey es el único festival que no tiene backstage, porque todo él es backstage".


Para todo el que le guste la música, los Monkey son una auténtica bendición, tanto en El Puerto de Santa María primero como en Sevilla en la actualidad, los chicos de La Mota han organizado auténticas fiestas musicales que van mucho más allá del festival al uso. El próximo fin de semana regresa el "hermano pequeño" a la localidad gaditana y hemos charlado con nuestro querido amigo Tali "no me puedo estar quieto" Carreto.

Lleváis unos doce años organizando festivales, hace tres años decidisteis cambiar la ubicación del Monkey Week a Sevilla, pero el año pasado volvisteis al Puerto de Santa María con un “hermano pequeño”, el Monkey Weekend, ¿por qué decidisteis volver? 

En realidad no hemos vuelto, si no que más bien nunca nos hemos ido. Cuando decidimos trasladar el Monkey Week a Sevilla por puras razones de crecimiento y necesidades logísticas, hubo personas –sobre todo de El Puerto de Santa María y Cádiz, claro- que pusieron el grito en el cielo y, como en los contratos con las telefónicas, no leyeron la letra pequeña. Y es que desde un primer momento avisamos que, aunque el Monkey Week se movía, sí, teníamos la intención de crear otro evento bajo la misma cabecera en El Puerto. Y así fue, solo un año después ya nacía Monkey Weekend, con la misma filosofía y naturaleza del primogénito, pero sin la parte profesional que era la más complicada de sustentar en una localidad como la nuestra. Porque Monkey Weekend es también un festival 100% urbano, en sintonía con la ciudad, que apuesta por el talento emergente y por una programación diferente a la tónica habitual y repleta de sorpresas e iniciativas inesperadas.


Me imagino que la decisión de emigrar a Sevilla tuvo opiniones de todo tipo, pero después de este tiempo,  ¿cómo valoráis el cambio?

Más que positivo. Era un paso adelante necesario y lógico. Tenemos un amigo que definió bastante bien lo que pasó, comparándolo con el hijo que crece, tiene que abandonar el colegio y decidir a qué universidad ir, en muchos casos fuera de casa. No encontramos mejor símil: si queríamos que el Monkey Week siguiera adelante como cita profesional y cada año fuera a más, el traslado a Sevilla era una decisión consecuente.

Para el que nunca ha disfrutado de un Monkey, ¿en qué se diferencia respecto al resto de festivales al uso?

En bastantes cuestiones. Por un lado, en la cercanía que se establece entre artistas y público, porque los escenarios no son enormes, porque los músicos se mezclan con los asistentes como si fueran un espectador más, por apostar por bandas pequeñas que un día serán grandes… Fue Paco Loco quien dijo en una ocasión que el Monkey es el único festival que no tiene backstage, porque todo él es backstage. Qué grande Paco. Y qué lúcido siempre.

Por otro lado, el que sea un festival totalmente urbano, en el centro de la ciudad y a pie de calle, también te permite saltar de concierto a concierto sin aglomeraciones, pudiendo parar a comer en cualquier bar, irte de tapas entre un bolo y otro, incluso volver a tu hotel o apartamento a darte una ducha antes de volver al ruedo. 

Y por último el Monkey es muy loco. ¿Dónde si no has podido disfrutar de conciertos en una pista de coches de choque? ¿O que te rieguen desde una azotea cuando andas sudando de lo lindo viendo un bolo en un garaje? ¿O subirte a cantar a un karaoke con Los Jaguares de la Bahía como banda en directo?

La Big Rabia

Este año en el Monkey Weekend tenemos un cartel espectacular, con Pájaro, Soleá Morente o Guadalupe Plata como grandes reclamos junto a valores seguros como Marina Gallardo o el Lobo en tu Puerta, pero… ¿qué otras formaciones nos podríais recomendar de esas que consideras “imperdibles”? 

A eso se llama meterme en un aprieto, jaja. Partiendo del hecho irrefutable de que todas las bandas en Monkey Weekend son imperdibles, sí te puedo citar aquéllas que para mí son filias totalmente personales. Pienso por ejemplo en Camellos, con estribillos que llevan todo un año en mi cabeza.  O Esteban & Manuel, que llegan dispuestos a superar la reválida tras su exitazo el pasado Monkey Week. O grupos de los que últimamente todo el mundo habla y que en los próximos meses se van a hacer, sin duda alguna, mucho pero que mucho más grandes, como Carolina Durante o Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. O amigos que siempre te aseguran la fiesta, y encima entregan discos tan cojonudos como el último: Los Nastys. O una delicatesen que me ha seducido en disco y que espero con ansías ver en directo para ver cómo traducen tanta exquisitez: Kou Keri Kou. Y así podría pegarme toda la entrevista, ay...

Unos que repiten y que el año pasado me volaron la cabeza son los chilenos La Big Rabia, parece que se han quedado a vivir en España, ¿Sabéis qué tal les ha ido girando con Pelo Mono?

Más allá de su experiencia conjunta con Pelo Mono, puedo confesarte que La BIG Rabia es una delicia que, con un poco más de suerte, pueden dar la campanada. Su nuevo disco es una gozada y ojalá el Monkey Weekend les sirva para reivindicarse como se merecen, y ganar aun más adeptos. 



A parte del cartel habitual de los “Monkeys”, es decir, conciertos/showcases repartidos por toda la ciudad durante los dos días, este año hay varias sorpresas, ¿no? Karaokes, talleres… Contadnos un poco…

Del karaoke con Los Jaguares de la Bahía ya te he apuntado algo antes. Va a ser un gustazo para nuestro público poder cantar –o destrozar, ya veremos- en directo temazos como “Te estoy amando locamente” de Las Grecas o el “Sweet Caroline” de Neil Diamond con tan excelsa compañía de músicos ilustres: Paco Loco, Pablo Errea, Patri Espejo, Chuchi Cabral… más algún invitado estelar. Dios (Hendrix) nos coja confesados.

Los talleres es una iniciativa que ya pusimos en marcha el año pasado con el Instituto Andaluz de la Juventud, y que este año repetimos de nuevo con doble fórmula: un taller de video donde Jesús Sánchez enseñará a los jóvenes alumnos a realizar una after movie del festival, y un taller de radio donde Cecilia Gatica realizará codo con codo con otros adolescentes un programa de radio en pleno Monkey Weekend.

Y luego no podemos olvidar algunas novedades, como ese circuito de música tradicional en patios de casas palacio y en el que contaremos con el buen hacer de artistas como Ayalga, Víctor Herrero y Sant Miquel, y que sin duda va a descubrir nuevos tesoros de la ciudad al público del festival. 

¿Algo más que añadir?

Sí, que este año el festival no dura solo viernes y sábado, si no que además habrá una coda final de lo más suculenta: concierto en acústico de Pájaro el domingo a la hora del vermú, y una pinchitada popular después para irse, nunca mejor dicho, con el mejor sabor de boca posible. 

Mil gracias, chicos…

¡A vosotros!

miércoles, 2 de mayo de 2018

Ya tenemos el flamante número 4 de Rock Bottom Magazine...


Como está siendo costumbre cada dos meses, desde hace medio año ya tenemos "en los kioskos" el nuevo número de la revista digital de moda (...). Si con el anterior nos destapamos con una espectacular portada y entrevista a Steven McDonald de Redd Kross, en esta ocasión hemos conseguido charlar con Greg Strzempka, de Raging Slab, que nos cuenta cómo es su vida después de la pérdida de Elyse, su mujer y su compañera en la banda. Posiblemente la mejor entrevista que uno haya hecho nunca. Tampoco se queda atrás el artículo de Cristina Rodríguez sobre su adorado Peter Steele; sobre la emperatriz del blues, Bessie Smith; la entrevista que Adolfo Alcócer realiza a los barceloneses Deadyard o a The Brass Buttoms... En definitiva 60 páginas repletas de rock & roll, no dejéis de descargarla (aquí).


lunes, 9 de abril de 2018

“El Gran Poder”, de Pájaro: Mantén la fe.


Solía decir Jim Morrison que el tercer disco marcaba el final del comienzo, que representaba un punto de inflexión en el que el artista, el músico, debía trabajar sin el material acumulado durante años, que es de alguna forma el primer disco que se hace desde cero, a conciencia. Pájaro nos ha venido deslumbrando desde que publicase “Santa Leone” y posteriormente con “He matado al ángel”, dos obras maestras que deberían haberlo encumbrado al altar de los grandes. Mi miedo, un miedo secreto de esos que no compartes para que no tomen cuerpo, era que el nivel de estos trabajos fuera complicado de mantenerse, como si temieras que el amor a alguien acabase resintiéndose de alguna forma inexorable que solo el tiempo entiende, era imposible mantener ese nivel, parir una obra maestra detrás de otra. Pero mi falta de fe ha sido castigada, Pájaro ha vuelto a regalarnos (porque esto sólo puede catalogarse de regalo) otra obra de arte grande, hermosa, grandilocuente en su sencillez, repleta de matices, repleto de recovecos emocionales como si fuera un retablo de iglesia barroca en el que en cada vericueto, en cada pliego se acumula el polvo de la carretera, el incienso, la sangre, el carisma y el talento, talento y carisma que se le caen a borbotones a este artista de corte profundo llamado Pájaro.

Corre, chacal, corre” inicia como si comenzaran los créditos de la película, polvorienta, dolorosa, intensa, ¡qué canción! En “Los callados” Pájaro duele, porque la belleza también duele, un canto a la libertad y en defensa de los olvidados, esos vientos elevan la canción hasta encogerte las entrañas. No puedo evitar decir que, como en todos los trabajos de Pájaro, la producción es de una belleza exquisita, está cincelada con un gusto, una delicadeza y un empeño descomunal, una colección de detalles impresionante. Acústicas y vientos aquí, riffs con distorsión allá, el hammond de Julián Maeso que aparece… las canciones aquí son como grandes obras pictóricas conformadas por mil y una pinceladas propias de un maestro orfebre. “Rayo mortal” golpea con furia (esas guitarras…) y con “A galopar” (poema de Rafael Alberti con el que suelen finalizar los conciertos) nos termina por avasallar, parece que sientes la sangre caliente entre esos redobles como si fueran los caballos que pasan por encima de ti. El ritmo se vuelve aún más trepidante con “El tabernario” y alcanza sus más altas cotas con una maravilla titulada “Yo fui Johnny Thunders”. Como regalo final Pájaro nos deja una sorprendente versión del “Let’s go away for a while” que Brian Wilson incluía en el “Pet Sounds”, con la sensación de que el viaje ha durado apenas un suspiro.

“El gran poder” es eso, fuerza, belleza, sangre, un trabajo impecable que además se presenta con un diseño marca de la casa de Álvaro–Pff (The Fly Factoy). Pájaro es por derecho propio un grande y lo ha vuelto a demostrar. Gracias maestro.

viernes, 23 de marzo de 2018

Clásicos básicos: “Nobody knows you when you're down and out” de Bessie Smith.


Once I lived the life of a millionaire
Spent all my money, didn't have any care
Took all my friends out for a mighty good time
Bought bootleg whisky, champagne and wine

Then I began to fall so low

Lost all my good friends, I did not have nowhere to go
I get my hands on a dollar again
I'm gonna hang on to it till that eagle grins

Cause no, no, nobody knows you

When you're down and out
In your pocket, not one penny
And as for friends, you don't have any

When you finally get back up on your feet again

Everybody wants to be your old long-lost friend
Said it's mighty strange, without a doubt
Nobody knows you when you're down and out

When you finally get back upon your feet again

Everybody wants to be your good old long-lost friend
Said it's mighty strange

Nobody knows you when you're down and out.

Hace tiempo que no retomaba uno de estos posts, y estoy tan obsesionado con Bessie Smith en general y su “Nobody knows you when you're down and out” que creo que es un buen momento para hacerlo.


Bessie Smith fue una de las primeras mujeres de color que consiguió triunfar en la música en Estados Unidos, en la década de los 20's de comienzos del siglo XX, la conocida como "emperatriz del blues", que a base de talento vocal y compositivo así como de una personalidad a prueba de bombas consiguió ser toda una estrella en su momento. Y como toda estrella disfrutó de todos los excesos habituales: gasto de dinero a espuertas, alcohol, mujeres y hombres por doquier, caprichos, multitud de seguidores... Bessie Smith vivió la vida a fondo, sin duda. Pero la gran depresión y el cambio de los gustos musicales del blues y el jazz hacia el swing hicieron que su estrella se apagase, y de viajar con su propio tren y girando de teatro en teatro, tener que actuar en los peores lupanares del sur americano. Y de eso se trata esta maravillosa canción, de que una vez fue millonaria, que le sobraba el alcohol y los amigos, pero cuando el dinero se acaba, ay amigo... nadie se acuerda de ti!

La versión de Bessie es absolutamente maravillosa, pero la variedad de versiones es interminable, es todo un standard absoluto de la música americana, sólo hay que ver que mucha gente piensa que es un tema de Nina Simone o de Eric Clapton (la grabaron Derek and the Dominos en "Layla and Other Assorted Love Songs"), pero gente como Sam Cooke, Otis Redding o Neko Case la han interpretado entre otros muchos.

Un clásico absoluto.








martes, 13 de marzo de 2018

"Godless", Netflix se atreve con el western.


En esta vorágine de series que estamos "sufriendo", disfrutando en realidad, hemos podido encontrar todo tipo de productos y toda clase de géneros: mafiosos, dragones, policías corruptos, vikingos... pero curiosamente el western ha sido uno que hasta ahora ha sido más bien ignorado. HBO produjo hace ya más de una década "Deadwood", una brillante incursión que no tuvo continuación hasta hace un par de años con la aparatosa "Westworld", con la que han vuelto a acercarse, y ni tan siquiera de forma, digamos, convencional. Pero Netflix, tan ambiciosa como es la productora, no se había decidido hasta finales del año pasado a adentrarse en el terrero del viejo oeste. Y lo ha hecho a lo grande, como no podía ser de otra forma.

"Godless" es una mini serie de siete episodios de algo más de una hora cada uno que se caracterizan, primero, por la espectacular puesta en escena de sus personajes y por su cuidada producción, es inevitable pensar a cada secuencia que se sucede en los costes de sacar adelante semejante producción, todo exteriores y en plena naturaleza. En el caso de las interpretaciones es inevitable comenzar con Jeff Daniels, como el cruento Frank Griffin, que sin siquiera aparecer en la primera escena, escalofriante, ya nos ha dejado mal cuerpo al ver cómo ha dejado un puesto de ferrocarril, sin tener la más mínima misericordia con todos los que allí habitaban. A la imagen del ahorcado me remito, eso es cine del bueno, amigos, varios minutos sin diálogo y terminar la secuencia con el estómago encogido y con la certeza de que el diablo anda suelto entre los polvorientos caminos de Nuevo México. Que en la siguiente escena Frank Griffin aparezca con el brazo destrozado pidiendo que se lo quiten y que su "crew" ejerza un miedo atroz en el médico que le va a atender de nuevo refleja el nivel de la serie. Pero además, es que en cada ocasión que Daniels acapara una escena lo hace con una maestría absoluta, sin aspavientos, sin excesos, dotando al cínico pastor de una maldad realmente fascinante. Hay dos momentos cumbres para mí en los que Daniels está soberbio, cuando habla con el teniente de color de la localidad de Blackdom y se lamenta de haberle disparado cuando se da cuenta que no estaba armado, una secuencia dramática parca, seca, brillante. Y el duelo final en el que toda la palabrería que demuestra a lo largo de la serie se disipa mostrándose como el psicópata que es, con un discurso que se demuestra vacío y fruto de su mente enferma… es igualmente muy grande. Muy grande  Daniels.

Merritt Wever y Michelle Dockery.
El resto del reparto sin duda está a la altura, Jack O'Connell como Roy Goode, el bandido arrepentido y hastiado del estilo de vida de su padrino Frank Griffin; Michelle Dockery en el papel de Alice Fletcher, la curtida mujer en mitad de la nada con su rancho, su hijo mestizo y suegra india; maravilloso Sam Waterston como el marshal John Cook, uno de esos secundarios que elevan cada escena en la que aparece; soberbio el joven Thomas Brodie-Sangster (lo conoceréis de mil trabajos, ese niño ha crecido ante nuestros ojos, “Love Actually”, “Juego de Tronos”…); Merritt Wever como Mary Agnes McNue, la dura viuda que se hace cargo de la seguridad del pueblo en un papel absolutamente brillante, humano, duro… papel de los que marcan una carrera… Y mención especial a quien interpreta precisamente al hermano de Mary Agnes, Scoot McNairy encarnando a Bill McNue, el sheriff de La Belle que después de haber perdido a su mujer y gran parte de su vista se lanza a un desesperado viaje que sólo él entiende, con la intención de salvar al pueblo, un pueblo que no le entiende y le desprecia. Enorme interpretación de otro actor que, como decía antes con Sam Waterston, es de esos secundarios absolutamente maravillosos.
Scoot McNairy como Bill McNue

Se ha hablado mucho del sentido feminista de la serie, y sin duda, eso está ahí, las lecturas que se pueden hacer estos días son muy evidentes. Yo no me voy a pronunciar al respecto, para mí “Godless” es una serie coral en la que “simplemente” vence el coraje de los que luchan por salir adelante, por luchar por los tuyos aunque pierdas la vista, un brazo o la vida. Una serie que refleja lo dura que debía ser la vida en aquel oeste desértico en el que la crueldad y la justicia de la bala que llega antes a su destino era la que marcaba el devenir de la existencia de la gente. Una serie que, no podemos olvidar, bebe de los grandes clásicos del western. “Sin perdón” sobrevuela sobre la diminuta población de La Belle durante todo el metraje. Y sin embargo, en mi opinión, lo que hace grande a “Godless” es haber sabido darle un sentido propio, distinto a “otra” historia de vaqueros. La secuencia final del tiroteo es absolutamente magistral, por la intensidad, por la crudeza, por la potencia al presentar un escenario tan duro con unos contendientes tan inhabituales…

No pude evitar pensar en las últimas y cautivadoras secuencias del episodio final que un trabajo de semejante factura debería llevarse todos los premios de la industria, pero sobre todo, que se haga justicia con un género denostado por la industria. Ojalá le den más oportunidades...