viernes, 14 de julio de 2017

Wild Mojarras: Aire fresco en el Unusual Sherry Music, 2017.


El pasado viernes regresaba a las calles de Jerez el concurso que la bodega Sánchez Romate Hnos. tuvo la genial idea de comenzar a organizar el pasado año con mucho acierto y tino, auspiciado por su gama de productos Unusual Sherry. Uno que es músico (muy, muy aficionado) y consumidor obsesivo de música (muy, muy obsesivo), agradezco enormemente este tipo de actividades, desde ambas vertientes, desde la del músico (aficionado, lo he dicho ya, ¿verdad?) y como consumidor. Por desgracia la música en directo es algo que hace tiempo desapareció como elemento natural de la vida de la calle, tanto de noche como de día. En otras ciudades la música en la calle es algo cotidiano, desde ese artista callejero que se planta en mitad de una plaza a tocar, practicar, actuar en una palabra... como los que amenizan los negocios de restauración. Pero en España y especialmente el sur es algo que no se está acostumbrado a disfrutar, vete tú a saber por qué. Y sin embargo lo cierto es que la música forma parte de nuestra vida y el año pasado con la primera edición pudimos comprobar que en la sombra, más allá de las manifestaciones musicales a las que cada individuo puede acceder (poned las que queráis, antes eran los 40, luego Operación Triunfo… siempre habrá una corriente músico-cultural vectorizada para satisfacer el consumo comercial de la mayoría), hay una cantidad ingente de artistas que hacen música, que tocan instrumentos de todo tipo, que componen, que cantan y que tienen esa necesidad kármika de interpretar música. Curiosamente, y para regocijo de muchos de nosotros, el flamenco apenas ha hecho acto de presencia en estas actuaciones. Y no porque tenga nada en contra del flamenco, sino porque demuestra que en nuestra tierra hay mucho más que ese estilo, que hay mucha gente queriendo hacer cosas y simplemente no existen los canales necesarios para poder desarrollarlas.

En cualquier caso el pasado viernes comenzó la edición de 2017 de forma accidentada: La primera y tercera formación no aparecieron y apenas tuvimos que “conformarnos” con el dúo Wild Mojarras, y entrecomillo porque fue una auténtica maravilla. Uno no sabe qué se va a encontrar en cada actuación, así que esperas con ansia ver de qué palo va cada nueva actuación. Esta me encantó: Una chica con su voz y un oboe junto a un chico armado con su bajo eléctrico, sin más. Y si de entrada no parece que pudiera parecer atractivo, lo fue, sin duda. Ella tiene una voz fantástica, potente y negroide, toca el oboe con soltura (el nivel de ambos es muy alto) y sabe moverse con mucha gracia, y sabe llevar el peso de la actuación con mucha naturalidad. La sorpresa es que, pareciendo que harían interpretaciones clásicas e iniciando efectivamente con piezas barrocas, luego se lanzan con versiones fantásticas del “Psycho Killer” de Talking Heads (de dónde salen niños que escuchen a Talking Heads en 2017??? Bravo por ellos, joder!!), el “Ain't No Mountain High Enough” que popularizaron Marvin Gaye y Tammi Terrell… con el reciente éxito de Meghan TrainorAll About That Bass” y como sorpresa final una versión jazzy BRUTAL del “Sweet Dreams” de Eurythmics. ¿Qué más se puede pedir? Cuando pasaron por mi mesa les di la enhorabuena y les dije lo que pensaba, que ya de por sí que gente tan joven toquen tan bien tiene mucho mérito, pero que demuestren tener ese background musical es maravilloso. Hoy en día, pese a tener todo disponible a un solo click, el nivel musical de las generaciones más jóvenes suelen perderse y quedarse en la superficie del youtube puntual, de las listas de spotify o de los carteles continuistas de los festivales que abundan hoy en día, con listas de artistas que parecen clónicas. Así que disfrutar de gente joven que no solo interpreta sino que rebusca e indaga no puede ser más que maravilloso.

Y sí, me fui con ganas de más, de volver a verlos a ellos y de que llegase el siguiente viernes para disfrutar de nuevo de una velada de música callejera, sin duda, la más honesta y sincera.



martes, 11 de julio de 2017

The Brass Buttons, “Seven seasons” (2017): Irradiando luz.


En tiempos de tristeza y de oscuridad siempre hay luz. Hay sonrisas que iluminan habitaciones en penumbra. Hay abrazos que despiertan del letargo e incluso un “te quiero” puede hacerte volver de la noche de los sueños en un segundo. Del mismo modo hay músicas que irradian luz como si fueran el mismísimo astro rey. The Brass Buttons pertenecen a ese exclusivo y reducido número de formaciones que una vez comienzan a sonar consiguen brillar dentro de ti, todo se hace luz a tu alrededor, luz cálida, reconfortante… en una palabra, viva.

Hace seis años andaba yo por la plaza del castillo del Puerto de Santa María, inicio del Monkey Week 2011 y mis distraídos oídos alcanzan a reconocer el “From Hank to Hendrix” de Neil Young a lo lejos. Regreso sobre mis pasos para comprobar que en un soleado y despejado día de octubre hay una banda con chica al frente que suenan de maravilla. El tema de Young lo han bordado, intuyo que interpreten lo que quieran interpretar a continuación ya me han ganado. En efecto: La colección de temas que tocan hasta el final del show es maravillosa. Un sonido limpio, cálido que bebe del folk, del americana, de Gram Parsons o los Jayhawks, un nivel superlativo de estos The Brass Buttons. Poco tiempo más tarde me hago con su indescriptible “S.O.S. Songs from outer space” y ya quedé completamente enganchado a su música. De aquel trabajo poco puedo decir a estas alturas, una joya, una deliciosa obra maestra que sin duda habría merecido una repercusión infinitamente mayor.

Tras un más que largo periodo de silencio, María Palacios y compañía nos han dado una de las alegrías de la temporada regresando con un nuevo trabajo de esos que se cocinan a fuego lento, con la paciencia y el cariño del artesano, del viejo orfebre que le da a cada detalle el valor que se merece, ofreciendo un trabajo que consigue mantener el nivel de “S.O.S. Songs from outer space”. Luz, mucha luz es lo que irradia este "Seven Seasons". Y es que iniciar un trabajo con “Lady lighthouse” (la casa de la luz…) y no caer rendido ante ellos es absolutamente imposible, esas melodías… esas texturas te abrazan y te llenan el alma de esa luz que emanan las canciones de The Brass Buttons. No digo nada nuevo si cito a qué suenan, es evidente, pero da igual, ellos suenan a todos esos grupos que tenéis en mente y a mucho más, porque sobre todo suenan a ellos mismos, esa forma de construir esas melodías y arreglos tan “americana” que solo podrían hacer unos portuenses bebiendo de la brisa del mar y del sol los días de poniente mientras se empapan de los Byrds más Parsons. “Bye, bye, bye” suena pausada pero te maravilla igualmente… “Moby Dick”, otra de mis canciones favoritas (preciosa portada dedicada al mítico cetáceo, por cierto), ese estribillo suena a clásico… ponte tus gafas de sol y vete a bailar con tus amigos toda la tarde en la playa más cercana… “Christmas Clouds”, otra delicia de canción, con ese juguetón sonido de clavicordio… 

Cantaba Jeff Buckleyeven in this world of lies there’s purity”, y es lo que uno piensa tras escuchar cada nuevo trabajo de The Brass Buttons. Seguidlos porque vuestras vidas serán un poco mejores con cada canción que escuchéis de ellos.

 

Podéis escuchar "Seven seasons" aquí.

lunes, 10 de julio de 2017

Cumplimos 10 años.


Llevo mucho tiempo esperando este momento, este día en el que por fin pueda decir "ahora sí, cumplimos 10 años". Podríamos pensar que no deja de ser un número, una cifra que sin más no dice nada. Pero en realidad sí que lo hace. Alcanzar una década de vida en cualquier proyecto en el que te embarques siempre tiene su significado, al menos yo se lo quiero dar. No solo representa que aquel día en que me dio por abrir una cuenta en blogger fue hace mucho tiempo, que lo hace, sino que realmente esto ha funcionado de alguna forma como ventana a través de la cual comunicarme con el mundo. 


Y evidentemente una fecha con semejante significado (simbólico o no) no iba a pasar desapercibido para el que suscribe, muy dado a celebrar efemérides. Los que me seguís en Facebook ya lo sabréis, a algunos incluso os he pedido colaboración, pero creo que ahora es el momento de comentarlo abiertamente: Para celebrar los diez años del blog decidí hace meses que una bonita forma de hacerlo y quizá para darle una nueva vida a todo este trabajo realizado durante tanto tiempo sería maquetarlo todo y publicar un libro físico a modo de fetiche. Sin tener ni idea de maquetación me puse con ello y el resultado es este que veis, una primera copia del libro "Javistone: 10 años de Blog & Rock". Un trabajo largo pero tremendamente divertido en el que he invertido mucho tiempo y esfuerzo donde además han colaborado grandes amigos como JF León (con el prólogo de libro), Citizen Vector, Jorge "D-Generated" Sánchez, Dr. Krock (Txuminos Imberbes), Jesús Sánchez, Tali Carreto e ilustres blogeros como Karlam o Juanjo de Búnker Sónico. No tendré palabras suficientes para agradecerles la paciencia y el esfuerzo en participar en este pequeño homenaje a este humilde artefacto llamado javistone y que, lo reconozco, ha quedado de puta madre. Qué impresión el día que me llegó y pude tenerlo entre mis manos...

Comentar que de forma informal se creó un proceso de crowfunding para poder editar el libro y aunque ha ido sorprendentemente muy bien, aún estamos abiertos a la participación de quien esté interesado (quien lo esté puede escribirme a javistone@javistone.com). Una vez conseguido el capital necesario se enviará a impresión y mi idea es hacer una presentación para finales de septiembre en el que intentaremos montar una fiesta con actuaciones en vivo, entrega de copias, firma de las mismas...

Así, sin pretender hacer de esto un punto de inflexión ni nada, lo que deseo es celebrar que estamos aquí, que seguimos, que nos gusta y que mientras podamos continuaremos haciendo lo mismo, que es pasarlo bien compartiendo nuestros desvaríos con la misma ilusión que el primer día. O incluso más.

Gracias por estar ahí. 

viernes, 9 de junio de 2017

“Acta Est Fabula”, de Txtetxu Brainloster: Sabor a polvo, carretera y taberna.


Me decía Adolfo Alcocer tras entrevistar a los Pow Pow Pows que Txetxu estaba haciendo lo que a él le gusta, música con sonido a lo Tom Petty. De entrada me descolocó un poco. A Txetxu se le conoce por liderar tanto a Mermaid como a Green Manalishi y tocar con los Basque Country Pharaon, que no tienen nada que ver con el sonido de raíces americano. Tras el maravilloso concierto de los Pows en El Puerto de Santa María, Txetxu me obsequió con una copia del Cd del que me había hablado horas antes en una apasionante y a la vez triste entrevista. Apasionante porque no todos los días tienes la suerte de charlar con gente a la que admiras tanto. Y triste al percibir la evidente decepción de unos músicos sobrados de talento que no encuentran respuesta a sus trabajos. De todos ellos, quien se mostraba más pesimista era Brainloster. “Tengo un trabajo que haría un mono… pero no todos saben escribir canciones”, me contaba con desidia. “Siempre estaremos haciendo cosas”… se contestaba a sí mismo como si una fuerza creadora interior le empujara continuamente. El músico necesita crear y crear, no es una opción. Y en “Acta Est Fabula” Brainloster se ha dejado ir en un nuevo proyecto, en un tirar hacia delante sin mirar atrás. Creamos, componemos, hacemos música… es lo que hacemos. Y vaya cómo lo hace…

Acta Est Fabula” es un disco fabuloso. A pesar de cierto tono sombrío que se percibe (la propia mirada de Txetxu en la portada no invita a la alegría, al igual que el diseño del art del disco), las canciones que conforman el disco muestran un evidente viraje hacia el sonido americano, sonido clásico americano. De entrada “Quiero la cabeza de Klaus Kinski” es un vigoroso tema con aires irlandeses que se te clava en la cabeza, he estado semanas con esos acordes en mi cabeza, melodías de taberna, coros que invitan a la épica jarra en mano, todo en ella suena a la perfección. “Tengo que quemar esta casa” mantiene el vigor, con un banjo que le confiere un aire country, un estribillo pegadizo y un sonido compacto. “Tengo que quemar, tengo que olvidar…”, ahí está sin duda esa sensación de necesitar avanzar de la que hablaba antes. Con “Un poco de acción” se acerca hacia el power pop con otro tema pegadizo, es increíble la mano para crear melodías así, esos coros que aparecen por todo el trabajo me parecen de una brillantez absoluta. Otra canción para escuchar para salir de fiesta con los amigos, sin duda. Y es que bajo ese manto de cierta tristeza,  “Acta Est Fabula” subyace la esencia festiva del rock and roll. “Mañana como hoy” es un tema épico, otro de los que te atrapan desde el primer momento, de nuevo con un sonido muy clásico (de hecho muchas canciones de este disco suenan a clásico desde la primera escucha), un sonido que maneja a la perfección Brainloster. Más adelante nos encontramos con uno de mis temas favoritos, “El cerco”, un blues rural casi asfixiante con un maravilloso juego de guitarras donde un slide sobrevuela dotándola de un aroma a carretera y a polvo, absolutamente magistral. Como todo el disco. Un trabajo que debería estar sonando en todos los reproductores de este país.

 “Nadie parece enterarse, así que uno termina dudando de su arte”. No lo hagas. Jamás.


jueves, 8 de junio de 2017

“Los Guns n’ Roses casi-de-verdad del siglo XXI dejan un muy buen sabor de boca”, por Tall Cool Jesse.


Un domingo soleado madrileño, de esos que uno comienza con paseo por el Rastro, vermú y ración de oreja a la plancha en ristre, era el escenario perfecto para la catarsis músico-futbolera de miles de personas que se daban cita en la Villa y Corte. Unos, para celebrar un triunfo europeo, otros para asistir a un momento musical muy esperado desde hace dos décadas. En mi caso ambas fueron ambas razones las que me hicieron desplazarme a la capital. Un fin de semana muy completo, sin duda. No lo olvidaré en mi vida.


Ciñéndonos a lo que aquí nos ocupa, y con la intención de ir directo al grano (dando por hecho que el lector conoce los antecedentes de la banda en cuestión, sus comienzos salvajes, sus idas y venidas, luchas de egos, desplantes y demás), analicemos qué dio de sí un show que se presentaba como acontecimiento histórico. La añorada reunión de una parte fundamental del núcleo duro de los angelinos, deseada y denostada a partes iguales por fans y haters, resultó, bajo mi humilde punto de vista, un notable repaso a un cancionero sólido como la roca. Tres horas de concierto en un Calderón prácticamente lleno hasta la bandera, que ya mostraba buen aspecto ante los insustanciales aperitivos ofrecidos por los teloneros, aun a pleno sol y con la gente nerviosa esperando el momento que muchos llevaban años poder ver. Así, a las 21:15, con una puntualidad que a algunos incluso nos molestó (risas), una intro que me recordó bastante a las que usan últimamente AC/DC (cartoons con efectos 3D) nos transportaba a los años de “Appetite for destruction”, con las inicales “It´s so easy” y “Mr. Brownstone”. Buena elección para comenzar, aunque con un sonido bastante apagado en la parte trasera del recinto. Buscando mejor ubicación, nos desplazamos a las primeras filas, donde el sonido mejoraba bastante. No tanto así la voz de un Axl que salió frío. Es absurdo entrar ahora a destacar que Axl ya no es el que era. Es algo conocido por todos, recurre al falsetto para alcanzar notas que ya no puede modular a garganta abierta. A lo largo de la noche, el estado de sus cuerdas mejoraría bastante. Hablando de cuerdas, las cuatro del bajo de Duff eran otro elemento muy esperado por los die hard fans de la banda. Un tipo con actitud y carisma a prueba de bombas. Él y Slash tendrán sus razones (crematísticas seguramente) para volver a acompañar al pelirrojo de Lafayette, pero su presencia es fundamental para elevar la experiencia GNR por encima de ocasiones anteriores, en las que la Axl Rose Band pisó nuestro país rodeado por solventes mercenarios.

Slash, Slash… Poco se puede decir de él que no esté ya dicho. Serio, sobrio, pertrechado con sus sunglasses bajo la mítica chistera. Apenas interactuó con Axl, pero nadie puede decir que no nos dejara boquiabiertos, incluso arrancando riffs de temas no ya menores, sino directamente prescindibles como “Chinese democracy” o “Better”. Tal vez, los puntos flacos del concierto fueron esos veinte minutos de temas de la carrera en solitario de Axl. Al resto del repertorio pocos peros se le pueden poner: Nueve temas de “Appetite”, buena parte de los “Illusions”, asumiendo riesgos con “Estranged” y “Coma”, que sonaron a gloria a pesar, insisto, del estado vocal de Axl. Duff tuvo protagonismo con “Attitude”, que fue un auténtico cañonazo, tal vez mi momento favorito del concierto. Slash por su lado nos dejaba boquiabiertos con un guiño a Chuck Berry que enlazaba con el solo de “El Padrino”. Este tío es simplemente el guitarrista perfecto, con las dosis justas de virtuosismo y feeling, algo que no es sencillo de equilibrar.

Cubriendo dignamente las espaldas, tanto Richard Fortus como Fran Ferrer consiguieron que no echáramos demasiado de menos a Gilby y Sorum. Aunque claro, nuestro sueño es poder ver algún día ahí subidos a Stradlin y a Adler. En definitiva un notable concierto, con un público entregado (no había tanto oportunista como se cuenta) que coreó cada letra de cada himno como yo nunca había visto. Y el final, sin duda emocionante con “Patience”, la cual yo no esperaba que tocasen con los arreglos muy fieles a la versión de “Lies”. Con eso, y con la versión de “The seeker” y la apoteosis pirotécnico final de “Paradise city”, los Guns casi-de-verdad del siglo XXI remataron un concierto que si bien no fue perfecto, nos dejó un muy buen sabor de boca, una amplia sonrisa en la cara, y un cierto poso de nostalgia por haber vivido tantos años al cobijo de las canciones y las historias de esta banda. Si mañana tuviera la oportunidad de repetir, sin duda lo haría.

Lo mejor: Slash, Duff, y el mejor público que yo he visto jamás en un concierto.

Lo peor: Los temas de Chinese democracy. El acceso con decenas de colas sin sentido. El ratio de urinarios por persona (¡). Sonido deficiente de medio campo hacia atrás.