jueves, 29 de septiembre de 2016

O.J.: Made in America... El evento televisivo del año.


Está siendo, como sabéis, una época tremendamente excitante para los trabajos televisivos. Las series dominan literalmente el panorama audiovisual (huelga decir que el cine ha perdido relevancia por completo), un panorama donde el documental ha sabido encontrar su hueco, especialmente en el formato de serie. Y es que el evento televisivo del año para javistone no ha sido ni la fantástica Stranger Things (de la que no voy a hablar en el blog porque todo el mundo ya ha hablado de ella, el gran Pupilo, de hecho, ya ha escrito sobre su primera temporada y la ha descrito perfectamente, aquí), ni la serie sobre Pablo Escobar, Narcos (sobre la que estamos trabajando y algo publicaremos en breve). Ni siquiera es la descacharrante Preacher. No, el evento del año es por derecho propio OJ: Made in America.

Siguiendo el estilo de la inquietante Making a Murderer, OJ: Made in America es una serie documental en la que se trata, inicialmente, de analizar, a través de una ingente cantidad de material audiovisual, la carrera de uno de los personajes definitivos de la historia reciente de los Estados Unidos. Y digo “inicialmente” porque lo que parece que va a ser un trabajo de investigación sobre la carrera del que fuera el mejor jugador de fútbol americano de la época, acaba siendo un análisis tan esclarecedor como desgarrador del terrible problema racial del país norteamericano, un país realmente digno de estudio, tan excesivo, tan desmesurado, con tanto que ofrecer y a la vez, con tanto a lo que temer. Porque sí, el país autodenominado de la libertad puede llegar a ser, y lo es, sin duda, una sociedad increíblemente enferma.

Orenthal James Simpson nació con unas cualidades innatas para destacar en el deporte. De familia humilde enseguida consiguió la fama como jugador de fútbol americano en la universidad. A partir de ahí su carrera fue meteórica: estrella nacional en la liga, contratos multimillonarios con Herst, tratamiento de estrella… La diferencia con respecto a otras estrellas que trascendían su disciplina deportiva era… su color de piel. Y sin embargo, OJ siempre se desmarcó de las corrientes culturales de los afroamericanos que comenzaron en los 60’s, él simplemente, no se veía como un negro. El documental navega hábilmente entre dos corrientes argumentales que tarde o temprano tendrán que confluir, la vida de la gran estrella negra con los tremendos problemas raciales de Estados Unidos. Gente como Tommie Smith y John Carlos levantando el puño en las Olimpiadas del 68 o Muhammad Ali negándose a ir a la guerra de Vietnam se posicionaron en la lucha racial a pesar del coste que aquello supusiera. Oj no, eso no iba con él. Su estrellato llegó a niveles impensables. No solo había trascendido al deporte, como decía, sino que se había convertido en una verdadera estrella mediática, televisión, cine, publicidad… era el tipo perfecto, todo simpatía, no daba ninguna imagen problemática. Se codeaba con la jet set norteamericana (tremenda la imagen con un joven Donald Trump), que era evidentemente blanca. Era un negro en el mundo blanco, y se comportaba como una estrella. Dejó a su mujer de la juventud y se casó con una bellísima Nicole Brown, una joven de apenas 18 años de la que se enamoró perdidamente. Joven… y blanca, una preciosidad rubia casándose con una estrella… negra. Todo idílico… 

Sin embargo la historia se tuerce, y el documental sabe llevarte de la mano en su extenso metraje (cinco episodios pero de 90 minutos cada uno) mostrándote cómo el éxito puede destrozar incluso a la estrella más grande. OJ comienza a creerse intocable  y cuando ya ha tenido dos hijos con Nicole comienza a desbarrar y a desatender a su familia, la fiesta que no pare. Separaciones temporales y palizas domésticas comienzan a producirse con frecuencia, imaginad a una angelical Nicole en manos de una mole como OJ. Un OJ al que toda América adoraba, para los negros era el modelo a seguir, un triunfador en un mundo de blancos. Para los blancos era el negro modelíco, no daba problemas, era guapo, sano y tenía éxito. Pero la fruta estaba podrida. Una fatídica noche, (Nicole y OJ ya se había separado oficialmente), Nicole y su amante en aquel momento aparecían terroríficamente apaleados y acuchillados en la casa de ella, las imágenes son dantescas, sangre por todas partes y dos cuerpos mutilados. ¿Y OJ? Todas las miradas se giran hacia él y él jura y perjura que no ha sido él, a pesar de las numerosas pruebas que lo incriminan, además de que no tiene ninguna coartada. El show comienza.

La comunidad negra tenía frescos los “incidentes” de Rodney King en el 91, o el asesinato de una niña en una tienda en manos de la dueña, entre otros. Todos se saldaban con sorprendentes sentencias favorables hacia los agresores: La sociedad negra estaba a punto de estallar, y con razón. Tras una historia de esclavitud, KKK y todo tipo de vejaciones… daba un paso adelante y comenzaba a sentir que la justicia racial no llegaba a los albores del siglo XXI. Y su adhesión al caso Simpson no se hizo esperar. Aquello se convirtió en EL circo definitivo. Simpson, millonario, contrató a los más afamados abogados, e hicieron de un caso de asesinato más que evidente, un debate nacional sobre el racismo, precisamente OJ que nunca sintió siquiera ser negro. Dios… el episodio 4 es una jodida obra maestra, en una hora y media consiguen mostrar lo peor de la sociedad norteamericana. Una defensa sin escrúpulos, un juez impasible, un juicio convertido en asunto mediático, un juicio… televisado!!!!..porque la gente demandaba basura y más basura de los medios, y estos se la daban. Pero sobre todo, una comunidad, la afroamericana, volcada en apoyo a OJ. Nadie se acordaba del crimen, nadie se acordaba de Nicole y mucho menos de Ronald Goldman. Aquello se trataba de anular cualquier evidencia de lo que a primera vista parecía evidente, OJ había asesinado salvajemente a su ex mujer y a su amante. La presión era brutal, algo nunca visto hasta entonces. La CNN parecía un canal temático. 

El juicio es bochornoso: La actitud altiva de OJ; la defensa, brillante pero manipuladora hasta el extremo; la acusación, torpe e incrédula; el estúpido policía que descubrió un guante ensangrentado y que se vino abajo porque hacía años había hecho comentarios racistas (el momento en que pudo responder a “¿ha alterado alguna prueba?” con un simple no y casi dar por concluido el caso… y se acogió a la quinta enmieda… es tremendo); el jurado, que el equipo del documental consigue hábilmente que queden ellos mismos en evidencia; los testigos… Y tras ocho intensos meses sucedió lo inevitable: OJ fue declarado no culpable tras una deliberación de… 3 horas!!! Las reacciones no se hicieron esperar, la comunidad negra sentía que por fin habían triunfado, la escena en que un tipo en mitad de la calle se mofa nerviosamente de los blancos… es sobrecogedora. Lo jodido de la historia es que se hacía “justicia compensatoria”, por llamarlo de alguna forma… a través de una injusticia más que evidente. Y los miembros del jurado que son entrevistados en el documental recientemente… lo confirman! ¿Qué tipo de sistema de justicia funciona así? Obviamente uno enfermo. 

Los familiares de Nicole y de Ronald, sin dar crédito a lo que habían visto, completamente destrozados, deciden ir a la corte suprema, via judicial, que no penal, por lo que no podía ir ya a la cárcel. Mientras OJ creía que volvería a su vida de opulencia, y no. Por mucho que la comunidad negra creyera que debía ser libre, en el ambiente la sensación era clara: El otrora atractivo OJ… en realidad era un asesino.

El nuevo juicio es el polo opuesto al anterior. Rápido, sin prensa de por medio y mucho más profesional. El jurado llega a la conclusión contraria: Con todos los votos a favor determinan que OJ efectivamente es el culpable del crimen. Él, a pesar de todo, jura y perjura que no fue él. ¿La pena? Ni más ni menos que 32 millones de dólares, algo que ni él mismo sería capaz de pagar, sobre todo tras el costoso primer juicio. La cuesta abajo se vislumbra ya para OJ. Las imágenes en las que OJ tiene que abandonar su famosa mansión y le pide a un amigo que le grabe bajando la bandera americana para que parezca que está siendo grabado por un extraño y venderlas a cualquier tv por cientos de miles de dólares es esclarecedora del tipo de persona que es OJ: mentiroso, sin escrúpulos, manipulador… pero sobre todo un jodido gran actor. 

OJ reparte además muchas de sus pertenencias entre sus amigos, que ejercen más de parásitos que de amistades leales. A pesar de todo sigue teniendo buena imagen, es famoso y consigue ganar suficiente dinero lejos de sus acreedores como para mantener un nivel de vida de drogas, sexo, alcohol y mucha, mucha fiesta. OJ está completamente perdido, su imagen de Elvis negro es apoteósica. Sin embargo cada vez consigue menos dar la imagen de buen tipo y termina montando en un hotel de las Vegas un plan para recuperar las pertenencias que según él le han robado durante años. Por desgracia todo sale mal y es arrestado por diferentes tentativas de secuestro, robo… ¿Resultado? De nuevo sorprendente, una jueza del estado de Nevada que llega sonriendo y que da sorbos de café antes de dar el veredicto: Lo condena a casi diez penas distintas que suman prácticamente una cadena perpetua. Increíble pero cierto: De nuevo se había hecho justicia con un veredicto injusto. OJ merecía estar entre rejas, pero no por lo que sucedió en Las Vegas.

No hace ni veinticuatro horas que terminé de ver la serie y mi sensación de desazón continúa intacta y con un par de cosas claras: Estados Unidos es un país enfermo con problemas MUY jodidos. Y OJ es un montón de mierda que merece estar entre rejas. Porque, no lo he contado, pero… sí, finalmente el documental demuestra que OJ fue el hijo de puta que cometió los asesinatos.



  

miércoles, 28 de septiembre de 2016

The Jayhawks en la Sala Joy Eslava (Madrid), por Jesús Sánchez.


Foto de Tanirock.
Foto de Tanirock.
Tras la edición del, en mi opinión, notable "Paging Mr. Proust", la banda de Gary Louris tenía una nueva cita con su numerosa base de fans en nuestro país, al que nunca dejan fuera de sus giras. Ya el año pasado recorrían las salas españolas como calentamiento a la edición del nuevo disco. El 9 de abril de 2015, el que esto escribe tenía una cita marcada a fuego en el calendario. Los Jays visitaban Granada por segunda vez, bastantes años después de la anterior ocasión. Desafortunadamente, el destino no quiso que yo asistiera a aquel show. Como quiera que la espina quedó profundamente clavada, al conocer las fechas de este año me lancé de cabeza a por mi entrada y organicé con unos buenos amigos el peregrinaje a la capital del reino, con la idea de poder disfrutar de una noche llena de grandísimas canciones. 

De este modo, llegamos a la Sala Joy Eslava, que presentaba ambientazo en los alrededores, con una larga cola que casi llegaba a la zona de Opera. Está claro que los Jays han vuelto a acertar en esta nueva encarnación. Tras el paréntesis (algo tortuoso) que supuso el regreso de Mark Olson, Louris volvía a coger las riendas de la banda; el resultado final, ese fantástico disco que nos han regalado esta temporada, es otra buena muestra de esa especial alquimia de Louris, en la que el componente más americano de la banda se deja seducir por el pop, y en buenas dosis, por cierto aire psicodélico. Es "Paging Mr. Proust" la excusa perfecta para volver a los escenarios, esta vez con la que podemos denominar versión 3.0 de los Jays del nuevo milenio. De nuevo con los esenciales Karen Grotberg, Marc Perlman y Tim O´Regan, más la incorporación de Jeff Lyster a la guitarra, tras la baja de Kraig Johnson. Cinco músicos que ocuparon el escenario entre vítores del respetable, que abarrotaba la coqueta pero demasiado escueta sala, para arrancar con la seminal “Waiting for the sun”, una canción que crea un clima especial, místico, en el inicio de sus conciertos. El set list se basaba en un recorrido más cercano a la producción de la banda sin Mark Olson, aunque hubo un recuerdo para aquellos buenos tiempos. 

Foto de Tanirock.
Foto de Alonso Cerrato
Así, tras el arranque citado, llegaba uno de los primeros temas del nuevo disco en caer, la maravillosa “Leaving the monsters behind”, con la gran aportación de los coros de Grotberg y O´Reagan, dos gargantas que, como sabemos, elevan a los cielos la lírica de la banda, cuyo mayor peso cae sobre un Louris que además se mostró fantástico a la guitarra y a la harmónica. Así, se fueron sucediendo canciones que ya son joyas de la historia de la música de los últimos treinta años, desde “Blue”, que sonó a mitad de bolo, pasando por “Tampa to Tulsa”, con un inmenso O´Reagan a la voz,  hasta “Tailspin”, que junto a “I´d run away” cerró el set regular. El bis, que no se hizo esperar, se abrió con Louris y su acústica a pelo: “Settled down like rain” y “Angelynne” pusieron los pelos de punta al respetable. Este tío es capaz de llenar la sala con su voz, su guitarra y su harmónica, es algo digno de ver. La banda se incorporó para abordar la intensa “I´ll be your key” y el cierre con “I´m gonna make you love me”. La sorpresa, cuando muchos ya nos disponíamos a abandonar la sala, vino con el cover de Grand Funk, “Bad time”, la canción gracias a la cual muchos conocimos a esta maravillosa banda que afortunadamente aun sigue en estado de gracia, lo cual en los tiempos que corren, es toda una bendición. 

Foto de Alonso Cerrato.
Mención aparte, me gustaría quejarme en voz alta acerca de las condiciones en las que pudimos vivir el show. No sé si es política habitual de la sala, pero el aforo me pareció excesivo para las características de la sala. Literalmente era imposible moverse, apenas respirar. No son las mejores condiciones para disfrutar de una banda que debería haber hecho aparición en una sala de mayor aforo. Quede ahí mi descontento, único punto negativo de una noche inolvidable.

Foto de Alonso Cerrato.

Nota de javistone: Gracias a Jesús por la estupenda crónica del concierto y tanto a Alonso Cerrato como a Tanirock por las fantásticas fotos!

lunes, 26 de septiembre de 2016

Octubre caliente en Sevilla: Monkey Week, Alameda de Hércules / Interestelar Sevilla.

Pues sí amigos, pasado el periodo estival, aunque no lo parezca porque el dichoso calor no terminar de largarse, en el sur andaluz tenemos un mes de octubre marcado en rojo en el calendario y un lugar específico y que vamos a visitar dos fines de semana seguidos sin lugar a ninguna duda. 

Monkey Week, Alameda de Hércules.

Poca broma amigos... El Monkey Week es algo grande, sin duda. Un evento que ha crecido ante nuestros ojos, del que he participado como stage manager, como periodista al uso y sobre todo como fiel seguidor en sus clásicas ediciones en el Puerto de Santa María, en Cádiz, pero que este año inaugura nueva localización en la Alameda de Hércules de Sevilla. Las expectativas son altas, muy altas. El coste emocional de abandonar el Puerto ha sido alto, sin duda, no han faltado, como no, los reproches a los hermanos Guisado y a Tali, pero... esto es lo que hay, y el festival ha dado un paso enorme, quizá ha perdido cierta candidez, pero Sevilla sin duda alguna va a dotar al monkey de una dimensión mucho mayor. 

En efecto, los días 13, 14 y 15 de Octubre, la céntrica Alameda de Hércules nos espera con el habitual maremágnum de conciertos en el que la palabra "ubicuidad" volverá a nosotros ante la imposibilidad de estar en varios sitios a la vez. Sin duda ver las nuevas localizaciones y centros supone un atractivo extra, ver cómo funcionan, pero sobre todo, al final, lo que apetece es comprobar in situ el nivel de las formaciones programadas, que serán, como siempre, muy alto. El Lobo en tu Puerta repiten, y ahí estaremos. Soledad Velez, Capsula, Lee Fields & The Expressions, los mexicanos Yokozuma... hacen que ya tengas ganas de ir, pero sobre todo, el principal atractivo del Monkey Week siempre ha sido perderte entre los conciertos y dejarte llevar, dejarte sorprender por las desconocidas formaciones que te puedes ir encontrando a cada paso. Mi experiencia es que cuanto menos sepas más te sorprenderás. Sin duda un "must" absoluto el Monkey Week.



Interestelar Sevilla 2016.

Nada menos que 091 alumbra este festival, también sevillano, que se celebra en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Monasterio La Cartuja, posiblemente la mejor localización que servidor ha disfrutado nunca, ya que allí se realizaba el tristemente desaparecido Territorios. Qué puedo contar de 091 a estas alturas, que lo están petando como nunca se lo habrían imaginado con su gira de resurrección, y que a duras penas llegaré a verlos en este festival cuando pensaba que me los perdería... No puedo decir gran cosa al respecto, que la expectación con cada concierto que dan Lapido y compañía es insuperable, y que el nivel que están demostrando está siendo el propio de unas leyendas, no digo más. 




Sin duda los granadinos son nuestra principal atracción de este festival repleto de formaciones nacionales, pero no os engañéis, rockeros irredentos, ahí no acaba el tema, los Guadalupe Plata brillarán también con luz propia con un disco aún caliente bajo el brazo. A Maga me quedé con ganas de verlo en el pasado cuando era un habitual del Monkey Week, y reconozco que tengo mucho interés en ver a Annie B Sweet en directo.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Caras B: Cuando te sobra el talento.



Hace unos meses oyendo el programa de JF León, Rock & Roll Animal, estaba escuchando lo nuevo de los Black Keys, el siguiente trabajo de su exitoso El camino. La sensación era desoladora, parecían más descartes que otra cosa. Y recordé algo que decía mi hermano allá a principio de los 90’s, para comprobar el nivel compositivo de un músico/grupo, hay que fijarse en los descartes que se hacen en los discos que publican. En este caso, era al revés, comprobar que las canciones que se incluían eran tan pobres daba buena cuenta que la banda, en este caso The Black Keys, pasaban un más que evidente bache creativo y compositivo (parece ser que los dos componentes ni se hablan… así que imaginad qué bueno puede salir de ahí…).

¿En qué me baso para llegar a esta conclusión tan aparatosa? Pues algunas de mis formaciones favoritas han pasado por momentos mejores y peores, y cuando han tenido sus momentos altos, han coincidido con que, literalmente, les sobraban temazos incontestables, que en otras situaciones no habría desechado. Caras B, colaboraciones, temas para bandas sonoras… Imaginad el nivel creativo de Prince, un tipo al que las canciones le salían por las orejas, en un nivel compositivo que rallaba lo enfermizo en una época que no tuvo reparo en regalar Nothing compares to you a una desconocida irlandesa. O a Bob Dylan encerrándose con The Band para darle salida a ese torrente compositivo sin usar ni una sóla de esas canciones (puedo equivocarme, pero de allí salió material para una discografía entera de otro artista).

Pero vayamos a casos más concretos. Otros irlandeses, en este caso U2. Han pasado por momentos (pasados) creativos exultantes, y se puede comprobar por las canciones que sorprendentemente quedaban fuera. En la época del Joshua Tree tuvieron los santos cojones de descartar (sí, estamos hablando de DESCARTES!!) todo un Silver & Gold, un blues que compuso Bono tras quedarse en blanco en una jam con Keith Richards y que luego desarrolló en un brutal tema 100% U2, publicándose como cara B de uno de los sencillos del mítico disco. Y qué decir de las canciones que desecharon de las sesiones de grabación del Acthung Baby? En este su último momento compositivo álgido las canciones se les salían de los bolsillos, solo así se podría explicar que temas tan brutales como Salomé o Lady with the spinning head quedasen fuera y se usaran como caras B de los sencillos, a los que a veces incluso eclipsaban.


   

A otros a los que la calidad de sus descartes evidenciaba su nivel creativo (que nunca recuperarían, pero ese es otro tema) fueron Pearl Jam en sus días del Ten. ¿Alguien en su sano juicio dejaría fuera State of love and trust o Yellow Leadbetter? Sí, solo si las que sí entran en el disco tienen el nivel de Alive, Jeremy, Garden… Incontestable, sin duda.






Más casos. PJ Harvey, nuestra adorada Polly Jean tuvo su momento absolutamente mágico  con To bring you my love, donde juntó una colección de joyas difícilmente superables. O quizá no, porque de esas sesiones salió también Naked Cousin, curiosamente una de mis canciones favoritas suyas, y que para darle salida incluyó en la banda sonora de la terrorífica (por mala) The Crow II.



Por último (aunque ejemplos hay para aburrir), otro de esos casos en los que crees que el tema desechado es superior a las elegidas para formar parte del disco oficial. Soul to squeeze de los Red Hot Chili Peppers fue incluida en la banda sonora de The Coneheads, algo solo entendible cuando habías publicado todo un Blood Sugar Sex & Magic. Hoy en día el amigo Kidis sería incapaz de a. Componer un temazo así; b. En caso de componerlo… de dejarlo fuera del disco.

martes, 16 de agosto de 2016

Entrevista con Jesús Sánchez, autor del libro "Miguel Ríos - 50 años de rock y carretera".


Conozco a Jesús Sánchez desde hace ya bastante tiempo, y cuando me comentó años atrás que había escrito una biografía no oficial sobre su paisano Miguel Ríos no tuve ninguna duda de que debía ser un trabajo apasionante. Y no me equivoqué. Jesús, Jesse para los amigos, desprende pasión rockera por los cuatro costados y siempre es un placer conversar sobre música con él. Esta charla sobre Miguel Ríos nos la debíamos desde hace tiempo.


Es tu primera experiencia escribiendo un libro, ¿qué te movió a lanzarte a escribir una biografía sobre Miguel Ríos sin contar además con el propio Ríos? 

Bueno, digamos que fue un encargo que le hicieron a otro amigo, el cual sabiendo lo que me gusta la música de Miguel, me lo pasó a mí. Y claro, es algo difícil de rechazar. Me daba igual no contar con cierta “oficialidad”, preferí hacerlo de manera independiente y personal. 

Háblanos de los inicios de Miguel Ríos, todo comenzó de forma natural, un niño que trabaja en una tienda de discos y que se empapa de ese rock primigenio tan atractivo.

Pues es curioso, todo eso pasó en la misma ciudad en la que crecí y  en las mismas calles en las que yo he jugado. Y cuesta imaginar cierto ambiente “rockero” en una ciudad de provincias, bastante cerrada, en plena dictadura. Lo natural, como dices, es no enterarte de la existencia del rock. No es como si creces en los ochenta y noventa, que había ya muchos garitos por donde pululaban músicos reales. Pero Miguel Rios tuvo la suerte de entrar a trabajar en la sección de discos de aquellos almacenes. Y allí fue donde todo comenzó…sin eso, nos hubiéramos perdido una muy interesante carrera musical.

Granada hoy en día es un referente musical en Andalucía, pero por aquel entonces… ¿existía ya algún tipo de movimiento o cultural musical o artística? Granada tuvo que ser una ciudad con marcado carácter conservador en el inicio del tardofranquismo, ¿o no? ¿Afectó la “muerte” de Lorca de alguna forma en la sociedad artística granadina?

Ya te digo, no me puedo imaginar un sitio menos rockero que aquella Granada. Aquí de Lorca no se hablaba en esos años…era tema tabú. De hecho, sigue siendo un tema ciertamente incómodo, una vergüenza para esta ciudad y la sociedad de aquella época. Todo lo que había en Granada era aquella orquesta del Hotel Nevada que también fue clave para el desarrollo de Miguel. El Hotel Nevada estaba a pocos metros de la tienda de discos donde trabajaba Miguel…

Una vez que se va a vivir a Madrid aquellos inicios no fueron fáciles, era casi un músico de sesión, con un estilo muy marcado por la discográfica… Pero tal y como lo explicas, aquel Madrid tuvo que ser muy excitante para un músico en ciernes como Ríos, ¿no? De hecho, conociendo Madrid y leyendo lo que escribes, creo que esos años son fundamentales en lo que vendría después.

Cambiar Madrid por Granada hoy en día no es dar un gran salto, pero en aquella época…había un Madrid “subversivo”, extraoficial, con mucho artisteo. Las majors de la época, como Philips, dentro de su conservadurismo, estaban interesadas en grabar discos de rock. Por lo que fuese. Y ahí se plantó Miguel, primero de forma más tímida, pero luego fue conociendo músicos, tendencias…no era un Madrid amable aun, no existía Malasaña tal y como tú y yo la hemos conocido, pero si te sabías mover encontrabas ambiente musical. Lo bueno de Miguel fue que no solamente corrió el riesgo de irse allí para ser “el rey del twist”, sino que tuvo personalidad para ir abriéndose a esas otras realidades…

¿Con quién se juntó en aquella época? ¿Qué otros músicos o artistas de esos años pululaban por Madrid ávidos de tendencias, experiencias…?

Yo creo que una figura clave de esa época, fue Fernando Arbex, de Los Brincos. Un tipo muy muy interesante, con una inquietud musical a prueba de bombas, alguien a reivindicar decididamente. Y, aunque su figura está hoy bastante castigada, Teddy Bautista es otro personaje de aquellos años que asumió riesgos artísticos, trayendo a España cosas que eran impensables aquí unos años antes. Dentro de esa amalgama que encontró Miguel, había desde figuras digamos, cercanas al orden establecido en lo musical, como Rafael Trabuchelli, pero que aun así, manaban un inmenso talento. En el paso de Miguel Ríos de Philips a Hispavox, se aprecia ese comienzo del cambio en Miguel.  

¿En qué momento crees que Miguel Ríos da el salto de músico standard a cantante con inquietudes? ¿Cómo afectaron las corrientes musicales internacionales a la concepción musical de Miguel Ríos a la hora de buscar su propia evolución músico-artística?

Sobre todo, viajar a Inglaterra fue un shock en su actitud. Entrar en contacto con músicos de soul, de jazz…y ciertamente el hipismo, los Beatles…tal y como el libro refleja, la evolución musical de Miguel Rios va abriéndose paso entre innumerables influencias. Primero el rock más primitivo, luego fue aumentando el componente “riesgo”; fíjate en el directo de “Conciertos de Rock y Amor”, ahí le acompaña una banda de soul perfectamente engrasada. Luego de ahí pasas a un Miguel Ríos más “prog”, con “Memorias de un ser humano”. Ese desarrollo me encanta. Y oye, tampoco le hacía ascos a nada. Cogía un hit de María Ostiz, y te lo convertía en un tema cojonudo. Luego el pelotazo del “Himno a la alegría”, una jugada super comercial, pero que supuso alimento para desarrollar otras historias…es ciertamente un viaje convulso, donde muchos elementos y circunstancias toman parte. 


Mi madre siempre me ha dicho que Miguel Ríos se hizo famoso gracias al Himno a la alegría, porque había muchos cantantes como él en aquella época igual que él. Desde la distancia en el tiempo la sensación que tengo al leer el libro es distinta, el Himno resultó ser el salto definitivo de Ríos al estrellato, y que fue el resultado de mucho esfuerzo por su parte para innovar en sonidos y estilos, algo que no se daba en ningún otro músico de la época. ¿Qué opinas? ¿Tengo que decirle algo a mi madre al respecto? De hecho ella tiene una copia en vinilo del tema…

Antes del Himno, Miguel ya tenía un nombre. Pero no era una estrella. Ese tema fue el que le hizo viajar; Alemania, USA, Inglaterra. Para mí lo importante es eso, el impulso que le da a su carrera. Por supuesto, creo que tu madre tiene razón. Miguel es mucho más que el Himno, pero sin el Himno, muchas cosas no hubieran pasado. He de decir que el Himno, para mí, es sólo eso, un trabajo alimenticio. Quedó bien, okey. Pero Miguel tiene cien temas mejores que eso. Y es lo que intenté trasladar en el libro, que el lector pudiera dar el salto de los “greatest hits”, y profundizar en sus otros trabajos, que para mí son la leche, con perdón. 

En eso creo que has hecho un muy buen trabajo, hay canciones que no conocía y que he ido a rebuscar tras leer el libro. Y lo que he encontrado realmente me ha volado la cabeza. Temas como “Vuelvo a Granada” o “Fulano de tal”, por poner dos ejemplos, son temas que no había escuchado nunca y ahora forman parte de mi selección habitual.

Sí, esa fue mi principal objetivo, no escribir una biografía rigurosa, ni mucho menos, sino un libro sobre música, sobre canciones. Y la carrera de Miguel Rios se presta mucho a eso, es un artista que ha pasado por todo, que ha sabido rodearse de gente muy interesante…definitivamente un libro de música debe hablar de eso, y despertar la curiosidad del lector. La primera biografía musical que leí era así, y me marcó. Era un análisis bastante denso de los primeros discos de Pink Floyd, con Syd Barrett. Joder, era material difícil de meterle mano cuando lo leí, con quince años, pero hablaban tanto de cómo era esa música, cómo estaba construida, que a pesar de ser un hueso duro de roer, me creaba una necesidad tremenda de escuchar y apreciar por mi mismo todos esos matices. 

La época más psicodélica de Miguel Ríos es la gran desconocida en su carrera, quizá porque su temática ha envejecido mal (los temas apocalípticos, los discos conceptuales…) o quizá ha estado ensombrecida por la época posterior del Rock and Ríos. Un trabajo como “La huerta atómica” no es un trabajo especialmente accesible, por momentos incluso es agobiante.

Entiendo lo que dices. Jamás recomendaría a un amigo que se introdujera en la música de Miguel con ese disco. De todos modos, todos los prejuicios hacia lo progresivo y conceptual, bajo mi punto de vista, deben desaparecer. No hablo sólo de Miguel Rios. Es una época maravillosa; la creatividad que mostraban aquellos músicos fue difícil de igualar. Pero es lógico, no te vas a hacer fan de Pink Floyd oyendo sólo “Ummagumma”; pues en el caso de Miguel Rios, lo mismo. Aunque, al lado de “Ummagumma” La Huerta es un disco de lo más accesible. (Risas).

Jajajaja… Sí, tienes razón, pero no hablo de mí, hablo en general, son discos que en el imaginario colectivo han quedado relegados, en mi opinión por desconocimiento por una parte pero por otra por haber envejecido mal, o peor que otras. Fíjate que algunas de las canciones de su primera época suenan mejor, o han aguantado mejor el paso del tiempo.

Sí, absolutamente de acuerdo con lo que dices. Creo que sé porqué esto es así. Y es porque hay cierto miedo a reivindicar eso. Hoy en día la escena progresiva es autocomplaciente, cerrada, muy artie en cierto modo. Pero no viene a reivindicar nada de su pasado. Es como si los devaneos setenteros del género fueran una rémora. Eso no se da con el rock de los cincuenta, ni con el soul, estilos que están muy bien vistos, ni te cuento del hard rock y el metal. Hay cientos de bandas revival de los 50… luego reinvindicar los power trios de los sesenta y setentas, hasta los más psicodélicos, es algo que no presenta muchos problemas. Pero ponte a reivindicar los primeros discos de Steve Hackett o de Rick Wakeman, es como si fuera algo totalmente abominable (risas)…pues con la huerta y, en menor medida, con “Al Andalus”, pasa algo parecido. Incluso para algunos fans de Miguel Rios representa un problema reivindicar esos trabajos. Todos los meses colaboro en un programa de radio bastante apegado al metal, y precisamente mi sección va un poco en esa línea, poner encima de la mesa ese tipo de música que parece algo denostada. 

La década de los 80’s fue realmente particular, tuvo dos etapas muy diferenciadas, una primera mitad en la que se caracteriza por un Miguel Ríos al más alto nivel, con una banda espectacular, un nivel insuperable, abrazando el rock más duro, y que tiene su momento álgido en el Rock & Ríos, y después una etapa diametralmente opuesta en la que parece que pierde toda la energía, se despoja del cuero y de combatividad y se acerca a sonidos maduros, es decir, de juntarse con gente como Leño pasa a relacionarse con Víctor Manuel o Serrat, ¿a qué crees que se debió semejante cambio en tan poco espacio de tiempo? ¿En qué momento desapareció el Miguel Ríos innovador y se convirtió en un cantante de música ligera?

Ahí se juntaron muchas cosas. Me cuesta mucho trabajo entenderlo a mi también. Miguel hizo amigos nuevos, más movido por temas y afinidades políticas que por otra cosa. Sus discos, sin ser malos, perdieron totalmente el fuelle, buscaba encajar en varias movidas que no eran la suya. En el libro trato de explicarme, más a mi mismo que al lector, el porqué de todo aquello. Sigo teniendo serias dudas. Puede tener que ver con la edad, sí, lógicamente no es lo mismo tener veinte años que treinta y cinco…pero me sigue pareciendo una etapa difícil de explicar.

¿Crees le pesó esa búsqueda incesante de renovarse? Es lo que pasa cuando un artista sigue siempre con la premisa de reinventarse continuamente, un ir más allá. Me recuerda un poco salvando las distancias a U2, que de tanto buscar una revolución continua acabaron saliendo de limones gigantes y perdiendo el norte por completo. 

Yo creo que es al revés, se acomodó, buscó un sonido más acorde con los tiempos, dejó de arriesgar. Empezó a usar sintetizadores y todo eso… Recuerda lo importante que era en esa época salir en “Tocata” y tener tus singles en puestos alto de Los 40. No buscó evolución, sino seguridad. Aun así, desperdigados por esos discos hay muy buenos temas. Pero entiendo que dé cierta pereza meterles mano. 


Crees que se ha producido en los últimos años una revitalización de la figura de Miguel Ríos? Da la sensación de que se ha desprendido de esa imagen de “carroza”, de músico aburguesado de finales de los 80’s y los 90’s, ha grabado discos más rockeros y sobre todo se ha relacionado con músicos más jóvenes “old school”, como Jose Ignacio Lapido, Carlos Tarque, Quique González…

Pues sí, afortunadamente su último disco en estudio, “Memorias de la carretera”, era bastante mejor que lo inmediatamente anterior. Para empezar, tiene como mano derecha a José Nortes, un tipo muy muy fiable. Luego, esa mano que le echa gente como Quique González, Lapido. Ahí algo se recupera, tal vez demasiado tarde, pero da lugar a una gira de despedida que fue un bonito colofón. Y llevaba una banda bárbara en directo. 

  

¿Crees que se infravalora la carrera musical de Miguel Ríos? ¿Por qué crees que sus discos más innovadores o arriesgados/rupturistas… no se han quedado en el imaginario nacional?

Mira, para mucha gente, Miguel Ríos es un “one hit wonder”, ya sea el Himno, “Bienvenidos” o “Santa Lucía”. La mayoría no ve mucho más allá. Pasa con otros artistas. No me preocupa ese oyente pasivo, poco dado a profundizar. Otra cosa es dentro del público rockero. Hay aun muchos prejuicios hacia su carrera, sobre todo por lo que hablábamos de los ochenta y noventa. Todo eso de Serrat, Victor Manuel…ya sabes. Yo recomiendo siempre irse directo a todo lo que grabó en los setenta. Canela en rama! Incluso “La huerta atómica”, jaja…

Yo, gustándome toda la carrera de Miguel Ríos, tengo problemas con algunas canciones, como Santa Lucía, muy quemadas en su época por los medios y personalmente con un sonido demasiado 80’s para mí gusto… En cualquier caso yo creo que él mismo ha sido en cierta forma culpable de esa imagen que se ha tenido de él, piensa que esa faceta más acomodada se inicia a mediados de los 80’s y se extiende al menos durante 20 años.

Más de veinte años, sí…prácticamente desde que se la pegó económicamente con “Rock en el Ruedo”. De todos modos, “Santa Lucía” pertenece aun a sus días grandes. Si su sonido ochentero te echa para atrás, no hablemos de otras canciones como “La reina del keroseno” o “Niños eléctricos”. “Santa Lucía”, para mí, es uno de los mejores temas de la historia del rock, en general. Así de claro. Pero ciertamente, bastante quemado. Eso pasa con muchos clásicos, es normal. Pero la calidad es intrínseca al tema. ¡Dale otra oportunidad, Javi! Busca la versión en directo con Carlos Tarque, ya me contarás.

Mil gracias, amigo...