lunes, 28 de agosto de 2017

"Inerte", de Atavismo: Una invitación a elevar tu alma.



El término “Atavismo” hace referencia a la influencia de los antepasados, como si la existencia personal de cada uno fuera el resultado de de la unión de mimbres místicos provenientes de seres que habitaron mucho antes que nosotros y hubiesen dejado su sello en el subconsciente colectivo. Y si de algo está impregnada la música de Atavismo es de misticismo. Estamos en 2017, no hay industrial musical, no hay negocio, no hay canales, y sin embargo aparecen formaciones que elevan la música, el rock, al nivel de arte, profundo, onírico, casi trascendental. La música de Atavismo no te deja indiferente, porque te atrapa y te lleva, te arrastra tan lejos como tu propia imaginación sea capaz de dejarse llevar. Si con “Desintegración” llamaron la atención de muchos de nosotros, con “Inerte” consiguen ir más allá y desarrollar una paleta sónica que desprende personalidad y talento a borbotones.

Hace dos años en Sanlúcar pude asistir a un pequeño festival con bandas de la zona como The Shooters o Bourbon. Y entre medio se hacían un hueco los Atavismo, banda de la que había oído hablar hasta la saciedad, sobre todo de boca de mi amigo Manolo, de San Roque, toda una referencia en esto del rock & roll. Sus referencias eran altas, pero se quedó corto, presenciar aquel viaje cósmico en el que consisten los directos de Atavismo me dejó noqueado. Y desde entonces imposible olvidarse de ellos. Desintegración” ha sonado repetidamente en mis oídos, tanto desde el reproductor como en la memoria, la música de Atavismo se hace fuerte en tu cerebro y su eco suena y suena, como si fuera un mantra, liberador, místico, iniciático… Si en su primer trabajo había cierta cadencia hacia los tiempos medios y a sonidos envolventes, casi fantasmales (¿hay algo más profundamente bello que “Oceánica”? ¿No sientes la brisa y el olor a salitre?), en “Inerte” el pulso aumenta, la intensidad se eleva y se mezcla con nuevos sonidos, introduciendo sonidos claramente influenciados por su tierra, una Andalucía tan dejada de la mano de Dios (y del hombre) como desbordante de arte, arte que viene de la sangre, caliente siempre. En “Pan y dolor” parecen unos Triana revolucionados, un tema que casi duele, excesivo e intenso. En “El sueño” los Atavismo más progresivos te dejan exhaustos. En la “La Maldición del Zisco” suenan hipnóticos en uno de los (muchos) momentos intensos del disco. Difícil no dejarse atrapar por instantes como este. “Belleza cuatro” hace honor a su título, como si de una canción de cuna psicodélica se tratase, tanta belleza y tantos colores en una sola canción, de esas que quieres que no termine nunca, no quieres bajar de ella. Y sin embargo mi momento favorito del disco aún no ha llegado. Qué decir de “Volarás”… Majestuosa, densa… Épica e intensa, e igualmente excesiva, diez minutos de, más que una canción, una experiencia sónica. Atavismo no escatima en detalles para dotar a sus composiciones de infinitos vericuetos emocionales, si el trabajo hasta aquí ya es sobresaliente, en “Volarás” parecen dar un último salto más allá, más alto. Es imposible no caer rendido ante algo así, tanta belleza es imposible que te deje indiferente, esos coros, esa segunda voz de Sandra, esas letras que casi duelen, esa  guitarra hipnótica… Pasan los días y esos coros se han instalado en mi cabeza, no puedo (ni quiero) hacer que se vayan, vuelvo a ellos una y otra vez. Y no veo el momento de disfrutarla en directo, porque como dicen ellos mismo, volarás.

Atavismo no es sólo un grupo de rock, es una experiencia mística. E “Inerte” es su nueva invitación a elevar tu alma. No lo dejes pasar.




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