lunes, 20 de marzo de 2017

20 años sin Jeff Buckley.


Cada vez que barrunto la necesidad (necedad, quizá) de desarrollar una teoría que trate de analizar la belleza de la música, de adentrarme en esa reacción bioquímica que se produce en nosotros como si fuera el soplo mismo de la vida, de cómo nos hace efectivamente sentir más vivos que la vida misma… siempre me tropiezo con la imposibilidad de hallar las palabras adecuadas con las que aproximarme a aquello que es el corazón, que es la belleza de la música, de la propia vida en realidad. Desisto en mi intento porque desisto de intentar explicar la vida y decido vivirla sin más. La música, la belleza, el arte… no se explica, se vive. La música de Jeff Buckley es todo eso: Belleza, sentimiento, sensibilidad… es la vida misma, y tras veinte años proponiéndomelo nunca he sido capaz de explicar con acierto la música de Jeff Buckley y, por extensión, al propio Jeff Buckley.

Jeff Buckley llegó a la vida de muchos de nosotros como algo fugaz. Grabó un único disco, "Grace", y desapareció. Suyo podía haber sido el universo, y sin embargo el universo se lo quedó para sí, con sólo treinta años. Muchos se esfuerzan en vano durante décadas en acuñar toda la belleza que él logró reunir en un único trabajo. Él lo hizo a través de apenas un puñado de canciones con las que hizo de este un mundo un poco mejor. Acceder a "Grace" y a Buckley es como entrar en la Capilla Sixtina e ir elevando la mirada a cada paso. Es esa sensación que te inunda mientras sientes cómo la sangre de tus venas se va calentando a cada instante y cada centímetro de tu piel la sientes latiendo, se siente viva.

La historia de Jeff parece sacada de un guión cinematográfico. Hijo de uno de los grandes talentos de los años 70’s, Tim Buckley. Padre ausente, artista, una entelequia en la psique de Jeff durante toda su vida (“Father do you hear me, do you know me, do you even care?”) que además, como si marcase el destino de su hijo en forma de herencia (como hizo Bruce Lee con su hijo Brandon), también moriría muy joven. Jeff y Tim apenas se vieron dos veces. La carrera musical de Jeff se inició de forma casi accidental en una misa cuando interpretó dos canciones de su padre en modo de homenaje, dejando helado al público que asistía al servicio eucarístico. De alguna forma aquello impulsó algo que estaba latente, conectó a padre e hijo y le indicó el camino, un camino agreste, engañoso y de final incierto.

Desde entonces Jeff comenzó ensayar y a practicar. Su voz era la de un ángel, dominaba a la perfección todas las tonalidades, un control absoluto de la voz, sobrada de potencia pero derrochando suavidad, con fuerza pero hecha para susurrar. Y algo que normalmente nadie recuerda: Jeff Buckley era un guitarrista fantástico. Su domino de las seis cuerdas como guitarrista rítmico era sobresaliente. Lo mejor que creo puedo decir es que su forma de tocar estaba a la altura de su voz, que se fundían a la perfección, y que sin su sutil técnica sus canciones no habrían alcanzado las cotas de belleza que consiguieron. Alguna vez me he imaginado a Jeff como solista de una banda y nunca me encajó. Jeff Buckley era su voz y su guitarra, ambos sublimes.


Es 1997 y "Grace" ve la luz, nada volverá a ser lo mismo. Entre tanta miseria, entre tanta tristeza y fealdad, "Grace" brilla  y hace de este un mundo mejor, “hay sitio para la belleza” parece decirnos entre susurros. En efecto, "Grace" comienza con un susurro, Jeff inicia su obra susurrando, ¡qué manera de presentarse al mundo! De forma sutil se nos presenta, torturado, bello, honesto, vulnerable. "Mojo Pin" abre el disco casi sin querer para terminar gritando, dejándonos exhaustos. Con "Grace", la canción, comienza el éxtasis, la voz de Buckley ya se ha apoderado de ti, te transporta, te rodea y te eleva (“Ahí la luna, buscando quedarse, lo suficiente como para que las nubes me lleven lejos, volando”), la vida puede ser maravillosa  a veces. Su forma de cantar demuestra una personalidad abrumadora, en plena vorágine grunge su voz bebe del jazz (Nina Simone es un referente continuo, sin duda) y del rock, su modulación, su cadencia es asombrosa. En "The Last goddbye" el nivel se mantiene, cuando no incluso crece, qué maravilla de canción, la voz de Buckley se funde con una preciosa orquestación de viento, el alma se te tiene que encoger ante algo así, tanta vida, tanta belleza… tanta que casi duele. Jeff comienza a jugar con los falsetes con una facilidad y una sencillez pasmosa, su personalidad queda plasmada en su totalidad. A partir de aquí se da un pequeño respiro, inicia una parte del trabajo más introspectivo, donde voz y guitarra son el centro de todo en un tono muy jazzy, “escúchame, no puedo ver claramente”, canta desde la penumbra. Me lo imagino tocando en un bar oscuro lleno de humo con los ojos cerrados… viviendo cada nota que interpreta con una intensidad que te desarma desde la seda. Qué decir de su re-interpretación del "Hallelujah" de Cohen que no se haya dicho ya. Debería callarme, renunciar a escribir y volver a ponerla, cerrar los ojos y dejarme envolver por ese ángel llamado Buckley, que consigue elevar la música a otro nivel, como si estuvieras en un altar sagrado y quisiera elevar tu alma desarmándote con su guitarra y su voz. Su voz, qué forma de cantar... Leonard Cohen, al igual que le sucedió a Dylan con Hendrix y su "All along the watchover", llegó a afirmar que esa canción ya no le volvería a pertenecer jamás. Si Grace solo hubiera incluido esta canción Buckley habría subido a los altares igualmente. Pero no, vuelve con un tema compuesto por él solo, "Lover you should come over", un llanto de desamor (quién necesita el amor existiendo un desamor tan bello…). Unos coros y un órgano apenas perceptible son un apacible viaje que te mece y te mece, te abraza… cada vez que escucho esos estribillos me sigue dando la misma sensación, la misma necesidad de darle las gracias al cielo por haber nacido. Es una de mis canciones favoritas del disco, cómo evitarlo… Ahora se apagan las luces. Un Buckley más introspectivo aún si cabe nos mece con "Corpus Christi Carol", no puedo ni siquiera imaginar algo tan hermoso. Tan sutil que casi duele, como si fuera una nana y él el ángel que te acuna. Con "Eternal life" Buckley suelta su ira por única vez en el disco, con su canción más furiosa. Buscar los paralelismos entre la letra de "Eternal life" y el devenir de su compositor es tan sencillo como devastador. De nuevo es un torturado Buckley el que nos grita, a nosotros, al mundo. No es este un sitio en el que se encuentre cómodo, sin duda. Él se abre al mundo pero el mundo no le responde más que con miseria. "Dream brother" cierra Grace cerrando de alguna forma el círculo que se inició con "Mojo Pin", de forma sosegada, entre susurros, como si fuera el final de un sueño, hipnótico, onírico.


El éxito de ventas no estuvo a la altura del de crítica. No era un disco de venta sencilla a pesar de lo cuidado del producto (tanto portada, vídeos, imágenes… transmitían mucha elegancia). Celebridades alabaron notablemente el trabajo de Buckley y durante tres años no paró de girar y girar, con una espiral de demonios internos y desencantos con la industria que hicieron de él más inaccesible aún, pocas entrevistas se guardan de él. Siempre he pensado que los artistas no deberían dar entrevistas, su arte habla por ellos, y el de Buckley más que hablar grita de forma cristalina. En mayo de 2017 Jeff se reuniría en Memphis para iniciar la grabación de su segundo trabajo, que tenía el provisional título de "My Sweetheart the Drunk". Buckley murió ahogado en el río Wolf. Se ha dicho que quizá se suicidó, que fue un accidente imprevisible o una jodida estupidez. En realidad da igual, al igual que Shannon o Amy, ya nunca volvió a nosotros para interpretar una última canción, dejándonos huérfanos de su talento.

Lo que vino después fue realmente inspirador. Era de esperar que aparecieran re-ediciones de todo lo que hubiera podido llegar a grabar, y así fue, pero es indudable que Buckley desde el más allá nos siguió dando mucho. Su compañía de discos trabajó en el material que había llegado a grabar para su segundo disco, publicando "Sketches from My Sweetheart the Drunk", un notable epitafio en el que pudieron rescatar joyas como "Everybody here wants you", tan terroríficamente bella como dolorosa, una canción sin duda a la altura de "Grace". O la juguetona "Yard of blod girls", que grabó con Inger Lorre. También "New Year's Prayer", una hipnótica canción casi lisérgica que nos da una idea de cómo trataba Buckley de experimentar en busca de nuevos sonidos y matices. Del resto del disco sólo se puede decir que son apenas bocetos casi sin trabajar, poco se puede intuir de estos de lo que podría haber dado de sí Jeff en su segundo trabajo.


No puedo dejar pasar la que, sorprendentemente, es mi canción favorita de Buckley. La descubrimos en su directo "Mystery White Boy". “This is a song some of probably don’t know… most of you” decía Jeff antes de arrancar “What will you say”… Qué decir, una de las canciones más bellas, más puñeteramente bellas que nunca he escuchado, un llanto desgarrador al padre ausente, un grito al mundo que se acaba, que se cae a pedazos.

It's been such a long time
And I was just a child then
What will you say
When you see my face?
Time feels like it's flown away
The days just pass and fade away
What will you say
When they take my place?
It's funny now
I just don't feel like a man
What will you say
When you see my face?
My face...
Mother dear, the world's gone cold
No one cares about love anymore
What will you say
When you see my face?
Father do you hear me?
Do you know me?
Do you even care?
What will you say
When they take my place?
My heart can't take this anymore
What will you say
When you see my face?
When you see my,
See my face...
I can feel your time crawling
To a slow end
I can feel my time crawling

Recuerdo escucharla una y otra vez, una y otra vez en mis interminables paseos por la fría Dublín en el 2000, sentía que me estaba cantando a mí, el mundo se paraba a mi alrededor, nada importaba cada vez que le escuchaba gritar como si la vida le fuera en ello… esa forma de expresarse solo está destinada para elegidos, sin duda.

Lo que vino después realmente no terminó de interesarme. Uno llega a pensar que la gallina de los huevos de oro, finalmente, se había vaciado por completo, algo normal a tenor del status de leyenda que la figura de Buckley ha llegado a alcanzar hasta nuestros días. Y sin embargo el año pasado se publicó una joya M-A-R-A-V-I-L-L-O-S-A titulada “You and I” en la que se recoge a Jeff únicamente junto a su guitarra (el Jeff más auténtico, el más intenso) en unas grabaciones que realizó para Columbia Records a modo de presentación. Increíble pero cierto, 19 años después de su fallecimiento Buckley volvió a nosotros con la misma sensación de que un ángel había bajado para deleitarnos con sus canciones, con su música. “Grace” es el único tema ya conocido, el resto son versiones de composiciones más o menos conocidas, con un nivel interpretativo que vuelve a rallar a lo más alto. Mi favorita es el tema rural tradicional “Poor boy long way from home” que interpreta demostrando su destreza con el slide, algo que, sorprendentemente, no usaría nunca más y que da una muestra de su profundo dominio de la guitarra. “Just like a woman” de Dylan, o una deliciosa “I’m calling you” son solo ejemplos de un disco maravilloso cuando creíamos que no volveríamos a tener nada nuevo de Buckley.

20 años sin Buckley y al igual que Shannon, sigue con nosotros. El río Wolf no se lo llevó, simplemente lo subió al altar de los cielos para convertirlo definitivamente en el ángel que realmente era. Nunca lo he hecho y creo que es buen momento para hacerlo: Gracias Jeff Buckley por haber existido.





  

5 comentarios:

J.Sánchez dijo...

Excelente artículo, Javi. La música de Jeff tenía algo que describes a la perfección. Yo añado: era un velo eléctrico cubriendo un corazón que hacía de lo onírico arte y de lo triste, realidad. Era una música gris impregnada de destellos multicolor. O como ver fuegos artificales con unas gafas empañadas de llanto. Normalmente un músico se desnuda y se muestra en una sola forma. Buckley era capaz de ser intenso, triste, misterioso...y hacerte menear la cabeza a la vez.

javistone dijo...

Tenía "algo", en efecto. Y lo explicas bien, sin duda, era muchas cosas, emanaba muchas sensaciones, y todas profundas.

Gracias por pasarte...

The Promouters dijo...

Pues menos mal que no encuentras las palabras adecuadas. Eso me pasa a mí con mucha frecuencia, y siempre suelo encontrar en textos ajenos justo lo que quiero expresar. Y aquí ha pasado una vez más. Gracias por el artículo. Cualquier cosa que se diga sobre Jeff será poco y siempre será bienvenido si expresa algo tan hermoso como lo que dices.

javistone dijo...

Jajaja... gracias...En realidad lo de no encontrar las palabras era para explicar qué era/es la música para mí, y en cualquier caso, he tardado 20 años en atreverme a escribir sobre Jeff Buckley, así que esa incontinencia tenía que salir irremediablemente en forma de ladrillo...
Gracias de nuevo por tus palabras y por pasarte...

Saludos!

Violetta Stranger dijo...

Yo sigo sin tener las palabras exactas para hablar de Jeff, me da tanto gusto encontrarme con textos como el tuyo y con más personas que aman en todo su esplendor la música de este ángel, cada dia, cada vez que escucho su música lo extraño tanto, él solo él me hace sentir todo lo que ni yo misma puedo describir que contiene mi alma, sé que el lo describe a la perfección en su música, en su letra, sé que será un ser humano irrepetible, que el mundo, el universo al menos nos lo presto por unos años pero su música será eterna y ese es su más grande legado, vivirá Jeff siempre en mi corazón, cabe mencionar que no cualquiera puede llegar a sentir lo que él expresa en su música, me basta con saber que al menos tengo sus compilaciones para rato; te amamos Jeff!!!
P.D. Excelente post. Saludos!