lunes, 25 de octubre de 2010

Monkey Week 2010.

Aquí va la crónica que servidor ha hecho sobre el festival para los amigos de Paisajes Eléctricos.

Lluvia, consagración, diversión, rock & rolll…: Monkey Week 2010.

Por segundo año, el Puerto de Santa María se convirtió en punto de reunión de músicos, medios, discográficas y gente afín a esto de la música. Del 8 al 12 de octubre, los integrantes de La Mota Ediciones se volvieron a embarcar en este particular festival, un evento que a todas luces trata de desmarcarse del resto de los que se organizan a lo largo del país, una distancia tanto de convicción como de estilo. Donde unos se pelan el culo por traer a la estrella de turno (algo loable), el Monkey evidencia una tendencia a identificar el festival como un punto de partida y no de llegada, entendiendo que el asistente al Puerto estos días no viene buscando nada en particular sino que viene a conocer, aprender, divertirse y a dejarse asombrar. Y sí, lo mejor que se puede decir del Monkey Week es su enorme capacidad de asombro. Asombro por la capacidad de poner patas arriba a la ciudad, por la capacidad de meter durante cuatro días y cuatro noches el pop, el rock & roll, el indie… en cada rincón de las calles del Puerto, asombro por la pasión con la que los organizadores demuestran en cada decisión que toman. Y no, no seré yo quien diga que el Monkey Week es un reloj suizo en cuanto a organización, ni seré yo quien asegure que no hay cosas por mejorar, pero… yo sólo veo parabienes.


Lo primero: No sólo de música en directo vive el monkey-fan (permítanme la innovación del término). De entrante tenemos las charlas, o mesas redondas, con un Teatro Muñoz Seca, en pleno centro, repleto de stands de sellos, músicos ávidos de darse a conocer y propuestas de todo tipo. Había incluso quien regalaban gafas para ver en 3D su video cuál James Camerón malasañero. No es una cuestión banal para cualquier asistente, por que por allí pasaron voces más que competentes para hablar de la situación de la música en general, de la evolución del directo en España, de la importancia (o no) de los blogs como nuevo sistema de extensión de la cultura, de lo complicado para los nuevos músicos sacar adelante sus propuestas, del papel de la SGAE y los derechos de autor… Comentarios que fueron algunos apasionantes y otros menos, pero que sin duda en boca de gente como Nacho Vegas, Miqui Puig, Hendrik Röver, de representantes de Ruta 66, Mondosonoro, la propia SGAE, la sala Sol de Madrid,… de promotoras, de radios on line… presentaron una imagen fiel de dónde estamos y hacia dónde parece que vamos, una amalgama de mundos paralelos a la música. Desde luego la palma se la llevó la encendidísima participación de Juan Aguirre de Amaral al que le faltó echar bilis por la boca al referirse a la industria musical, explicando cómo el sistema cada vez es más precario para los nuevos valores, ataque sin tapujos a la SGAE incluido. En definitiva, para todos los asistentes de estos foros fue una especie de bocanada de aire fresco, la sensación de que no estamos solos, y de que pese a las dificultades, ahí fuera hay mucha gente con inquietudes, tanto de hacer como de consumir música (o promoverla).

Pero vayamos a lo más importante, la música. Por que al fin y al cabo es de lo que se trata, como decía el domingo Fino de Los Enemigos. La oferta ha sido completamente inabarcable, y como por ahora la capacidad de ubicuidad no la he desarrollado tanto como quisiera y la planificación inicial fue imposible de cumplir... Por que ya me contaréis, cómo diablos puede uno ver a la mitad de los grupos que tocaban cada día repartidos por la localidad gaditana. El sábado me tuve que perder a Ainara Lagardon, The Barbass o Mujeres, aunque sin duda el plato fuerte me esperaba en el Monasterio donde esperaba poder contemplar a mis dos grupos referencia, los creadores de krautrock, Faust, y a los inclasificables Chrome Hoof… pero una descomunal tromba de agua provocó que los organizadores decidieran cancelar las actuaciones de ambos. Mal comienzo, día flojo en cuanto ambiente por culpa de la amenazante lluvia en el que debía ser uno de los días fuertes.
No pasa nada, el domingo volvemos, el clima parece darnos un respiro, y yo me voy de cabeza a ver a los Guadalupe Plata en el precioso Mucho Teatro, y no, los de Jaén no defraudaron lo más mínimo, nos volaron la cabeza con su blues rural cargado de sentido virtuosismo, definitivamente uno de los triunfadores para el que suscribe. Optando por quedarme a ver la siguiente actuación, me dejo convencer por Audience, una banda de jóvenes multiinstrumentistas que dominan el rock americano tradicional, voces potentes, guitarras variadas y unas tablas escénicas de las que te dejan con ganas de mucho más debido a unos problemas de sonido que les incomodó toda la actuación. Gustaron.


Teniendo en cuenta que el Arriate estaba demasiado lejos para ver en apenas unos minutos a Niño Malalengua, opto por colarme en el Milwakee para ver las dos últimas actuaciones de la noche, que nos dejan a todos un tanto frío, frío que se recompensa con el fantástico ambiente pre-concierto en el Monasterio. Con un poco de incertidumbre por la lluvia… los absolutos triunfadores por KO demoledor: Cave, apenas estábamos entrando en calor nos apabullan con una rocosa muralla electrónico-rockera de las que se recuerdan toda la vida. Muchos de nosotros sencillamente no nos lo podíamos creer, volumen brutal, baile, groove, incluso cierta locura Stooges, en una banda que sin duda mejoran en directo respecto al sonido de sus discos.

Una vez recuperados tuvimos que presenciar de lejos lo peor del festival, Quintron and Miss Pussycat. Básicamente, un tipo clavado en el escenario tocando un teclado al más puro estilo pseudo-80’s. Y no, como broma podía haber tenido gracia un rato, pero el frío, estar calados hasta las rodillas, la hora y que muchos trabajábamos al día siguiente, hizo que a la media hora de infernales “solos” a lo Azul y Negro, decidiéramos dar por terminada nuestra jornada del Monkey. Parece ser que sacaron luego una especie de espectáculo de marionetas. Sí, todo muy underground, pero definitivamente no era para mí. Lo cual no dejaría de ser una molesta anécdota si no fuera por que me perdía la actuación siguiente de The Strange Boys, unos texanos de Austin (qué le echarán al agua allí, madre mía) que en disco suenan realmente bien.

Último día y el ambiente está al máximo. Finalmente el cielo nos da una tregua definitiva y el Puerto se convierte en lo que normalmente es, una localidad bañada por el buen tiempo y un fantástico ambiente desde la sobremesa hasta bien entrada la madrugada. Por la mañana las programas charlas a las que por motivos laborales me es imposible acudir, y una cita ineludible a las cinco de la tarde para ver a Niño Malalengua, de quien me habían hablado maravillas. Y en efecto, es indudable que estos tipos saben fabricar melodías, pegadizas y robustas, que quizá evidenciaron cierta falta de frescura por el cansancio (tocaron el día anterior), frescura de la que en realidad, las propias canciones van sobradas. Y bien, no había sido mala elección la nuestra, ya que la actuación programada a continuación era ni más ni menos que los míticos TNT, con el imprescindible Jose Antonio García (voz y alma, junto a Lapido, de 091). Pero oh sorpresa,… que no son TNT quienes se suben al escenario, sino Yani Como, una inclasificable banda de pop-rock que divirtieron al escaso público que no entendían que los TNT se habían caído del programa. Y de alguna forma, dentro de la decepción, me alegré de no ver al cantante de 091 sobre un escenario como aquel y en un sitio tan poco apropiado  para dar conciertos como era la sala Quantyc, mucho menos para un mito del rock español.

En cualquier caso, terminados los burgaleses Yani Como (el cantante es 100% arrogancia y actitud) alcanzamos a presenciar en la plaza de Alfonso X el resultado de un curioso espectáculo promovido por Rhys Chatham, quien estuvo preparando durante tres días en ensayos públicos con guitarristas locales algunas de sus canciones, especies de clases teórico-prácticas que culminarían el lunes en una curiosa ceremonia orquestada, más interesante por lo original que por otra cosa.

Pero ojo, parecía que pasaría inadvertido, y sin embargo en la sala Nahua me esperaba una de las mayores sorpresas del festival, los locales Perro Peligro: un viaje psicótico-compulsivo rallando el stoner más psicodélico con ritmos tribales, teclados afilados y bajos perversos que vomitaron una orgía de rock instrumental de lo mejorcito y más divertido que uno haya visto en mucho tiempo. Dos bajos, un batería, un percusionista completamente descosido, una guitarra y una dulce y perversa teclista forman Perro Peligro, sin duda, con Guadalupe Plata, mis triunfadores en los showcases de este año del Monkey Week.
Como decía, el lunes el tiempo había acompañado, y el horario del monasterio iba como un reloj. Para comenzar el plato fuerte salían a escena Ginferno, una inclasificable banda de rock & roll clásico, con tintes folk a ratos y un cierto aire marciano a lo Tom Waits que nos hizo bailar durante un buen rato. Mientras, en el “escenario” del RED BULL TOUR BUS teníamos a Paco Loco con la formación ?! CALYPSO que precisamente, era calipso lo que hacían, todo muy divertido, vive dios. Triángulo de amor bizarro dieron un gran concierto, en directo su sonido se hace mucho más áspero y a veces recuerdan a los Lagartija Nick. Sonido apabullante, cantante sexy y ganas de más, aunque, lo cierto es que, allí a los que realmente estaba esperando la inmensa mayoría era a los clásicos Buzzcocks, que definitivamente no defraudaron. Con bastantes años de más pero con las ganas de rockear intactas salieron a darlo todo desde el primer momento, toda la fuerza sigue ahí, sin duda. Ok, Pete Shelley está mayor, pero va sobrado de voz y si de actitud hay que hablar, entonces es Steve Diggle a la guitarra quien se lleva la palma, ejecutando todas y cada una de las canciones como si fuera la última, repasando clásicos que sonaban a gloria entre un abarrotado Monasterio.

En definitiva, una edición, la segunda en su formato Monkey Week que demuestra que esto debe seguir adelante, y que sin duda, esto del rock & roll se trata de divertir y divertirse, como refleja el comentario de uno de los organizadores, César Guisado, el último día: “No sabes cómo me estoy divirtiendo”.

Larga vida al Monkey Week.
La pequeña Lu Stone luciendo orgullosa su camiseta de ACDC en su primer festival, ou yeah...
Fotos: Miguel Ángel Paez (mil gracias) y Javi Torreira.

Videos del Monkey.

Mondsonoro: 


La film Video Magazine:

3 comentarios:

LoRbAdA dijo...

Parece que a los dos nos ha dejado atónitos Guadalupe Plata en un margen de 24 horas. No es para menos. Lástima lo de TNT, otra vez será. Lo de que la industria de la música va de culo no es nuevo pero ellos se lo han buscado, cuando un adificio cae en sus escombros se construye otro... solo tienen que ponerse de acuerdo y analizar cuál es el mejor método o fórmulas y para eso es fundamental debates como el que presenciastes. La música y los músicos nunca morirán pero los magnates... eso es otra cosa. Al final volveremos a la época de los trovadores, ya verás :D

javistone dijo...

24 horas, un poco más, pero sin duda a mí me volaron la cabeza. En disco suenan bien, en directo no, suenan a otra cosa, a una especie de experiencia de vudú tal que estuvieras en las orillas del mississippi. Gracias por comentar, Lorbarda, se agradece que después de esforzarte en escribir una reseña digna alguien se moleste en comentar.
El año que viene... mucho más.

Mr. Mojo dijo...

muy buen artículo, javi. un festival así que se mantenga año tras año es un lujazo enorme. a los guadalupe plata ya me los he perdido 2 veces en lo que va de año y mira que les tengo ganas. por cierto, estuve en el Puerto de Santa María este sabado y me gustó mucho. habrá que volver con más tranquilidad. saludos