lunes, 20 de marzo de 2017

Chuck Berry DEP.


Hace aproximadamente unos diez meses escribí un post que a priori podía parecer un poco cenizo. En él trataba de agradecer en vida a todos aquellos ídolos que aún estaban entre nosotros y que irremediablemente acabarían faltando, más tarde o más temprano, sabiendo que en algún momento debería recurrir a su revisitación. Uno de ellos era evidentemente Chuck Berry. Alguien que se va de este mundo con 90 años se le debería decir adiós con más respeto que lástima, pero Chuck Berry fué el origen de prácticamente todo en esto del rock & roll. Podríamos teorizar durante horas sobre quién fue el auténtico pionero, quién fue la piedra angular... Mi idea la tengo clara, Chuck Berry lo creó y luego Little Richards lo expandió y los chicos blancos lo popularizaron. Chuck Berry fué el big bang de todo esto, un "esto" que cambió el signo de los tiempos, que provocó un proceso irreversible que cambió sin duda el mundo. El mío sin duda no habría sido nada sin el rock, por eso a Berry lo tendré siempre como padre de todo, el punto de inflexión en el que el blues se convirtió en rock and roll. 

No quiero entrar demasiado en el Chuck Berry persona, mejor quedarme en el músico-creador-pionero. Como persona demostró ser un miserable hijo de puta, y sus últimos años, décadas en realidad, fueron entre lastimeras y vergonzosas. Pero dicho esto (difícil no olvidar su lamentable escándalo de las grabaciones), no puedo dejar de pensar en todas esas canciones que nos han acompañado desde que aterrizamos a este mundo. Desde ese irrenunciable "Johnny B. Good" (con 11 años decidí sin lugar a dudas colgarme una guitarra tras ver Regreso al futuro...), "Route 66", "Rock and roll music", "Roll over Beethoven"... sus canciones lo han impregnado todo, que se lo digan a Uma Thurman...

En cualquier caso, Chuck Berry, gracias por tu música... Gracias por el rock & roll. DEP.

viernes, 10 de marzo de 2017

Entrevista con el Capi: "El R’n’R es ideal para tugurios oscuros y bolos pequeños".


Cualquiera sabe del respeto y la admiración que profeso a este hombre. Cumplen en breve diez años del blog y tenía una deuda con el Capi, toda una referencia en el mundo de los blogs y podcast. Esto más que una entrevista, esto es una pequeña charla entre colegas. La próxima espero que sea en una barra de un bar tomándonos unas cervezas… 

Yo te conocí gracias al blog, y luego con el programa de radio o podcast, ¿cómo acabaste metido en tanto jaleo?

Realmente no sé cómo me metí en tantas historias y algunas tan interesantes, pero básicamente el blog comenzó como una manera de compartir cosas con el resto del mundo. En un principio pensé que serían dos personas y luego me di cuenta de que había cientos de personas fieles a lo que colgaba en él. Todo acabó sobrepasándome cuando los grupos me enviaban sus discos para que hiciese reseñas sobre ellos y llegó un momento que vi que no podía con todo y cuando vi que me robaba demasiado tiempo de mi vida, además de para no defraudar a nadie…. lo dejé en stand by.

¿Y el programa de radio?

Lo del programa de radio fue una “liada” de un buen amigo que me embarcó en su proyecto y mira, hasta hoy, y además muy contento de ver que cada día son más las personas que lo escuchan y que además encuentran un  buen sitio donde juntarse en el Facebook del programa mientras se emite en directo.

Es imposible estar al tanto de todo lo que se cuece en el mundo del rock and roll, y sin embargo ahí estás tú, que seguro que dirás lo mismo, pero es increíble la capacidad que tienes para traernos tantos grupos y tanta música que muchos de nosotros, ya de por sí consumidores voraces de música, no conocemos. ¿Cómo diablos lo haces?

Pues la verdad es que tengo mucha suerte porque, además de ser un apasionado de la música y un ávido buscador de cosas nuevas, cuento con muchos amigos entre los músicos, los cuales acaban informándome muchas veces de sus próximos lanzamientos. Soy muy afortunado en ese aspecto, ya que bandas a las que he admirado desde hace muchos años o de las que soy fan recientemente, encuentran mi programa de radio un buen lugar para promocionar su música, con lo que esto me llena de orgullo.

Bandas nacionales, italianas, canadienses, australianas… Hay por todas partes, pero al igual que el nivel sube y sube, parece que cada vez el rock es algo más minoritario. Decía Steve Van Zandt, que el rock & roll volverá al underground que es donde debe realmente estar, ¿tiene sentido eso para ti?

Claro que tiene sentido para mí. Lo que no es normal es que un grupo de Rock llene estadios de 100.000 personas y si empiezas a mirar alrededor te das cuenta de que solo hay 200 a las que realmente la banda les apasiona. Estoy harto de ver como bandas increíbles tocan para 50 personas y a la semana siguiente viene AC/DC a la ciudad y llena para 50.000… no es lógico, al menos que esas 49.950 personas restantes hayan ido solo por poder decir que han visto a la banda en directo y que son fans de sus “Jaiuguay tu jell”. Por otra parte… sí, el R’n’R es ideal para tugurios oscuros y bolos pequeños, ahí se disfruta de verdad y hay conexión con la gente que tienes sobre el escenario.

¿Tienes contacto con todas las bandas de las que hablas?

Con muchas de ellas por no decir con casi todas, aunque está claro que con unas hay una relación de amistad muy fuerte, con otras hablo de vez en cuando y, con las menos, de higos a brevas, básicamente cuando necesitan promoción. Aunque estas últimas son muy pocas.

¿Notas ciertas tendencias en los grupos que tú llamas de “high-energy”? Yo creo que  aquella hornada de bandas del norte de Europa y, sobre todo, The Hellacopters dejaron un poso muy profundo, que junto a revisitaciones de clásicos como Thin Lizzy o ACDC, tienen mucho que ver en esos sonidos actuales, ¿cuáles crees que son en tu opinión las tendencias actualmente, en Europa especialmente?

Creo que el High Energy R’n’R goza de muy buena salud, con bandas con una calidad increíble a la que solamente les impide triunfar el hecho de que hoy por hoy sale una gran banda cada día, con lo que se hace casi imposible sobresalir. Si Hellacopters hubiese nacido hoy, seguramente hubiese sido una banda más, pero en aquella época sorprendió y no había tanto acceso a internet, lo que nos hubiese permitido descubrir otras muchas buenas bandas. El ejemplo que pongo sobre esto siempre es con mis paisanos Eskorbuto. ¿Realmente crees que esta banda hoy con la calidad tanto musical como de composición que tenía hubiese salido del anonimato? Creo que sabes la respuesta tan bien como yo. Y un estilo que está muy de moda actualmente en Europa y en el resto del mundo es sin duda el (no se si bien o mal llamado) Vintage Rock, donde las bandas buscan tanto el estilo como la manera de grabar y tocar de los 60 y de los 70. Enormes bandas actualmente también.

Te voy a contar algo, yo hasta hace unos 12 años no me sentía identificado con el rock nacional, me gustaban algunas cosas pero sufría de malinchismo, era incapaz de valorar lo que se hacía aquí respecto a la que se hacía en el extranjero. Sin embargo al irme a vivir a un sitio como Jerez comencé a conocer la escena local, la de Cádiz, apareció el Monkey Week, que aunque no tiene mucho rock sí es cierto que ha potenciado al músico nacional y ha mostrado que hay mucha gente con ganas de hacer cosas. Ahora en mis listas de mejores discos del año están dominadas por gente como Bourbon, El Lobo en tu puerta, The Shooters, Furia Trinidad o Little Cobras. Está claro que deberíamos fijarnos más en el talento local/nacional.

Estoy de acuerdo, aunque la verdad es que son realmente pocas y acostumbran a ser las que se pueden permitir ganarse la vida con esto, algo al alcance de muy pocas. El resto tienden a entregarse a muerte por una sencilla razón, no se llevan apenas ni un pavo e incluso muchas veces les supone el palmar pasta subirse a un escenario, con lo que, si lo hacen, es porque verdaderamente aman lo que hacen.

De todas formas a veces es complicado por la falta de circuitos, locales de conciertos, medios en general. ¿Conoces a alguna banda del sur que te guste? Creo que a los Farelli los conoces… Esos sí que saben dar una buena fiesta…


Claro que conozco a Los Farelli y hay otras bandas del sur como Electric Alley que me flipan,  Sniper Alley Y Rebel Harlot de Granada. Hay buena movida por allí, aunque sé que el Sur no es muy rockero



Bueno, eso no es así, pero daría para otra charla. Piensa que aquí lo que prima es el flamenco, y otras corrientes músico-culturales tienen mucha menos repercusión. 
Para terminar, recomiéndame tres discos, da igual procedencia o año.

Te podría recomendar mil, no tres, pero bueno, en dos minutos me habré arrepentido de no haber puesto otro (s) jajajaja. Uno especial para mí y dos novedades que me encantan.

The Peepshows (Same), de 2003.
The Empire Strikes (High tide), de 2017.
The Clamps (Blend, shake, swallow), de 2017.

Mil gracias maestro!

miércoles, 1 de marzo de 2017

“She and the Sunshine”, de Furia Trinidad: Tocar cada nota como si fuera la última.


La intensidad en la música, en el rock, como en la vida misma, debería ser un axioma inviolable. Cada paso que des, lo debes dar como si fuera el último. Cada palabra que grites, eleva la voz como si solo quedase un último ser vivo por escucharte. Cada nota, cada abrazo, cada te quiero, como si fuera el último. La intensidad es el alma de la vida. Uno con la edad aprende que cada minuto que no vives como si fuera el último, es un minuto perdido. En la música, en el rock, disfrutamos demasiadas veces de posturas fingidas, sentimientos diseñados y emociones prefabricadas. Y sin embargo de un tiempo a esta parte en el sur español surgen francotiradores de la intensidad, del sentimiento hecho canción. Gente como Guadalupe Plata o, especialmente (y de qué manera), Don Andrés Herrera, Pájaro. O Furia Trinidad. Su nuevo trabajo, “She and the sunshine”, les ha hecho dar un paso adelante. Al igual que Martina crece con cada portada en la que aparece, la música de Furia Trinidad sigue creciendo, añadiendo matices, con nuevas sonoridades, pero, y esto es lo más importante, manteniendo algo que les hace únicos: Suenan a ellos mismos. En este nuevo trabajo elevan el nivel de sus composiciones (“She and the sunshine”, la canción, es una obra sublime), y a la vez han sabido aderezarlas con un “ir más allá” que nos deja completamente exhaustos, como si nos obligaran a cruzar con ellos de la mano ese desierto imaginario del que se impregna su música. Coros de niños en "The Morning after", vientos fronterizos en "Mary Ann’s funeral", la belleza de la sencillez en "Radio Corporation of America" (mi canción favorita del disco)… la paleta sonora que nos han regalado es tan extensa como intensa (la intensidad de nuevo), es imposible no sentir el viento abrasador en la trompeta de Mary Ann’s, no puedes evitar sentirte atrapado en la hipnótica "Leave you tonight", dejarte arrastrar por el ímpetu de "Red Blood", sentirte en New Orleans con ese inicio a lo Treme, o sentir el caos psicodélico de "Feeling Alone", impagables las imágenes de la banda en la sala Sol interpretándola con un Goli completamente imbuido en su papel de chamán iniciático del ritual de Furia Trinidad. 

Un trabajo inmenso, de fuego lento, no esperéis que entre a la primera, al igual que los viejos vinos, necesita respirar en tu subconsciente, necesita liberar los sabores a cine antiguo, a carretera polvorienta, a desierto, a tequila… Como decía, la intensidad en el rock, como en la vida, debería ser un axioma inviolable. Furia Trinidad lo saben.

  

Ayer mismo actuaron en el programa de Buenafuente, Late motiv. Y obviamente, arrasaron.

  


Aquí podéis escuchar "She and the sunshine".


miércoles, 22 de febrero de 2017

Westworld: La aparatosa vacuidad.



Hace diez años me estrenaba haciendo un trabajado artículo sobre una serie (Carnivale) que me pareció confusa, retorcida, áspera, densa… pero sobre todo me pareció brillante. Su aparatoso retorcimiento estaba al servicio de una historia fabulosa, estaba perfectamente construida y sus dos temporadas pudieron pecar de muchas cosas, pero desde luego no de artificiosidad. Casi quince años después el negocio de las series de televisión se ha desarrollado de una manera que ni los más entusiastas podríamos haber imaginado: Desarrollo vertiginoso de las tecnologías, con terminales más manejables e inteligentes; abaratamiento de precios; proliferación de plataformas de televisión a la carta (Netflix, Amazon, HBO…); y sobre todo la aparición de una demanda que roza lo enfermizo. Las series de tv se han convertido en un producto masivo de primer nivel. Las productoras han entrado en una vorágine en la que tienen que desarrollar más y más productos con los que no pierdan ni medio centímetro respecto a sus adversarios, han encontrado la nueva gallina de los huevos de oro y están en la cresta de la ola. Hace poco tiempo, cada año aparecían dos o tres series interesantes que se añadían con más o menos acierto a las que ya estaban asentadas. Ahora, en cambio, la vorágine simplemente se ha disparado, como si de una burbuja especulativa se tratara, parece que es más importante hacer series “en serie” (permítanme el torpe juego de palabras) que encontrar el producto adecuado, parece que desarrollan el producto y luego determinan el target, cuando debería ser al revés. Hace unos pocos años, como decía, cada nuevo lanzamiento era controlable por parte del consumidor/espectador. Los más ávidos podían controlar el visionado de los episodios de las dos, tres a lo sumo, novedades. Hoy la oferta se ha desmadrado tanto que es imposible completamente aspirar a estar al día de todo lo que se nos ofrece. Hay incluso en Estados Unidos casos de algo que se ha traducido como “stress audiovisual”, casos de alteraciones nerviosas (falta de sueño, crisis nerviosas…) por ser incapaz de mantener el ritmo  para verlo TODO.

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Yo hace unos meses decidí que ya era suficiente, la oferta era/es tan exagerada que dejé de interesarme por las novedades. La última serie que vi fue Preacher y porque estaba de vacaciones. Incluso algo aparentemente tan interesante para mí como Vynil decidí ignorarla, cuanto más la cancelaron por no conseguir los ratios suficientes pese al enorme presupuesto del que disponían. Netflix está presentado o tiene pensado hacerlo Santa Clarita Diet, Una serie de catastróficas desdichas, Gypsy, Discovery, Iron Fist, Star Trek, Death Note, más las nuevas temporadas de cosas como Stranger Things o Narcos. HBO en su caso tiene a Taboo, Big Little Lies, Six, Crashing, Feud, When we rise, y las continuaciones de The Leftovers, Veep, Silicon Valley o Juego de Tronos… 

¿Y bien? Pues que suele pasar que cuando se entra en un juego así, un tablero donde se ha pasado a un nivel de exigencia de producción masivo, a veces el producto final no por costoso, no por tener puntos de partida interesantes, no por contar con grandes actores… va a ser el adecuado. Al igual que con Vinyl (por lo que se comenta, no la he visto), el intentar ir más allá, el derrochar recursos en realidad ha ido en contra de la propia serie. HBO ha declarado que necesita urgentemente otro Juego de tronos y no reparó en gastos para Westworld. ¿El resultado? Un trabajo aparatoso. Grandilocuente, pero vacío, terriblemente vacío. Contando con apenas un par de buenos momentos, los diez episodios de la primera temporada transcurren entre la vacuidad más absoluta, con una trama presuntamente retorcida que no dice nada. Los momentos supuestamente más intensos carecen de poso dramático. La trama, a pesar de ser original, no va a ninguna parte.

¿Pretende ser un trabajo filosófico sobre la vida humana, sobre la conciencia? ¿Es simplemente un divertimento sin más? ¿Trata profundizar en la psique humana? Porque, para mí, naufraga en todo tipo de análisis al que la sometas. Personajes artificialmente complejos se entrelazan en una trama que pretende ser trascendental y sin embargo no transmite nada, ni siquiera ritmo narrativo. Obviamente no todo es negativo, las actuaciones de algunos de sus actores son notables, a Hopkins no lo vamos a descubrir, es soberbio. Evan Rachel Wood como Dolores realiza un trabajo intenso, Jeffrey Wright como Bernard (lo recordaréis por su enorme papel en Boardwalk Empire) o Ed Harris realizan interpretaciones más que convincentes. Y el detalle de la música del prostíbulo con versiones de salón de temas de los Stones, Radiohead… es brillante. Pero en conjunto es muy poca cosa para lo que se ha anunciado como “la serie que desbanca a Juego de tronos”. 

Aparatosa, engañosa y vacía. Cada vez me apetece menos ver dedicarle tiempo a las series, la verdad… Aunque dudo que le importe a nadie…. yo me bajo de esta vorágine.

lunes, 20 de febrero de 2017

“Fire Monkey” de Little Cobras.


Fire Monkey de los Little Cobras aparecía como uno de los diez mejores discos que hemos escuchado en el pasado año, y les debíamos la consabida reseña. Y de regalo el vídeo que le hicimos hace unos pocos meses con ese trallazo que es Cobalt blues. 

Adentrarse al nuevo disco de los Little Cobras es lo más parecido a introducirse en un túnel oscuro a mil por hora espídico perdido y con la radio del coche  a volumen 11, es como salir de fiesta por la noche con la peor cohorte de diablos del averno, la cartera llena de billetes y un bonus extra para morir matando, es la fiesta que no quieres que termine, tan sucio y tan áspero como si estuvieras en la primera fila del último concierto al que vas a ir en tu vida. Comenzar un disco con algo como “Cobalt blues” es igual que juntar en la coctelera todos tus discos de los Cramps con los de Captain Beefheart, dos litros de tequila, cuarenta jalapeños  e irte de fiesta. Descomunal forma de comenzar un trabajo, joder… Y no queda la cosa ahí, el nivel se mantiene, no decae, los Cobras han grabado su mejor trabajo sin duda, es uno de esos discos que pones una y otra vez, una y otra vez… sin parar. Cada vez que aparece “Bubble” en tu reproductor los pies se te van solos, y es que uno de los grandes méritos de los Cobras es conseguir un sonido propio, grasiento y duro pero con ritmo, mucho ritmo, personalidad propia a borbotones pero con ganas de pasarlo bien y hacértelo pasar mejor. “Too much paranoia” es otra canción que te atrapa al momento, se te mete en el cerebro al instante y te arrastra a un viaje psicotrópico, corto pero puñeteramente intenso.

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