martes, 27 de octubre de 2015

Semana Shannon Hoon II: "I’m only want to be sixteen… and free", por javistone.


Blind Melon, ufff… son palabras mayores. Ha habido muchos músicos que han significado mucho para mí, muchos que en estos cuarenta años me han acompañado en los buenos y en los malos momentos y que de alguna forma has sentido más cerca que a mucha gente que estaba alrededor. Pero, luego, hay otros que sientes que son parte de ti, que cuando los escuchabas tenías la sensación de que te estaban cantando exclusivamente a ti. Blind Melon es uno de esos pocos ejemplos de lo que hablo. E inevitablemente al hablar de Blind Melon la figura de Shannon emerge con diáfana claridad. Alguien como él no podía pasar inadvertido y a fe que no lo hizo.

Conservo la imagen de la adquisición de algunos discos que han sido importantes en mi
vida, Rattle & Hum, Southern harmony de los Crowes… y el primero de los Melon. No rain sonaba incluso en una ciudad perdida del ruido mediático internacional, donde la Mtv era el excitante hervidero donde se cocía prácticamente todo en aquellos momentos, una especie de CBGB mediático. Tras escucharla un par de veces en Radio 3 decidí hacerme con el disco y una tarde de noviembre del 94 me fui a la sección de discos de El Corte Inglés, la única forma de hacerse con discos por aquella época. Precios abusivos pero material disponible. Todo el mundo estaba enganchadísimo con Nirvana o Pearl Jam (yo el primero), pero No rain me había sonado demasiado bien y demasiado distinto como para no lanzarme a por ellos. Por aquel entonces comprarse un disco era toda una experiencia, a poco que el disco te enganchara se convertía prácticamente en tu banda sonora exclusiva durante una semana, de forma que conseguías empaparte de él, de cada detalle, de cada sentimiento plasmado a través de cada nota. Recuerdo igualmente la reseña que César Martín hizo del disco, lo definía como una mezcla entre Jane's Addiction y Edie Brickell & New Bohemians. No iba desencaminado César, el sonido de aquella panda de hippies era muy particular, muy personal, el sonido inevitablemente 90’s se recreaba en cierta locura rítmica (lo cual ya les distanciaba del resto de bandas del momento, mucho más pesadas) y en unos pasajes marcadamente 60’s. El video de No rain en todo caso no era fiel reflejo del conjunto del disco, no era una banda “happy-flower” precisamente, hay mucho dramatismo en sus canciones, Shannon conseguía dotarlas de un nivel interpretativo superlativo, y es que la personalidad de Hoon sobresale en cada recoveco de la obra. Una forma de cantar casi infantil, por la forma de jugar con la melodía,  y sin embargo con una fuerza y una intensidad poco habitual en alguien tan joven. Y es que a pesar de su aspecto tan jovial, tan hippy, los diablos se llevan siempre en el interior. Tan pronto como comenzaba con Soak de the sin Shannon ya se ha hecho cargo de todo. Tones of home suena igual que la primera vez, Time te agarra de las entrañas ("...and it's time to go..." esa letra... siempre he creído que esa canción sería mi elección en mi propio funeral), Change mantiene la misma frescura… “I’m only want to be sixteen… and free”. Esa fuerza y esa dulzura en la música de Blind Melon personificada perfectamente por la complicada personalidad de Shannon nos atrapó a muchos al instante. Me hice fan desde la primera escucha, cómo negarse a algo así… 


Posteriormente vino “Soup”, que abría un maravilloso camino hacia sonidos igualmente excitantes, profundizando en un tamiz que bebía ahora más de Nueva Orleans que de Grateful Dead. Un disco soberbio, una banda sin techo, pero un líder a punto de estallar. Volvemos a los recuerdos. Un mediodía de finales de octubre en casa de mis padres sentado en el sillón de la izquierda de la tv, el programa musical diario de canal plus intercalaba los videos con las noticas. Salió de fondo el video de Galaxie y la chica anunciaba sin mayor emoción que el cantante de Blind Melon había aparecido muerto en su autobús de gira por una sobredosis. Desde entonces cada vez que veo esas tonalidades azules y rojas del video me envuelve la misma sensación de angustia que sentí aquel día. No podía ser, no podía ser… estaban en la rampa de salida de algo grande, estaban llamados a perdurar durante décadas… pero no. Shannon como tantas estrellas tenía como destino a brillar con la intensidad de lo fugaz, nos había hecho felices y se fue. Desde entonces somos muchos que lo recordamos continuamente, con profunda nostalgia y sentida admiración. Luego fue llegando material extra, algunos maravillosos como Nico, y otros maravillosos y extremadamente duros, como ese concierto de Woodstock, en la que Shannon parecía un ángel recién caído, ido, eléctrico, doliente, místico… Luego nos enteramos que ese día había recaído en su adicción tras tres meses intentando mantenerse limpio. Es duro pensar en cuánto talento se han llevado por delante las putas drogas.

 

Han pasado 20 años y Shannon sigue ahí, con nosotros, con esa sonrisa y esa vitalidad. Realmente nunca se ha ido. Hace unos días me encontré por casualidad el perfil de facebook de la madre de Shannon y desde entonces he dudado en saludarla. Quién sabe, algún día lo haga. Le daría las gracias por haber traído a Shannon al mundo e intentaría, posiblemente sin conseguirlo, explicarle qué tan importante ha sido su hijo, nacido en Lafayette, en la vida de un tipo del sur español.

  

1 comentario:

Jorge dijo...

Muy de acuerdo con todo. Sobretodo en el tema evolución. Ese cambio entre primer y segundo disco abrió tantos caminos que no pudimos disfrutar....