martes, 19 de diciembre de 2017

Episodio VIII. Los últimos Jedi: Reseña.


OJO... SPOILERS A TUTIPLÉN!

Mis primeros recuerdos relacionados a Star Wars (que entonces se llamaba “La guerra de las Galaxias”) se remontan a casi cuarenta años atrás, desde que fui a ver el Episodio IV con mis padres al cine y luego disfruté los numerosos cómics de las películas que me compraba compulsivamente entre los Don Mickey y los Mortadelo (en una época sin soportes digitales, tener un cómic en el que se “reproducían” todas aquellas maravillosas escenas era lo máximo por aquel entonces). Curiosamente no tengo recuerdo alguno de ver “El Imperio Contraataca”, aunque sí de “El retorno del Jedi”. Desde entonces mi fascinación por el universo Star Wars no disminuyó ni un ápice. Ahora todo dios parece ser un fan acérrimo, pero hasta que se estrenó el (terrorífico) Episodio I en el 2000, los fans enfermizos de la saga éramos catalogados como bichos raros, como freaks, para que nos entendamos. 

Estamos  en 2017, Disney se ha hecho con Lucas Film y la compañía del ratón ha echado el resto en el desarrollo de una nueva trilogía, asumiendo el enorme riesgo de darle continuidad a algo que se hizo hace décadas. El Episodio VII se acogió con mucho interés y la expectación por saber qué eran capaces de hacer con la historia (tras el lamentable fiasco de la segunda trilogía perpetrada por Lucas) fue enorme. Yo la disfruté, fui a verla al cine dos veces, tuve el enorme placer de llevar por primera vez a mi hija Lucía a ver una película de Star Wars (complicado explicar qué significó para mí algo aparentemente tan nimio). Sin embargo, el transcurrir del tiempo me dejó un poso extraño, como si las burbujas producidas por la excitación inicial hubieran ido deshaciéndose y por fin pudiera ver el cuadro como realmente es. Y la sensación es que el Episodio VII fue en cierta medida decepcionante, y por desgracia el recuerdo de un Harrison Ford acartonado corriendo por el Halcón Milenario es la primera imagen que me viene a la cabeza. La segunda es la inclusión de una enésima estrella de la muerte. Buenos momentos los hay sin duda (Rey es una gran personaje, el ser supremo mola, me gusta Keylo Ren, las batallas son cojonudas…), pero el regusto final es de ocasión perdida.

De esta forma, rebajada la expectación de encontrarnos con una nueva trilogía potente, y a pesar de un fantástico “Rogue one”, la forma de encarar este nuevo episodio era, sin duda, la menos excitante desde que salí sin entenderle una sola palabra a Jar Jar Binks. La idea de que volvieran a repetir los mismos patrones ya conocidos o la inclusión de un ridículo personaje en forma de ratón-cute como el Gru bebé de “Guardianes de la galaxia 2”… hacían que me temise lo peor: La magia se ha terminado por diluir, Disney ha terminado por convertir “Star Wars” en un proyecto de mercadotecnia… en definitiva, poco o nada podía (o quería) esperar. Así, que fui al cine con una falta de excitación inusual en mí. Y sin embargo…

Sin embargo “Episodio VIII. Los últimos Jedi” me ha parecido una continuación dignísima de la saga. Sin ser ni mucho menos perfecta, ha conjugado muchos de los elementos que hacen de Star Wars algo tan especial. De entrada, y aunque sigan apareciendo elementos de episodios anteriores, la sensación general es que trata de dar un paso adelante dejándolos atrás y adquiriendo personalidad propia (Keylo y Rey parecen darlo a entender tras la lucha, “dejemos atrás lo viejo”, repite Keylo continuamente). Los paralelismos con historias ya contadas son inevitables, y sin embargo los giros del guión consiguen que durante su extenso metraje uno no deje de estar enganchado a la historia que nos cuenta (salvo la evitable historia de Finn y su nueva amiga para buscar al decodificador, que en mi opinión es la trama menos interesante). Incluso cuando crees que todo ha terminado, hay un tramo final que eleva aún más el nivel. 

De entrada, un punto importante de la historia viene de la mano de unos de los temas mejor trabajados, que es el de Luke Skywalker. En el episodio anterior se intuía a un Jedi poderoso, el gran héroe… Parecía que el personaje interpretado por Mark Hamil había evolucionado en un súper caballero… y no. Luke siempre fue un tipo inseguro, noble pero inseguro. Y sí, Luke es un caballero poderoso, pero nunca consiguió tener la confianza que se le presupone a un integrante de su orden. En “Los últimos Jedi” nos muestra cómo a pesar de sus logros con la fuerza, derrotando al imperio (bueno, ya tú sabes…), ha sido incapaz de enseñar a su sobrino de la forma en que Keylo necesitaba, dejando que fuera arrastrado por el lado tenebroso e incluso teniendo un instante de debilidad en el que se plantea incluso matarlo, momento por el que se avergüenza llegando incluso a decidir abandonar la disciplina Jedi y exiliarse en una roca perdida entre océanos en el último planeta de la galaxia. Realmente bien conseguido, transmite sin ningún lugar a dudas que Luke sigue siendo Luke, con sus fuerzas y sus debilidades. Y no se ve acartonado como el Solo del VII, Hammil está brillante, sin duda. Y su relación con Rey lo demuestra, sobre todo cuando le muestra el sentido de la fuerza (sin mencionar, a dios gracias, a los jodidos midiclorianos) y luego le dice “¿lo has sentido? ¡Pues ya ves que la fuerza no es algo exclusivo de los Jedi!”), cargándose en unos segundos toda la aparatosa mística de la pretenciosa orden Jedi. Y reconozco que cuando aparece Yoda, el Yoda auténtico, el de la trilogía clásica (y no a esa pulga saltimbanqui digital tan irritante de ver), se me saltaron las lágrimas, fue como encontrarse con un familiar al que creías que ya no verías nunca, un acierto descomunal. 

En general las tramas encajan bien entre ellas. La batalla inicial me parece apabullante, de las mejores que se han visto, dramática, épica, trepidante… realmente espectacular, menuda forma de comenzar. Y a pesar de que por un momento tienes la sensación de que se van a repetir los patrones de “El imperio contraataca”, enseguida compruebas que no, que aquí el centro de la historia va a transcurrir en el espacio, en una batalla por acoso en el que los rebeldes sufren las de Caín para mantenerse a flote. Algunos han criticado con fiereza el tema de la falta de combustible… ¿de verdad? Es increíble comprobar la falta de cintura de algunos fans. La acción transcurre a partes iguales entre el viaje desesperado de Rey por convencer a Luke para que vuelva, el combate entre la Nueva orden y los rebeldes y la operación de búsqueda por parte de Finn de la persona que pueda acceder a los códigos del crucero que les está atacando, trama, como decía antes, que me parece de lejos la peor, la menos trabajada y por tanto menos creíble de todas. Comentar que el papel de Benicio del Toro es ridículo, que un actor de su talla haya sido tan desaprovechado (y de su estúpido tartamudeo mejor ni hablar) me parece uno de los peores puntos del film.

En todo caso el ritmo de la película no decae, al contrario, desemboca en varios momentos álgidos, como el momento en que Keylo lleva a Rey en presencia del Snoke, ¿quién puede quejarse de algo así? En todo caso de haberse quedado sin un personaje que prometía tanto… pero ¿de verdad puedes ponerles pega a toda esa escena? A mí me parece cojonuda. Y sí, Keylo no es el jodido Darth Vader, pero… ¿quién diablos en la historia de cine podría ponerse a la altura de Lord Vader? Keylo me parece un digno sucesor de los Skywalker, y si os fijáis, tiene el mismo comportamiento que aquel joven Anakin, presuntuoso, arrogante y tremendamente inseguro. Otro gran momento es en el que el personaje interpretado por Laura Dern arrasa con el carguero enemiga lanzándose contra ella activando el salto al hiperespacio, esos segundos de silencio (que sí, que ya sabemos que la falta de oxígeno en el espacio evita que las ondas se propaguen y por extensión impide que haya sonido, es decir, que se escuchen las explosiones, cansinos, que sois unos cansinos) me parecen espectaculares. Y por último la parte final en el planeta en el que se refugian desesperadamente los rebeldes es sublime. La aparición de Luke es de las que no se olvidan… ese encuentro fugaz entre los hermanos… ese guiño a C3P2… esa forma de salir a combate abierto contra toda la artillería de la Nueva Orden como lo que se espera de él, el último caballero Jedi, poderoso hasta límites desconocidos… es imposible no emocionarse con el combate de sables final y con la forma en que Luke se despide, a lo Obi Wan o el mismo Yoda. No me importaría ver a Luke en el episodio 9 como espíritu dándole las últimas lecciones como portadora de la fuerza.

No puedo evitar comentar que las repelentes criaturas que se cuelan en el metraje y en el propio Halcón Milenario son una mera molestia efímera sin ningún tipo de influencia en la historia y que el propio Chuwe se encarga de hacerlos desaparecer de escena de la mejor forma, es decir, de un guantazo.

Debería comentar sin duda las cosas que no me han gustado: de nuevo Finn me parece de lo peor de la nueva trilogía (en contraposición de Rey y Pou, que a cada momento van creciendo en la historia); la figura de Pharma, que no dice nada en ambas películas; el viaje de Leia por el espacio que no hay por dónde cogerlo; Chewbacca, que sin Han Solo no tiene ningún sentido que aparezca; la relación tan poco seria entre los dos subalternos de Snoke y que sorprendentemente se convierten en los responsables de toda la Nueva orden; de toda la parte del planeta de los mercenarios… pero, sin embargo, me parecen detalles sin importancia en un todo que me parece glorioso.

Queda por saber cómo concluirá Disney la trilogía, y por extensión, la saga de los Skywalker, pero en lo que a mí respecta, me han vuelto a subir al carro. Y como dice cierta serie de Netflix… HATERS, BACK OF!!

martes, 12 de diciembre de 2017

Redd Kross en Madrid: Looking for a visionary just exactly like you...


Lo del pasado jueves en Madrid fue realmente grande. Hubo cosas mejores que otras, desde luego, pero no tengo ninguna duda de que ha sido una de esas noches de las que me acordaré siempre. Como ya comenté hace unos días, la cita con los hermanos McDonald era la excusa perfecta para subir con toda la familia a la (siempre añorada) capital. Tras un día de bullicio y compras varias, cansado pero excitado, me fui dirección a Tirso de Molina para comenzar la noche de reencuentros con grandes amigos y una de las bandas de mi vida. Allí, y a efectos de anfitrión de la zona, me vi con mi querido Juanjo (Búnker Sónico) que nos llevó a un fantástico sitio de la Latina donde comenzaron a caer tanto las jarras de cerveza como los amigos que iban apareciendo. Tras el calentamiento oportuno nos dirigimos hacia la sala, una discoteca llamada "Medias Puri" que se estrenaba en la programación de conciertos, y realmente se notó que en este tipo de eventos están muy verdes. Un sitio que no deja de ser una discoteca, esto es, un sitio frío, que además de los habituales problemas con el guardarropa (vamos, que no había, imaginaos la gente con esos pesados abrigos en la mano todo el tiempo...), precios... un escenario cuyo techo se les quedaba bajísimo a los músicos y sobre todo, una ecualización que dejaba mucho que desear, ya que, en función de donde estuvieras, podías percibir una cosa u otra (en los laterales directamente no se escuchaban las voces).


Steven McDonald. Ídolo.
Pero, y a pesar de la sala, la velada fue absolutamente mágica. Los Bullet Proof Lovers salieron a escena como un vendaval. Ya me los habían recomendado y sonaron realmente bien. Durante su actuación el número de amigos a los que iba encontrándome iba en aumento, algunos a los que hacía muchos años que no veía (y con los que siempre coincidía en las primeras filas de mil conciertos), aquello era como una reunión familiar en toda regla, JF León o Héctor García Barnés pueden atestiguarlo. ¿Y los Redd Kross? Sonaron de maravilla, por supuesto. Es realmente increíble comprobar cómo unos tipos que ya pasaron los 50's transmiten esa sensación de locura juvenil, esa energía tan contagiosa... El set list es el único "pero" que le podríamos poner, pero ya íbamos sobre aviso, a nadie le cogió por sorpresa. 

Jeff y Steven están en muy buena forma, sin olvidar a un tremendo Jason Shapiro a la guitarra (realmente espectacular) y al "Melvins" Dale Crover a la batería. Y, como digo, incluir versiones y algún tema más oscuro de lo habitual, no evita que, con cada clásico que interpretasen, uno no tocase el cielo. Adoro sus discos desde "Third eye" y me han acompañado toda la vida. Además, "Researching thr blues" mantuvo el nivel superlativo de sus canciones y han conseguido formar una discografía imbatible. Encontrarte con aquellas viejas joyas de tu imaginario musical, de toda la vida era, como seguir encontrándote amigos en la sala... Verlos salir e iniciar el show con "Lady in the front row", ufff... Eso amigos, es la felicidad, el rock & roll como motor de tu vida, las canciones así son el auténtico combustible que te activa y te da energía cada día. "One chord progression", "Mess Around", "Pretty Please me" o su clásico "Annie's Gone"... "Uglier" o "Stay away from downton" de su último trabajo "Researching the blues"... forman parte indisoluble de mi vida, y sonaron como tenían que sonar, potentes, alegres, mágicas... Si los rostros de los McDonald reflejaba que se lo estaban pasando en grande, la mía cuando tocaron "Bubblegum factory" no lo debía parecer menos. No importa que al "Deuce" de KISS o al "Ann" de The Stooges... no les pillase el rollo, la velada fue absolutamente inmejorable. Y a pesar de que duró más de lo esperado a mí se me hizo cortísimo.

¿He dicho ya que fue una gran noche?




PD: Gracias a Juanjo Mellado por sus espectaculares fotos!



martes, 28 de noviembre de 2017

The Punisher: “Memento mori”, recuerda que morirás. Marvel en Netflix.


Para cualquier fan del comic, que haya tanta cantidad de material en la pantalla basado en ese maravillos e inabarcable universo debería ser una bendición. Nada más lejos de la realidad. Algo que hace poco más de una década prometía, y mucho, ha terminado convirtiéndose en una salida recurrente para los blockbusters más aparatosos y vacíos con los que la industria estadounidense inunda las salas de medio planeta, aquellos proyectos que responden más a intereses mercadotécnicos (es decir, básicamente a hacer dinero) que a hacer CINE, aunque parezca una contradicción. Mala cosa cuando los proyectos se desarrollan más en los despachos de los ejecutivos que en los de los directores y guionistas. Quitando el Batman de Nolan, las producciones de superhéroes de un mínimo de calidad pueden contarse con los dedos de media mano. Las primeras de Iron Man ó Thor parecían entrever un camino digno, grandes historias llevadas con cautela sin que fueran absorbidas por los fastos de la grandilocuencia digital ni el vacío argumental. Pero poca cosa si comparamos la ingente cantidad de material que se estrena anualmente desde hace más de una década. La interminable serie de los X-Men (qué forma de acabar con el misticismo de esos personajes), la bochornosa recreación de los 4 Fantásticos, los interminables re-boots de Spiderman o Superman… o el vacío más absoluto de los Vengadores… hace que uno ya haya perdido en gran parte la esperanza en estos productos. De hecho, la esperada “La liga de la Justicia”, está siendo vapuleada por la crítica por ser justamente un barbiturrillo de idas, directores, guiones e intereses mercadotécnicos en el que se difuminan historia y personajes.

Es entonces cuando aparece Netflix y nos da un par de alegrías. Y es que el canal de televisión hace años apostó por lo que esas historias, esos personajes y sobre todo, ese público (un público más maduro y cultivado en el cómic) estaban pidiendo. No nos engañaremos, el resultado hasta la fecha ha sido desigual, pero el nivel es alto y sobre todo la premisa es a priori la misma, construir un universo consistente, de calidad y sobre todo respetando al público, respeto que se traduce en presentar algo más que un producto de usar y tirar.

Su colección de series del universo Marvel comenzó con una brillante recreación de Daredevil, su primera temporada fue una maravilla, más cercana al cine negro que al de superhéroes, marcando un antes y un después para muchos de nosotros y comprobando, por fin, que era posible disfrutar de un universo de comics en pantalla a la altura del impreso. Gran historia, grandes interpretaciones (Charlie Cox como Matt Murdock/Daredevil y especialmente un fantástico Vincent D'Onofrio como Wilson Fisk) y una ambientación trabajada dan como resultado una primera temporada apabullante. Quizá el empecinamiento de la cadena en crear un universo estrechamente relacionado entre todas sus creaciones haya pecado de excesivo, pero no seré yo quien se queje. A continuación vino “Jessica Jones”, que mantuvo sin duda el nivel de su predecesora, menos oscura pero con grandes momentos, sin duda (cómo olvidar ese Killgrave maravillosamente interpretado por David Tennant). La segunda temporada de “Daredevil” consiguió incluso subir el nivel, igualmente oscura e intensa pero a la vez con más acción. Además, a medida que se emitía cada nueva temporada se iban introduciendo personajes y tramas que evidenciaban que tarde o temprano confluirían en un mismo punto (“The Defenders”) o tangencialmente (The Punisher en la segunda temporada del diablo rojo de Hell’s Kitchen). Más tarde llegaría Luke Cage, que bajaría considerablemente el nivel pese a una espectacular facturación (esos bares, esas actuaciones de colosos del soul, esa ambientación tan de cine negro…), y el nivel tocó fondo con un innecesario Iron Fist, posiblemente el superhéroe más inútil y con menos carisma de la historia. Con la serie conjunta “The Defenders” mejoraron algo el nivel pero también tocaron hueso, daba la sensación de que la fórmula se agotaba, demasiado metraje en tan poco tiempo.


La diosa Jones aparecía actuando en Luke Cage.
Y sin embargo con The Punisher, la productora consigue de alguna forma reinventarse un poco al salir de esas tramas (Pelear siempre contra esa “La mano” ya cansaba), de una acción basada en saltos, katanas y artes marciales (ver pelear a Iron Fist daba vergüenza ajena, la verdad). The Punisher es otra cosa. Como digo, a Frank Castle lo sitúan en otro ámbito, en una guerra del personaje contra una trama gubernamental y sobre todo contra sí mismo, esa tortura por haber provocado la muerte de sus seres queridos y por ser sabedor de aquello en lo que se ha convertido, una máquina de matar que disfruta de lo que hace pese a que a la vez lo consume por dentro. Aquí no hay enemigos atávicos ni templos budistas en universos paralelos, aquí el enemigo es la avaricia que corrompe todo lo que toca, es la corrupción de los altos cargos. Es de hecho, una temporada con más violencia que en las anteriores. Si Daredevil discutía con The Punisher en su segunda temporada sobre la violencia, aquí Castle demuestra que no cabe la compasión con el que no la merece. Pero no os equivoquéis, no es una serie de mamporros, la serie sabe perfectamente orquestar una historia bien hilada, que va de menos a más y que muestra cómo el gran patriota que se cree Frank Castle comienza a entender (o a entender que no entiende nada) la absurda maquinaria de su propio país. Enorme momento en el que un Castle en mitad de una misión en Afganistán suena “I wish it was true” de The White Buffalo:

Country, I was a solider for you, 
I did what you asked me to, 
It was wrong and you knew
Country, now I’m just a stranger to you
A number, a name it’s true
Throw me away when you’re through
Home of the brave and the free, the red white and blue
But I wish it was true

En general el nivel es alto, como decía, la serie va de menos a más, y aunque no llega al nivel de Daredevil, tanto la trama como los personajes encajan. Y sí, a Castle le falta un poco del humor negro del comic y su dicción a veces parece la del “mejor” Stallone, pero a Jon Bernthal se le reconoce que encaja a la perfección, además del resto del cast ralla a gran altura, sin olvidar a Kelli Barrett, interpretando a la mujer de Castle… ¿la criatura más terriblemente hermosa que haya salido en la televisión? Posiblemente.

Es imposible no enamorarse de ella en The Punisher...
Para el próximo 2018, se esperan la tercera de Daredevil y las segundas de Jessica Jones y de Luke Cage. También se ha anunciado una ¿segunda temporada? para Iron Fist pero aún no tiene fecha de estreno. En cualquier caso, el nivel ha sido más que notable en general y yo siempre estaré encantado de todo el material que Netflix tenga a bien seguir produciendo y darnos horas de entretenimiento. 

Piensa que la vida son dos días. “Memento mori”, recuerda que morirás. Disfruta todo lo que puedas.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Redd Kross: Toda una vida de color, melodías y diversión pop.


Corría allá el año 1993 o así y me encontré, en mi cita mensual con el Popular 1, una entrevista a unos tipos desaliñados a los que se les había estado fotografiando por las calles de Barcelona. Recuerdo una de las fotos en las que uno de ellos, en primer plano, se subía la camiseta hasta el cuello enseñando el pecho, dando una imagen de gente desinhibida y desenfadada. Uno de los titulares decía que Barcelona les encantaba a los integrantes de la banda (¿a quién no?) y que estaban pensando realmente en mudarse allí. Lo cierto es que me interesaron cero. De esos años, de la vorágine tan brutal que supuso aquella época en cuanto a bandas y a discos de nivel estratosférico, Redd Kross no me interesaron lo más mínimo en un principio. No tenían nada que ver, según comentaban los redactores, con los sonidos que estaban de moda entonces y que copaban nuestra atención. Además, ellos hablaban de bandas y estilos que me eran muy ajenos y, como no había forma de escucharlos, simplemente no les hice ningún caso. 

Pasó mucho, mucho tiempo hasta que, ya viviendo en Madrid en el 98 ó 99, que decidí echarles una oreja. Para los que no vivieron la época pre-internet esto debe sonar arcaico, pero así era. Si no tenías quién te grabase una cinta de algún grupo o artista, tocaba pasar por caja, algo que, para según qué bolsillos era complicado. Además… si los discos del grupo al que quieres escuchar tenían sus discos descatalogados, ya todo se complicaba. Por aquel entonces ya había leído más sobre ellos y mi interés sobre cómo sonaban esos Redd Kross había crecido. Era ya mucha gente alabando las maravillosas canciones y melodías que la banda de los hermanos McDonald llevaban años facturando. Se reseñaban igualmente sus conciertos, maravillosos, auténticas orgías de energía y desenfreno juvenil. Me encontré por fin con una edición japonesa del “Third Eye” en la añorada tienda Rock N’ Roll Circus que había detrás de Callao. Me costó unas 6.000 pesetas, una locura para mi exiguo presupuesto, pero… bendita locura. Me lo llevé como lo que era, un tesoro largamente buscado. Era una edición muy freak, claro… todo en japonés, lo que hacía ese diseño tan vistoso aún más excéntrico (ya sabréis la historia, la chica que sale desnuda solo con un antifaz en la portada era Sofia Coppola). Me faltó tiempo para llegar a mi casa y tirarme a la cama y escucharlo a todo trapo… Si comienza “The Faith Healer” y no caes rendido… tienes un problema gordo de atención y/o de gusto… Si con “Annie’s Gone” no te hierve la sangre y te entran ganas de llenarte de purpurina y comenzar a bailar… “I don’t know how to be your friend” es maravillosa, “Bubblegum Factory” es MAGIA, ¿quién puede resistirse a esas melodías, a esos coros? “Take me on a tour of the bubblegum factory, I want to see where love is made, Take me on a tour of the bubblegum factory, I wanna hear those records play “… una canción que podría estar escuchando una y otra vez sin parar de flotar. No me podía creer lo que estaba escuchando, estaba en una nube… Melodías gloriosas, sonido contagioso, energía a raudales… todo lo que había leído de ellos se había quedado corto. Hay muchas bandas de las que lees y luego no te dicen nada (podría hacer una lista muy extensa), pero Red Kross entraron a formar parte enseguida de ese grupo de formaciones que te acompañarán el resto de tus días, canciones que seguirán sonando con la misma frescura que el primer día. Recuerdo ponérselo a mi hermano mayor y que me contestara con un arrogante e innecesario: “son horribles, son una broma pesada que el Popu os ha gastado”, como si fuéramos una panda de tipos sin criterio que siguiéramos al líder que  nos indicase qué y qué no debía gustarnos… y sobre todo, dando a entender que Redd Kross son una basura. Increíble pero cierto. Creo que fue la última vez que le puse música a mi hermano. Desde entonces mis colegas y yo hablamos de Redd Kross con la coletilla “la broma pesada del popu” como homenaje a aquel descacharrante comentario. Por cierto, esa copia se la dejé a una ex-amiga junto a uno de los Killer Barbies más el “A nod…” de The Faces y la muy inútil se los olvidó entre las cosas que dejó en su despacho cuando cambió de trabajo. Sin comentarios. 

Al poco tiempo en una cubeta de esas en las que hay discos medio rotos me encontré con “Phaseshifter”, la caja destrozada y el libreto dañado, pero el cd intacto. Qué gran disco, por dios!!! Como había perdido “Third eye”, “Phaseshifter” se convirtió en uno de mis discos de cabecera durante años. Mucho más enérgico que el anterior, sin la teclista el sonido se endurece, las guitarras suenan más fuertes, pero todo sigue girando alrededor de las melodías. Igualmente, ¿quién diablos puede resistirse a cosas como “Monolith”? ¿”Crazy world” no es un trallazo incontestable? “Visionary”, “Only a girl”… imposible quedarme sólo con alguna… son parte de mi vida. “I'm looking for a visionary, because I guess I want somebody, we all need somebody, looking for a visionary, and that saviour is you", he cantado ese estribillo hasta la saciedad…

“Show World” ya me lo pude comprar como dios manda (y una reedición normal de “Third eye”) y esos tres discos han sido parte fundamental de la banda sonora de mi vida. Y aunque 2012 ya parezca alejado en el tiempo, más tiempo nos pareció el que se tomaron para grabar “Researching the blues”, otro disco ENORME de los hermanos McDonald… con el regalo además de que al poco tiempo puede cumplir uno de mis sueños que fue verlos en directo, en el Freek Fest, apenas una hora en un entorno idílico. Qué maravilla, ese recuerdo y esa hora me la llevaré a la tumba como uno de esos momentos en los que agradeces haber nacido.

Pero lo mejor está por llegar, la noticia de la gira Redd Kross por nuestro país en diciembre es una de las grandes noticias musicales de este curso (y vive dios que hay muchas), así que la familia Stone al completo se ha organizado ya el viaje a la capital del reino para disfrutar de una de las bandas de mi vida y, si nada se tuerce, conocerlos y entrevistarlos, pero sobre todo, poder decirles que gracias, gracias por haber hecho mucho mejor mi vida. 





PLAY LIST REDD KROSS DE JAVISTONE

martes, 14 de noviembre de 2017

...y esto se acabó, amigos.


Ahora que este viaje va terminando creo que es el momento indicado para sentarnos a hablar de él. Hasta ahora, todo mi discurso ha versado sobre el proceso en sí, el cómo se intentaba llegar a ese punto. Ahora, ese punto ya queda atrás, y son la experiencia y la distancia quienes hablan.

Ha sido un viaje intenso, extraño, liberador. Nadie me pidió que lo hiciera, y nadie me dijo lo contrario, muchos me escuchaban como el loco que quiere atravesar el mar con una barca a remos, simplemente decidí hacerlo y montar toda una película a su alrededor. Película que terminó con su presentación rodeado de amigos, de los de verdad, de los que siempre están ahí pase lo que pase. De esos que están cuando sufres pero también cuando quieres contar algo. De esos en los que veías en sus ojos el brillo del orgullo y satisfacción de que su amigo o su hijo o su primo… estuviera allí delante, en un precioso patio andaluz rodeado de historia y enredaderas, reuniéndolos a todos para dar su pequeño aporte al mundo, un mundo que rara vez se para a escuchar, pero que ese día, sin duda, lo hizo.

"Javistone, Diez años de Blog & Rock", el proyecto, se inició como homenaje al blog y a todo lo que ha representado para el que suscribe. Diversión, intensidad y sobre todo una ventana al mundo donde antes no había nada. Algo que terminó convirtiéndose en algo más, una especie de ser independiente que cobró vida propia y a través suya empujó a su propio creador, enfrentándole a decenas de momentos en los que estuvo a punto de tirar la toalla. Y a momentos en los que apenas se reconocía a sí mismo consiguiendo ir mucho más lejos de lo que habría llegado a imaginar.

A finales de año y con una segunda edición en marcha en forma de pequeña tirada extra, puedo afirmar que ha sido un viaje maravilloso, en el que hay tantos momentos grabados a fuego que no sabría por dónde comenzar. Desde maquetar y maquetar con mi hija de dos años sentada en mi regazo como si desde su fuero interno hubiese querido observar ese lento y mágico proceso; el momento en que abrí las cajas con lágrimas en los ojos de emoción; las palabras con las que mi buen amigo Miguel me presentó aquella tarde; el tacto de cada página al pasarla y verme a mí mismo en ellas; la sensación de haber sido capaz de llevar adelante esta bendita locura sin más ánimo que el amor al arte; ver a Julio y Búho en escena simplemente por amistad; la cara de admiración de Lucía al sentarse a mi lado en la firma de ejemplares… y sobre todo, el orgullo de haber hecho lo que quería, tener un libro, mi libro.


Gracias a todos.